Actualizado: 21/11/2017 14:51
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Cuba, Opositores, Disidentes

La oposición ante la normalización

Los opositores se abocan a la incómoda situación de perder apoyo en el exterior sin conseguir en el interior el apoyo mínimo para empinarse más allá de la mera existencia

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El 10 de diciembre de 2013 circuló por este mismo sitio el aviso del riesgo creciente de que la Casa Blanca dejara a la oposición en Cuba y al exilio solidario con ella “colgados de la brocha con que vienen pintando en el aire su transición a la democracia.” El aviso encerraba dos predicciones: el restablecimiento de relaciones diplomáticas plenas y el levantamiento del embargo. Una ya se cumplió y la otra viene llegando.

A esta disolución gradual del diferendo Cuba-EEUU se suma que la Unión Europea recula cada vez más en su Posición Común contra Castro y los suyos, como se infiere de la visita el miércoles a La Habana de sus altos funcionarios de Política Exterior, Federica Mogherini, y Cooperación y Desarrollo, Neven Mimica.

Así, los opositores se abocan a la incómoda situación de perder apoyo en el exterior sin conseguir en el interior el apoyo mínimo para empinarse más allá de la mera existencia. Esta situación no cambiará aunque el presidente estadounidense Barack Obama aproveche su visita para mencionar a la oposición en público o en privado y hablar en persona o a distancia con nuestros líderes opositores sin masa crítica.

La visita de Obama dista mucho de legitimar —como vocean algunos exiliados e incluso Granma— a Castro y los suyos, porque estos acabaron de legitimarse internacionalmente al reabrirse su embajada en Washington. Tampoco la oposición se legitimará con el alboroto en el gallinero cubiche por alguna pirueta de politiquería simbólica, ya sea en La Habana o en Miami, como aquella vez en que, a principios de noviembre de 2013, Jorge Mas Santos coló en su casa a Fariñas y Berta Soler entre Obama y otros macetas del Partido Demócrata interesados exclusivamente en recaudar fondos para sus propias campañas.

Las minorías políticas en oposición pacífica se legitiman ya solo con la fuerza del número, pero hay números (por ejemplo, de partidarios) que surten efectos políticos y números (por ejemplo, de detenidos) que ni surten efecto dentro ni pasan de concitar afuera algo más que las declaraciones hipócritas de preocupación, como la enésima que Roberta Jacobson soltó el miércoles por twitter: “Muy preocupada por los informes que el Gobierno cubano ha detenido @JDanielFerrer y @bertasoler #Cuba #DDHH”.

Higiene mental

El problema está en que las banderías opositoras se creen que, tan solo por serlo, deben ser interlocutores de Obama y hasta del Papa, como si hubieran eliminado ya la causa eficiente de la crisis política que el jefe de la SINA Jonathan Farrar informó el 15 de abril de 2009: We do not see platforms designed to appeal to a broad cross section of Cuban society.

En el principio, la CIA planeó contra Castro y los suyos una operación encubierta que no podía encubrirse y esperaba que el pueblo se alzara contra el Gobierno. Como no vio que era malo planear acciones políticas sin correspondencia lógica de medio a fin y cifrar esperanzas en un pueblo imaginario, la CIA perdió en tiempos de guerra.

En el principio, la oposición pacífica concibió contra Castro y los suyos un plebiscito que solo ellos podían convocar y esperaba que el pueblo se opusiera al Gobierno. Como no vio que era malo planear acciones políticas sin correspondencia lógica de medio a fin y cifrar esperanzas en un pueblo imaginario, la oposición pacífica perdió tiempo en la paz.

Mientras siga con esa rima, la oposición pacífica perderá más tiempo histórico todavía, con unos pocos ganando premios y otros más yendo a la cárcel, mientras todos viven la ficción “salgo en los medios afuera, luego existo”. La solución no vendrá de análisis y críticas del orden político vigente, que son tantas que se atropellan, sino más bien de orientarse a cómo podría desmontarse este orden.

No tiene sentido buscar leyes distintas con el mismo parlamento, como reportó El Nuevo Herald que el jurista disidente Amado Calixto y otros “mostraron a periodistas el miércoles”. Para dar otras leyes hay que cambiar el parlamento. Y como esto no puede hacerse ya de manera violenta, no queda más remedio que promover a otros parlamentarios mediante las elecciones. A tal efecto, los opositores tendrían que:

  • En las elecciones generales, convencer a la gente de ir a votar y hacerlo del único modo posible para deslegitimar al gobierno: anular la boleta o dejarla en blanco
  • En las elecciones parciales, proponerse unos a otros para nominarse como delegados a las asambleas municipales
  • En ambos casos, presenciar el escrutinio para mitigar el fraude

Desde luego que cada cual puede oponerse como le venga en ganas y al margen de la realidad sociopolítica y jurídica que tiene delante de sus narices, para seguir aprovisionándose con los paquetes de elogio que se distribuyen por anunciar cualquier tontería, como la alfabetización cívica que emprenderá Tania Bruguera. En el contexto de normalización de relaciones entre el régimen de La Habana y el resto del mundo solo cabe dar la guerra necesaria.

En tiempos de paz la guerra necesaria no puede ser tal o cual invento de lidercillos o grupitos para ganar espacio mediático y subvenciones afuera, sino el único empeño que unificaría a los opositores: dar guerra en las elecciones, ya que ningún opositor puede atribuírselas, pues son montadas por el gobierno, pero todos sí que pueden aprovecharlas para convencer a eso que llaman pueblo de votar contra el gobierno y lograr así repercusión política inmediata [continuará].


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La subsecretaria de Estado para el Hemisferio Occidental, Roberta Jacobson.