Actualizado: 05/12/2022 11:09
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El problema equivocado

Ni izquierda ni derecha: Mejor democracia, Estado de derecho, economía de mercado y libertades individuales.

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Los regímenes comunistas europeos no cayeron por "exitosas políticas de intercambio cultural y religioso y por los viajes", sino por la decisión de Mijail Gorbachov de prohibir al Ejército Rojo masacrar las protestas populares, como hizo anteriormente en Hungría y Checoslovaquia. Intelectuales, escritores, cantantes y predicadores hacen mucho bien a la humanidad cuando son buenos, pero no derriban regímenes totalitarios.

Discrepar del embargo no implica ser acusado de "antinorteamericano", como se queja el autor: es su expresión libre y soberana de ser humano libre en una nación democrática. Responderle no es "imitación macartista" ni utilizar "la retórica de la derecha radical exiliada", sino expresión libre y soberana de otro ser humano en una nación democrática.

Los 'avances sociales de las últimas décadas'

Cuando dice que condenar algunos males del totalitarismo "no equivale a una aquiescencia a desmantelar los avances sociales de las últimas décadas", creo que el autor se refiere a los grandes mitos del castrismo sobre salud pública, educación y deportes gratuitos para (casi) todos los cubanos, excluyendo, naturalmente, a los casi dos millones de cubanos que vivimos fuera, los "reclusos contrarrevolucionarios", lo disidentes, o quienes profesan religiones consideradas "instrumento del imperialismo".

Sin pecar de densidad, se deben aclarar algunos conceptos: nada es gratuito, más allá del aire que respiramos o el mundo en que vivimos. Hasta el mismo Karl Marx comprendió que la riqueza la crea el trabajo; aunque no se dio cuenta que no sólo el de los obreros, como quedó claro tras setenta años de comunismo. Construir hospitales, escuelas y campos deportivos, formar profesionales calificados, brindar estudio y recreo a la población de un país, cuesta dinero.

Si estos "logros" existen solamente en Cuba y no en los otros 189 países que integran Naciones Unidas, no es por bondad y sabiduría del gobierno cubano o maldad de todos los demás. Ningún gobierno en el mundo crea riqueza ni recursos: los utiliza y gasta con determinado grado de eficiencia, a través de un presupuesto. Algunos gobiernos asumen mayor responsabilidad colectiva por estos servicios, mientras otros dejan en manos de los individuos parte importante de los mismos. Es un contrato social entre gobernantes y gobernados, donde una mayor o menor parte de la riqueza creada con el esfuerzo de la población va a manos del gobierno en forma de impuestos y contribuciones.

Suecos, alemanes e ingleses, pagan más impuestos a cambio de determinados beneficios sociales ofrecidos por el gobierno, mientras estadounidenses o japoneses dependen más de sus propios recursos, en forma de seguros privados o compensaciones de retiro.

Cada sistema tiene ventajas y desventajas. ¿Cuál es mejor? Depende de muchos factores. Sin embargo, lo fundamental es que los gobiernos que implementan estos programas, además de hacerlo sin violar libertades fundamentales ni derechos humanos, son electos periódicamente en comicios donde los votantes tienen la oportunidad de elegir entre varias opciones, aunque sea apostando por la menos mala.

En Cuba, el contrato social ha sido entre Fidel Castro, de una parte, y el resto de los cubanos, de la otra, por 47 años, y no hay intenciones de modificarlo mientras no exista un cambio de régimen. Castro retira lo que él desea a quienes trabajan, lo utiliza como le parezca y no necesita legitimarse en las urnas. Sus funestos resultados sobre la libertad personal y eficiencia económica son harto conocidos.