Actualizado: 06/12/2019 17:18
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Fin de ciclo

El retiro del arzobispo de Santiago de Cuba, Pedro Meurice, cierra una etapa épica en la Iglesia cubana.

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Benedicto XVI acaba de aceptar la renuncia de Pedro Claro Meurice Estiú como arzobispo de Santiago de Cuba. Su retiro, que entra dentro de la normalidad del Derecho Canónico, trasciende con mucho la burocracia vaticana y reinstala el debate sobre el papel de la Iglesia cubana en la situación actual. Para muchos, con la retirada del "horcón político" del catolicismo nacional, termina un ciclo marcado por su impronta, pero comienza otro cuyos referentes aún están por encontrarse.

A este hombre, conservador en los aspectos morales y dogmáticos de la Iglesia —como no podía ser de otro modo— y al mismo tiempo temerario defensor de la libertad y los derechos humanos, no puede evaluársele cabalmente si no se añade al análisis un complemento de su personalidad: Meurice es una persona tímida y austera, huidizo de la publicidad y de los periodistas, amante de la tranquilidad y del segundo plano; aunque en un clima nacional especialmente insípido y uniforme parezca justamente lo contrario.

De otro modo no puede entenderse su rechazo a ocupar la Arquidiócesis de La Habana en 1981, según cuentan, de la cual ya era administrador apostólico desde el año anterior. Luego vendría, desde Pinar del Río, Jaime Ortega y Alamino.

Con todo, la imagen y el sonido del 24 de enero de 1998 frente a Juan Pablo II, en la plaza Antonio Maceo de Santiago de Cuba, forma parte de su historia personal, pero también de la historia de la Iglesia local, críticos y admiradores de por medio.

"Le presento, además, a un número creciente de cubanos que han confundido la Patria con un partido, la nación con el proceso histórico que hemos vivido en las últimas décadas, y la cultura con una ideología (…) Santo Padre, durante años este pueblo ha defendido la soberanía de sus fronteras geográficas con verdadera dignidad, pero hemos olvidado un tanto que esa independencia debe brotar de una soberanía de la persona humana que sostiene desde abajo todo proyecto como nación…".

Primero el rebaño

Meurice comenzó el gobierno de la arquidiócesis de Santiago de Cuba el 9 de septiembre de 1970, aunque desde 1967 se desempeñaba como obispo auxiliar de la misma. Sustituyó a otro puntal de la Iglesia cubana, Enrique Pérez Serantes. Con su retirada quedan en la memoria dos momentos significativos: su papel en la redacción de la carta pastoral El amor todo lo espera , de 1993, y el ya citado polémico discurso de bienvenida al papa Juan Pablo II en 1998. Seguramente tuvo muchos más, pero ninguno como los anteriores traspasó la frontera de lo estrictamente religioso para llegar incluso a un público no creyente, a pesar del bloqueo informativo del gobierno.

Será difícil olvidar su paso por la Catedral Metropolitana de Santiago de Cuba. Sobre todo, porque antepuso su derecho a la libertad de expresión y a denunciar el deterioro político, económico y social de la Isla —en resumen, la defensa literal de su rebaño—, el malabarismo de sobrevivir sorteando y callando. Apostó primero por los parroquianos y luego por la supervivencia de la parroquia; no al revés, como lastimosamente ha ocurrido en más de un caso.

Pero, ¿quién dice que haciendo lo primero también no garantizaba al mismo tiempo lo segundo?

Cuando el castrismo no sea más que un largo capítulo de cualquier libro de historia, los juicios sobre el papel de la Iglesia serán colectivos e individuales. De la percepción que se desprenda de esta correlación quedará dilucidado su prestigio. Siendo la única organización realmente independiente en los últimos 50 años, no es poca la ayuda prestada a los ciudadanos. Ha sido la farmacia del pueblo, el sitio de acogida para las minorías, la única voz que les ha defendido públicamente.

Es cierto que en sus 2000 años de historia la Iglesia Católica ha demostrado cómo sobrevivir a los peores tiempos. Unas veces con mucho valor y estrategias diplomáticas; otras con espeluznantes pactos de aprobación y silencio.


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El ex arzobispo de Santiago de Cuba, Pedro Meurice Estiú (primero a la izq.), durante la visita de Carter a CubaFoto

El ex arzobispo de Santiago de Cuba, Pedro Meurice Estiú (primero a la izq.), durante la visita de Carter a Cuba. (AP)

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Palabras de saludo a Juan Pablo II pronunciadas por Monseñor Pedro Meurice Estiú, Arzobispo de Santiago de Cuba en la misa celebrada en esa ciudad el 24 de enero de 1998

Pedro Meurice Estiú

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