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El problema equivocado

Ni izquierda ni derecha: Mejor democracia, Estado de derecho, economía de mercado y libertades individuales.

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Arturo López-Levy vuelve a la carga, buscando soluciones correctas al problema equivocado, esta vez con el artículo Sin fuegos ni liquidaciones. Abunda en criterios antes expuestos en La propiedad olvidada.

No estoy de acuerdo con el enfoque general, ni con muchos criterios de sus dos artículos, pero respeto absolutamente su derecho a formarse las opiniones que estime pertinentes y expresarlas libremente sin temor a represalias. Discrepo profunda y respetuosamente con las ideas contenidas en los textos referidos, pero sólo respondo a las tesis: ni juzgo al autor ni mucho menos pretendo colgarle etiquetas o insultos personales.

López-Levy se sumerge inútilmente en sofismas y silogismos que no llevan a conclusiones sólidas, y termina en un análisis total (no totalitario) que, al generalizar, peca de lo que discrepa.

Señala que la "extrema derecha" exiliada determina la política exterior norteamericana hacia Cuba: es sorprendente que un grupo con tanto poder en la nación más poderosa del planeta no haya podido, en casi medio siglo, salir de un dictador tercermundista con una economía en ruinas y que no cuenta con potencias aliadas hace quince años.

Superpone a todos los cubanos de Miami con grupos que sostienen posiciones extremas; le obsesionan Batista y los batistianos, llegando a señalar como argumento, en su primer artículo, que un nieto de Fulgencio Batista es magistrado en Florida, cuando un hijo de Ángel Castro (voluntario español antiindependentista) lleva haciendo lo que quiere en Cuba casi medio siglo, sin que eso sea control español sobre Cuba; parece ver a todos los hombres de negocio que prosperaron y crearon fortunas como cómplices de la dictadura batistiana, sin entender la diferencia existente entre emprendedores exitosos y políticos corruptos y malversadores.

Las propiedades confiscadas

El autor comenta que "si se comienza por definir el tema de la democracia cubana priorizando la reclamación de propiedades e ignorando la responsabilidad batistiana y del embargo en la actual crisis, no sorprende que se conciban respuestas intervencionistas y antipatrióticas como la Ley Helms-Burton".

Demasiados problemas para cuatro líneas. No voy a desgastarme en la primera parte del párrafo: "el tema de la democracia cubana" se define para casi todos los cubanos, ante todo, por el fin del totalitarismo, la creación de un Estado de derecho y la elección de los gobernantes en comicios limpios y abiertos. López-Levy asigna categoría de universal a criterios de una parte de los cubanos en el destierro, que parecen resonar más en Denver que en Miami.

La reclamación de propiedades confiscadas en el castrismo no es ni lo más importante ni lo más urgente en el proceso de democratización de la Isla, pero es un punto que una Cuba libre debe asumir, analizar y resolver en su momento, con procesos de derecho y no de opiniones personales. Aunque es muy diferente confiscar una pequeña vivienda que una gran fábrica, y las soluciones no pueden ser similares, pretender seguir adelante como si nada hubiera sucedido es absurdo. En su momento el tema se debatirá y se resolverá en la nueva Cuba que se nos viene encima.


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