Actualizado: 23/06/2024 21:59
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'Batalla en el cielo': batalla en Los Ángeles

Si el fracaso de cualquier revolución moderna se mide por el éxito de la norteamericana, en el caso de México la proximidad hiperboliza sus fallas.

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¡Qué se vayan! (…pero que manden dolaritos).

Una novela rosa, Amistades funestas, escrita hace ciento y pico de años por encargo de una revista de modas, sirvió a José Martí, oculto en el seudónimo Adelaida Ral, para dar la siguiente descripción de una idealizada urbe nuestroamericana:

"…y los pobres indios que la cruzan [la calle de la Victoria] a veces, parecen gusanos prendidos a trechos de una guirnalda".

Un lector posmoderno podría sustituir "la calle de la Victoria" del pasaje martiano por cualquier otra "locación" equivalente —la frontera, el río, la valla— y convertir el inocente cruce de la vía pública en transgresión territorial cargada de connotaciones políticas.

Hasta el momento, el epíteto "gusano" no ha sido aprobado más que para uso de emergencia en el caso del inmigrante cubano que escapa de la revolución socialista de 1959. El vocablo, sin embargo, tiene su origen en el Ungeziefer de las arengas goebbelianas: desde el repertorio clásico de invectivas antisemitas pasó a la literatura ( Ungeziefer reaparece en La metamorfosis, de Franz Kafka, 1922) y luego al lexicón oficial de la moderna cultura neofascista. (Los tres integrantes del equipo performático chicano Culture Clash, al ser interrumpidos por un aplauso que coincidió con la mención de los cubanos exiliados durante la función de clausura del Primer Festival Internacional de Teatro Latino de Los Ángeles, en el año 2001, lo lanzaron al público, fuera de libreto: "¡Parece que tenemos un 'gusano' en la sala!").

Los "gusanos" martianos, metamorfoseados por el lector posmoderno en emigrantes que cruzan la calle "Victoria" de la frontera, arriban a Estados Unidos catapultados por resortes de exclusión histórica y de segregación racial puestos en marcha durante otra revolución fallida —modelo, hasta el advenimiento de la cubana, de todas las revoluciones nuestroamericanas en la imaginería anglosajona: la revolución mexicana—.

El indio —lo mismo que su homólogo, el "gusano" cubano— es un exiliado político empujado al destierro por una revolución fracasada. El destierro del indio es, a un tiempo, el efecto retardado de una mala reforma agraria, y la causa de otra: este agrarismo sui géneris toma la forma de una nueva invasión azteca y es producto del destierro forzoso al que lo empuja el fracaso sostenido de la revolución mexicana. En términos de realpolitik, —y aun cuando en los censos oficiales de ambas orillas se lo haga figurar técnicamente como "bracero", "trabajador migratorio" o "trashumante"—, el indio sigue siendo negociado, imaginado y explotado, en tanto que "gusano".

Tanto el discurso migratorio al uso, como el de los intelectuales marxistas o de izquierda, insisten en despolitizar los "motivos económicos" de la emigración mexicana. De esta manera se ha logrado escamotear al indio su estatus real. Tal ha sido también, en esencia, la doctrina migratoria foxista, coincidente punto por punto, con el discurso migratorio castrista.

Castro, en conversación con los secuestradores de una lancha, en el documental Looking for Fidel, de Oliver Stone, explica: "Ustedes no son de esos mal llamados disidentes. Ustedes sólo pretendían enviar unos dolaritos a sus familias…".

Y Vicente Fox, entrevistado por Jim Leher en el programa NewsHour, resta importancia política a la emigración y rebaja las sumas de las remesas: "¡Claro que damos la bienvenida a las remesas! Es importante que recibamos esos dolaritos, cien o doscientos dolaritos al mes…".


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