Actualizado: 15/11/2019 19:53
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Cuba, Generación

Cuba en dos generaciones (II)

Segunda y última parte del artículo

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Tomaremos para este breve análisis dos generaciones de cubanos, pero separadas ambas en el tiempo por algo así como 60 años (quedan fuera del estudio, aproximadamente, tres generaciones intermedias):

1- La generación actual, o sea, los nacidos de 1995 a la fecha, una especie de generación Z pero con un nativismo digitálico muy desigual y bastante distorsionado debido a las bien conocidas políticas anti-Internet y anti-tecnología del Gobierno cubano. Los paradigmas internos de esta generación son difusos (por lo menos hasta donde el autor de este ensayo alcanza a ver) y no suele estar el concepto “patria”, ni el concepto “martiano” representado (lo repudian más bien) en ellos: reguetoneros, cantantes de música urbana dura (una forma de decir grosera, chusma, porno), góticos, emos, algún que otro deportista (muy pocos), modelos y marcas de zapatos tennis y de jeans extranjeros, aparatos tecnológicos de comunicación (iPhones, tabletas, móviles de todo tipo, consolas de juegos), sexo indiscriminado y promiscuo como fuente de ingresos y mucho, mucho entretenimiento, aunque sea insustancial y carente de valores. Por otro lado, mirando hacia afuera, un trío de paradigmas externos muy bien definidos: el fula, la yuma y el no creer prácticamente en nada que huela a ideología, historia o política, incluyendo en eso a José Martí y a los patriotas del panteón habitualmente reconocido.

Hay excepciones, siempre las hay, pero en general es una generación en fuga, bastante anodina, perpleja, atarantada, contradictoria, soez, mal hablada y no muy proclive (aunque con el tiempo evoluciona) al trabajo duro y al estudio profundo. Si el autor de estas líneas pudiera darle un nombre le daría el de Generación Abandonada. Abandonada por los (que mandan) de allá y por los (que dicen orientar) de aquí.

(NOTA: Estamos definiendo esta generación con los adjetivos que habitualmente escuchamos acerca de ella, lo que no significa que estemos de acuerdo con todos, pero eso sería motivo de otro ensayo.)

2- La que Fidel Castro (hubo algunos precedentes y acompañantes en la idea) denominó Generación del Centenario, o sea, los que nacieron alrededor de 1920-1935 y que hicieron su eclosión política y social después de 1945 y hasta finales del decenio de los años 50, coincidiendo con el centenario del nacimiento de José Martí (1853-1895). Y aquí nos encontramos con el primer problema clasificatorio psicológico, que no estadístico: se nos hizo creer, se nos metió en la cabeza a los nacidos en Cuba (y cuesta trabajo sacarlo de allí aunque se viva en Miami o en Estrasburgo), que esa generación estaba conformada solo por los “patriotas” muertos (denominados habitualmente como mártires) o a los que seguían (mientras siguieran) al lado del Comandante en Jefe. Pero eso, repetimos, es una distorsión psicológica, porque estadísticamente todos los nacidos en Cuba en esas fechas pertenecen, por derecho, y aunque no quieran, a esa generación, por lo menos, en tanto aparezca otra forma de nombrarla (que sepamos nadie lo ha intentado seriamente).

Para decirlo con propiedad y con ejemplos: los comandantes guerrilleros Camilo Cienfuegos Gorriarán (nacido en 1932) y Manuel Piñeiro Losada alias Barbarroja (nacido en 1933) son tan miembros de esa generación como Luis Posada Carriles alias Bamby (nacido en 1928) o el general del ejército norteamericano y segundo jefe de la Brigada 2506 Erneido Oliva González (nacido en 1932). Fidel Castro Ruz (nacido en agosto de 1926) lo es, y Orlando Bosch Avila (nacido en agosto de 1926 igual que Castro) también lo es. De hecho, dos años es poco tiempo, y por tanto lo es Rolando Masferrer Rojas (nacido en 1918) y también lo es el comandante guerrillero Huber Matos Benítez (nacido en 1918). Lo es el general del ejército constitucional Carlos Tabernilla Palmero (nacido en 1921) y lo es también la guerrillera Celia Sánchez Manduley (nacida en 1920). Lo eran también la asaltante al Moncada y guerrillera Haydee Santamaría Cuadrado (nacida en 1923) y el general del ejército constitucional Roberto Fernández Miranda (nacido en 1922). Y lo fueron, como no, el jefe de acción y sabotaje del Movimiento 26 de julio Frank País García (nacido en 1934), el asaltante de Radio Reloj José (Joe) Westbrook Rosales (nacido en 1937), el combatiente de la Segunda Guerra Mundial y expedicionario del Corynthia Calixto Sánchez White (nacido en 1924) y el presidente de la FEU y jefe del Directorio Revolucionario José Antonio Echeverría Bianchi (nacido en 1932), los cuatro muertos (mártires) antes del triunfo de Fidel Castro, como lo fueron (lo es uno de ellos todavía) el comandante guerrillero Rolando Cúbela Secades, luego AM/LASH para la CIA (nacido en 1932), el comandante guerrillero Eloy Gutiérrez Menoyo (nacido en 1934), el dirigente del Movimiento 26 de Julio y luego preso político Pedro Luis Boitel (nacido en 1931) y el general de división y héroe de la República de Cuba (degradado posteriormente) Arnaldo Ochoa Sánchez (nacido en 1930), que sobrevivieron al primero de enero del 59 y siguieron luego destinos primero heroicos y más tarde complicados y/o trágicos. Los paradigmas internos de estos hombres fueron, para todos, la “patria” y “José Martí”, para algunos la revolución y para otros la fidelidad a Fulgencio Batista o, como lo explicaban ellos, a la República y la Constitución del 40. Los paradigmas externos siguieron siendo la “patria”, “José Martí” y para algunos, cierta fidelidad a potencias extranjeras como la Unión Soviética (ahora Rusia) o Estados Unidos de Norteamérica, una fidelidad que puede definirse como circunstancial pero que incluyó acciones militares y actos violentos de todo tipo (el ser terrorista, algo que nos parece increíble hoy, era un timbre de orgullo para muchos de esos hombres), incluso (casi siempre) contra sus propios conciudadanos.

