Actualizado: 05/06/2020 14:47
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Con patria pero sin amo

¿A qué Martí debemos acudir para justificar la represión? ¿Al construido por Castro y explicado por Vitier y Retamar?

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El título de este artículo sale de los versos sencillos escritos y publicados por José Martí en 1891. Por aquella época vivía como exiliado en Nueva York debido a sus actividades a favor de la independencia de Cuba: "Yo quiero, cuando me muera, / Sin patria, pero sin amo, / Tener en mi losa un ramo / De flores, —¡y una bandera!".

Al retocarlos y citarlos literalmente me meto en un problema que va más allá de mi biografía personal y política. El poeta de estos Versos sencillos es el capital simbólico más fuerte del cual se valen varios grupos en pugna: el gobierno actual de mi país, al cual me opongo, y el de la disidencia y el exilio, de los cuales formo parte.

Me explico. Desde 1953, Castro viene repitiendo que el autor intelectual de su revolución es Martí. Dos prominentes intelectuales, Cintio Vitier y Roberto Fernández Retamar, por ejemplo, han elaborado ensayos para legitimar ese tipo de aserción política. Carlos Ripoll, Enrico Mario Santí y, recientemente, Rafael Rojas, desde la orilla de enfrente, cuestionan las lecturas de aquellos.

A través de Martí se discute la idea de Cuba como nación independiente y democrática. Un tema común logra producir fragmentos diversos y muy antagónicos a quienes nos llamamos cubanos de adentro y de fuera del archipiélago.

Sin polémica

Los debates no tienen lugar ni pueden tener lugar en el país reclamado, porque las autoridades sólo admiten la norma del partido único, la cual, según Castro y sus exegetas oficiales, es heredera excluyente del Partido Revolucionario Cubano fundado por Martí. El artículo cinco de la Constitución vigente (1992) señala:

"El Partido Comunista de Cuba, martiano y marxista-leninista, vanguardia organizada de la nación cubana, es la fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado, que organiza y orienta los esfuerzos comunes hacia los altos fines de la construcción del socialismo y el avance hacia la sociedad comunista".

A comienzos de los sesenta, existió una organización opositora, por consiguiente ilegal, llamada La Rosa Blanca, como la de los Versos sencillos: "Cultivo una rosa blanca, / En julio como en enero, / Para el amigo sincero / Que me da su mano franca / Y para el cruel que me arranca / El corazón con que vivo, / Cardo ni oruga cultivo: / Cultivo una rosa blanca". Durante los ochenta, conocí en la prisión al ingeniero Andrés Solares, condenado a ocho años de cárcel por tratar de crear una agrupación inspirada en las bases del Partido Revolucionario Cubano.

Por supuesto, la pugna no es por los versos. Sí puedo asegurar que casi todos mis compatriotas pueden recitarlos de memoria, en La Habana o Santiago de Cuba, Miami o Houston, Matanzas o Madrid. Constituyen el patrimonio común de los bandos en conflicto y el santo y seña de identidad del imaginario nacional de los de adentro y los de afuera.

Algunos de ellos los escuchamos en la canción cubana más famosa ( Guajira guantanamera), por Joseíto Fernández y Celia Cruz, muertos en La Habana y en Nueva Jersey, respectivamente.

Por desgracia, la voz de Celia está prohibida en Cuba. El periódico Granma, órgano oficial del Comité Central del Partido Comunista, admitió en su obituario que fue una "importante intérprete cubana" y añadió: "Durante las últimas cuatro décadas se mantuvo sistemáticamente activa en las campañas contra la revolución cubana generadas desde Estados Unidos, por lo que fue utilizada como ícono [sic] por el enclave contrarrevolucionario del Sur de la Florida".


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