Actualizado: 13/07/2020 12:18
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Con patria pero sin amo

¿A qué Martí debemos acudir para justificar la represión? ¿Al construido por Castro y explicado por Vitier y Retamar?

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Una idéntica infamia

Obviamente, Kozer está indignado y de ahí el exabrupto en la parte final de su declaración. Está reaccionando contra una discriminación implacable, practicada desde hace casi media centuria y por el hecho de que él y tantos más proceden de un lugar donde, supuestamente, ejerce su poderío una "dictadura del proletariado".

Algunos "pichones de tirano", otra frase de Kozer en el texto, para mostrar posturas izquierdistas se dedican a injuriar a los cubanos de afuera y meterlos a todos dentro de un mismo saco asfixiante. Además de hacer un papelazo cometen un crimen inexcusable.

El narrador húngaro Imre Kertész, Premio Nobel de Literatura en 2002, quien estuvo preso en los campos de concentración nazi y vivió la experiencia del comunismo, ha dado sus opiniones sobre esta manipulación de los sufrimientos bajo sistemas represivos de diferentes pelajes políticos:

"¿Estamos tasando si la ración de pan era más pequeña en Ravenbrück o en algún campo del Gulag? ¿Si los expertos en sadismo entendían más de tortura en la Casa de la Gestapo de Prinz Regentenstrase o en la cárcel Lubianska de Moscú? Sería una conversación demasiado triste y al mismo tiempo totalmente infructuosa".

En el verano de 1987 tuve en La Habana una interesante y aleccionadora conversación con el desaparecido periodista y escritor argentino Jacobo Timerman, ex preso de las juntas militares. Escuché con pavor y rabia su terrible relato. Le conté el mío. Una vez que terminé dijo: "Nada, Rafael, no hay distinciones entre la policía que trabaja para una dictadura de derecha y la que lo hace para otra de izquierda. No se trata de profesiones distintas, sino de una idéntica infamia en ambos casos".

Sin embargo, desde que salí de Cuba en 1988 no me he topado con interlocutores como él, lo cual agrava mi condición de exiliado, pues la mayoría se resiste a creer los testimonios que doy. Enseguida me repiten los cuentos del deporte, la salud pública, la educación y el inminente desembarco de tropas yanquis.

Yo les replico apelando a ciertas interrogantes: "¿y el desayuno y el almuerzo y la comida? ¿Y la imposibilidad de fundar partidos de oposición?; ¿y la ausencia de medios de comunicación independientes?; ¿y la carencia de empresas privadas que impide la independencia económica del ciudadano frente al Estado?; ¿y la potestad que se da el gobierno para decidir qué cubano sale de o entra a Cuba?".

¿Agradecer al victimario?

Me he aburrido de esas conversaciones y polémicas tanto como se decepcionó Martí ante la falta de apoyo a los esfuerzos independentistas de los cubanos en el siglo XIX, por parte de la mayoría de los gobiernos hispanoamericanos y del norteamericano. Casi nadie quiso ni quiere escucharnos. Pocos son los latinoamericanos y europeos occidentales que reciben sin sospecha ni mala fe a los disidentes de Cuba.

Hasta he escuchado el siguiente consuelo: "Bueno, por lo menos estás vivo y saludable a pesar de la prisión. Además, ahora tienes un empleo universitario". ¿Se imaginan que alguien le hubiera dicho tamaña insensatez y estupidez a Castro después de ser excarcelado por Batista? ¿Cómo se habrían sentido los sobrevivientes de la Gestapo, de la KGB, de los Somoza, de Pinochet, de Mao, de Pol Pot, de Ceausescu, de Jaruzelski, de Duvalier, padre e hijo, de Trujillo y de Franco? ¿Puede alguien concebir cómo habría reaccionado Martí ante un comentario de tal naturaleza?