(NOTA: En los ejemplos anteriores se nota la ausencia de oficiales de la policía de Batista muy activos en la represión, y de miembros del Partido Socialista Popular, muy activos en la consolidación de los servicios represivos y de inteligencia del gobierno de Castro. Nuestro criterio es que pertenecieron, en general, a una generación inmediatamente anterior —por eso decidimos no utilizarlos en el ensayo—, pero es cierto que en ocasiones estuvieron muy cerca de la generación estudiada: ejemplos: El coronel Esteban Ventura Novo nació en 1913 y el general Rafael Salas Cañizares también nació en 1913. El oficial del KGB (¿coronel, general?) y fundador de la Seguridad del Estado de Castro, Osvaldo Sánchez Cabrera nació en 1912 y Cesar Escalante Dellundé, también fundador de la misma Seguridad del Estado nació en 1915.)

Una vez definidas (muy grosso modo) ambas generaciones, lo que nos queda es comparar ambas, desde el punto de vista de la tasa de letalidad.

La generación cubana actual, la Abandonada, como hemos dado en llamarla aquí, tiene, casi seguramente, todos los defectos que hemos mencionado antes (carece de modales, come feo y mal, es discordante, etc., etc.), en fin, para complacer a todos —a la mayoría—, es un desastre, pero… ¿es violenta?, ¿es esencialmente terrorista?, ¿es letal? No lo creemos. Claro que las circunstancias pueden cambiar, de hecho las circunstancias a veces obligan —inclinan más bien, como los astros—, pero hasta el momento no hay pruebas de que lo sean. Es más, una de las acusaciones más frecuentes que se le hacen es la de pasividad ante el castrismo. Fuera de la delincuencia común, y ni tan siquiera en eso son particularmente violentos (compáresele con el sicariato mexicano y colombiano o con el accionar cada vez más frecuente de la policía norteamericana, por poner tres ejemplos) no hay noticias ni nombres de violentos conocidos entre ellos, y si hay alguno es una de esas excepciones que confirma la regla.

¿Y la del Centenario?

He meditado largamente la respuesta y no vislumbro otra que no sea esta: esa generación, que denominamos del Centenario, a falta de otro nombre, resultó ser, tanto en la vertiente republicana tradicional, como en la revolucionaria, como luego en la contrarrevolucionaria, marcadamente violenta, con una tendencia demostrable hacia la práctica de la represión y el terrorismo, sea personal, institucional o de estado, y con una tasa de letalidad evidentemente alta, es más, muy alta.

Hagámonos dos preguntas:

  1. ¿Podemos señalar con nombres y apellidos mil (1000) jóvenes de la generación Abandonada, que sean notorios represores, terroristas y criminales?
  2. ¿Podemos señalar con nombres y apellidos mil (1000) miembros de la generación del Centenario que hayan sido (algunos quizás todavía lo son) notorios represores, terroristas y criminales?

En la primera no se me ocurre ni uno. Debe haberlo, pero no se me ocurre (espero que los lectores ayuden). En la segunda no se me ocurren mil, sino dos mil o tres mil, o más, algo así como una pequeña guía telefónica.

Eso, en Biología y Medicina, se denomina “tasa de letalidad elevada”, y para bien de la humanidad, se previene y se combate.

Si estamos en lo cierto, ¿nos sirve de algo el saberlo? No estoy del todo seguro, pero creemos que ya es tiempo de comprender nuestra propia historia, la cubana, la de los cubanos, con más profundidad, más distancia crítica y menos apasionamiento.

En una palabra, con más sentido común.

Quizás, solo quizás, eso sí nos sirva de algo en el futuro.


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