Actualizado: 03/07/2020 15:57
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Con patria pero sin amo

¿A qué Martí debemos acudir para justificar la represión? ¿Al construido por Castro y explicado por Vitier y Retamar?

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Martiano y contrarrevolucionario
A estas alturas se habrá podido comprobar que también soy martiano, pero de la tendencia Celia Cruz, es decir, contrarrevolucionario. Al menos así pensaron los funcionarios de la policía secreta que me arrestaron y los cinco jueces que emitieron y fundamentaron la sentencia número diecinueve de 1982, causa sesenta y tres de 1981, por haber cometido, en opinión de ellos, propaganda enemiga. Fui juzgado en la Sala de Delitos contra la Seguridad del Estado del Tribunal Popular Provincial de Ciudad de La Habana. El documento me define en los siguientes términos:

"… elemento enemigo ideológicamente del Socialismo y del proceso revolucionario que vive nuestra patria… se dedicaba a escribir materiales de contenido contrarrevolucionario, vejaminosos y denigrantes contra figuras dirigentes del Estado y del Partido Comunista de Cuba, e incitan contra el orden social, la solidaridad internacional y el Estado Socialista… que le fueron ocupados en su domicilio el día 13 [en realidad el catorce] de octubre de mil novecientos ochenta y uno… que no se han probado otros hechos que, digo, ni que ocurrieran en forma distinta a lo narrado… Fallamos: Se sanciona al acusado…como autor de un delito de Propaganda Enemiga, a CINCO AÑOS de Privación de Libertad…".

Mientras redactaba el párrafo anterior me dije: "Bueno, quizás alguien se pregunte: '¿Y qué tiene que ver esto con Martí y el asunto del exilio?'". Mucho, respondo. El preámbulo de la Constitución cubana de 1976 contiene esta cita del poeta: "Yo quiero que la ley primera de nuestra república sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre".

En 1870 fue condenado a seis años de presidio, con trabajos forzados "por insulto a la escuadra de gestadores del batallón de Voluntarios primero de Ligeros" y "por sospechas de infidencia". Sabía lo que le esperaba: "Voy a una casa inmensa en que me han dicho que es la vida expirar". Una vez excarcelado anotó: "El presidio mata lentamente, mata todos los días, mata a pedazos…".

Yo, que estuve allí por cuatro y medio largos años, puedo atestiguar que Martí no exageró al expresarse de manera trágica. Pregunto: "¿A qué Martí debemos acudir para justificar mi condena?". Para mí la respuesta resulta evidente: al construido por Castro y explicado por Vitier y Fernández Retamar.

El insilio

Al ingresar a la prisión la persona entra en contacto con la primera forma de extrañamiento con respecto del país del cual ha sido expulsada. Unos pocos ensayistas han bautizado esa experiencia fabricando un neologismo, insilio, es decir, estar dentro del territorio pero en condición de excluido, perseguido, silenciado, encerrado, juzgado, demonizado, socialmente muerto. Jorge Valls, quien pasó veinte años y cuarenta días detrás de los barrotes, ha explicado esta siniestra variante:

"Era la república de los presos… Éramos trogloditas desnudos en una caverna del siglo XX… Los presos a los que se separa del mundo, crean una cultura para ellos mismos, desarrollan un punto de vista propio… fue como abandonarnos al poder del espejo: nos convertimos en nuestro propio punto de referencia sin saber si 'yo soy yo o soy el otro'. Pasamos esos siete años [de 1970 a 1977] en un lugar solitario, donde se nos aisló del resto del mundo excepto de nosotros mismos y de los guardianes" ( Veinte años y cuarenta días. Mi vida en una prisión cubana. Madrid: Ediciones Encuentro, 1988).

El aislamiento forzoso en el interior del propio país, crea y refuerza la idea de que en Cuba coexisten dos naciones, una oficial, que construye guarderías, escuelas, estadios deportivos, hospitales, corta cañas, baila, canta, produce azúcar, guerrilleros y gana medallas en los juegos olímpicos.

A su lado, aunque en la oscuridad y la mudez del insilio, se halla la oficiosa, saturada de cárceles y de campos de trabajo, donde se llevan a cabo ejecuciones mediante pelotones de fusilamiento, donde la gente construye balsas para fugarse por el Estrecho de la Florida o se esconde dentro de los trenes de aterrizaje de las aeronaves con el propósito de marcharse a velocidad supersónica, o se casa con turistas poniendo en práctica el internacionalismo erótico, o reuniéndose en grupos disidentes. Hay dos naciones, dos zonas de la realidad.

Granma no se entera de la otra, no quiere ni reconocerla ni hacerla pública, ni admitir la existencia obstinada de una otredad incómoda para el discurso del triunfalismo. Castro tiene muchos simpatizantes y militantes fuera de Cuba, incluso en la academia norteamericana, siempre prestos a denunciar al imperialismo norteamericano, a los "insiliados" y a los exiliados cubanos.

Aparte de presentarnos como lacayos de Washington nos niegan el agua, la luz y la condición de diáspora que rápidamente utilizan sólo para las víctimas de dictaduras de derecha. Al respecto, José Kozer ha declarado:

"Nosotros como cubanos de fuera…, hemos tenido que estar a la defensiva muchísimo tiempo. Ésa es una categoría. Yo nunca estuve a la defensiva, pero participé de un exilio donde fui el gusano, el sicario, el de derecha, bueno, todas esas categorías que nos embutieron, madre mía y su madre a los que nos las embutieron… ( Una Cuba: cinco voces. Buenos Aires, Argentina: Tsé Tsé y Centro Cultural de España en Bs.As., 2005).