Actualizado: 05/12/2022 11:09
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El problema equivocado

Ni izquierda ni derecha: Mejor democracia, Estado de derecho, economía de mercado y libertades individuales.

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Mencionar la responsabilidad batistiana y del embargo en la actual crisis cubana es una manera, aun sin pretenderlo, de condonar el discurso oficial castrista. La dictadura batistiana tiene sus propias responsabilidades, y dista mucho de ser una república modelo ni mucho menos: asesinatos extrajudiciales (aunque no los 20.000 que cita continuamente la propaganda oficial), corrupción (aunque menor que la actual), violación de libertades individuales (en mucha menor escala que la actual dictadura castrista), encarcelamientos injustos (en mejores condiciones materiales y morales que las existentes en las actuales prisiones cubanas), y muchos males más.

El batistato fue condición necesaria, no suficiente, del advenimiento del castrismo: para llegar al poder personal absoluto y vitalicio, un inescrupuloso como Fidel Castro no necesitaba la dictadura de Batista: mucho antes del 10 de marzo, desde El Bogotazo y sus tiempos de pandillero universitario (que no de estudiante), andaba tratando de crear esos males que nos endilgó desde 1959. Y ahí tenemos a Hugo Chávez por el mismo camino de su mentor, en una nación que durante cuarenta años vivió una democracia tal vez imperfecta, pero no una dictadura.

En cuanto a la responsabilidad del embargo "en la actual crisis", letanía castrista, no lloveré sobre mojado. Acepto la tesis cuando se demuestre que las limitaciones, carencias y sufrimientos de los cubanos son consecuencia del embargo y no de la ineficiencia económica, el cierre arbitrario de los mercados campesinos, la represión de los artesanos, la prohibición de la pequeña propiedad, los abusos impositivos contra los paladares o la existencia de la figura jurídica de "delitos contra la economía popular".

No es el embargo quien niega al pueblo en la Isla "un mejor nivel de vida", como señala el autor. La tristemente célebre y omnipresente Libreta de Control de Abastecimientos nació en marzo de 1962, mucho antes que el embargo: no era una necesidad real, sino un mecanismo diabólico de control y represión de la población, vigente hasta nuestros días, y que solamente desaparecerá junto con el totalitarismo; pues es tan importante para reprimir a los cubanos como la Seguridad del Estado, las Fuerzas Armadas Revolucionarios y los Comités de Defensa.

Por otra parte, la Ley Helms-Burton, siendo acto soberano del poder legislativo de Estados Unidos, no puede ser "antipatriótica" si no va contra los intereses de ese propio país. Una legislación antipatriótica para los cubanos sería una ley cubana contra los intereses del pueblo cubano; por ejemplo, la imposición "legal" del carácter inamovible del régimen, decretada como respuesta al Proyecto Varela.

¿Cuál soberanía?

Arturo López-Levy considera las leyes del embargo como "afrenta a nuestra soberanía". Si con "nuestra soberanía" se refiere a la del gobierno cubano, no es "nuestra", y es ese mismo gobierno quien pisotea su propia soberanía, como hizo al declarar en la Constitución de 1976 la "eterna amistad" con la Unión Soviética. O cuando permitió a los soviéticos instalar cohetes nucleares en Cuba en 1962, poniendo en peligro no sólo la existencia de los cubanos, sino de buena parte del mundo.

Pero si al referirse a soberanía el autor alude a la soberanía del pueblo cubano, no debe preocuparse demasiado, pues esa soberanía fue confiscada en 1959 y el máximo rector de la nación cubana es el Comandante en Jefe, con el apoyo del Partido Comunista. La soberanía de Cuba está secuestrada por una camarilla y el embargo se dirige contra esa camarilla. Si ambas cosas tienen relación es porque el embargo es una vía, funcione mejor o peor, de recuperar nuestra soberanía, la del pueblo cubano, de los que apoyan el embargo y de quienes se oponen.