Actualizado: 29/05/2020 12:36
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La respuesta de Fidel Castro

Una tradición genuinamente castrista: Los 'sanos cambios' de hoy son una de las purgas cíclicas estalinistas que ha habido en la Isla.

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La incomprensión de "ese fenómeno histórico conocido como revolución cubana" se ilustra ejemplarmente al asociarse los "cambios sanos en el Consejo de Ministros" con un gobierno diseñado por Raúl Castro para conducir la sucesión autoritaria. Una simple búsqueda de archivo daría con El viejo traje de la revolución, cortado a gusto por el "grupo político de Fidel Castro".

La clave grupal puede encontrarse en la carta (Santiago de Cuba, octubre 16 de 1957) en que Armando Hart escribió a Castro: "Éramos un grupo (…) ahora somos la revolución". Para diciembre 14 de 1957, Castro denunciaba el Pacto de Miami (octubre 15, 1957) y apartaba a los demás grupos políticos comprometidos con la solución violenta del drama de Cuba. Desde entonces se arma caballero de la revolución con arreglo a los valores de "lealtad y sacrificio". No en balde Raúl Castro, como ahora Fidel a Carlos Lage y Felipe Pérez Roque, tachó de "ambicioso" a Felipe Pazos por haber firmado aquel pacto.

Los "sanos cambios" de hoy se consideran una de las purgas cíclicas estalinistas que ha habido en Cuba. Sólo que esa tradición es genuinamente castrista y puede rastrearse en la configuración del primer Consejo de Ministros de la "revolución triunfante".

Así cae también la cotización del género historiográfico que discierne entre revoluciones "nacionalista democrática de 1959 [y] socialista estatalizadora de 1960" e identifica líderes que "personifican la primera y no la segunda". Al menos desde la reunión en La Rinconada (diciembre 18, 1958), nadie personificó algo ajeno a "la voluntad de quien es el auténtico líder y motor único", por decirlo como Che Guevara. Desde entonces, ninguna figura política en Cuba ha tenido base propia, sino prestada por Fidel Castro. Y puesto que semejante base es tan volátil por abajo como revocable desde arriba, las cartas de renuncia de Lage y Pérez Roque entonan la misma tonada de Pimpinela que Carlos Aldana hizo famosa hacia 1992: "pase lo que pase, siempre contigo".

Aquel día en La Rinconada, Fidel Castro notificó al núcleo duro de su grupo político que Manuel Urrutia sería el presidente del Gobierno Provisional y había nombrado ya a Roberto Agramonte como canciller; a Luis Buch, secretario de la presidencia; y al jurista Ángel Fernández, ministro de Justicia. Se propuso al comandante guerrillero Julio Martínez Páez para Salubridad y Asistencia Social, además de Raúl Cepero Bonilla (Comercio) y Manuel Fernández (Trabajo). Las demás carteras quedaron pendientes y Fidel pidió reservarse las propuestas de Gobernación, Agricultura y Obras Públicas.

Su hermano menor replicó: "Me quedaré en el Segundo Frente, porque con Urrutia y Agramonte estimo que ese gobierno no podrá avanzar por los caminos que debemos emprender". Fidel concluiría: "Ese es el gobierno de ustedes, porque yo estaré en contacto con el pueblo (…) criticando los errores que se cometan".

La escenificación de Raúl alzado y Fidel en la oposición encubría el designio del grupo político castrista, que Hart había adelantado en su precitada misiva: "Ese gobierno de equilibrio es un contrasentido necesario [y] útil por el momento, [pero] destinado más tarde o más temprano a fracasar. Ahí será el momento soñado de la revolución. Por esta razón (…) no nos debe interesar más que integrar gobiernos con personas que no están a su vez integradas a la revolución".

Como ya sabemos por la misma carta, esa revolución era la transfiguración de aquel grupo. De ahí que al serle propuesta la presidencia del Gobierno Provisional, Urrutia no pudo menos que confesar su extrañeza: "A esta tarea dedicaré todos mis esfuerzos, aunque no sepa por qué fui escogido" (Patria [Nueva York], enero 25 de 1958).

Al cabo el Gobierno Provisional se completó con el premier José Miró Cardona, Rufo López (Hacienda), Elena Mederos (Bienestar Social) y gente del grupo político de Fidel Castro, a quien Urrutia nombró Comandante en Jefe (enero 3, 1959). Ese gobierno no demoraría mucho en acordar una Ley Fundamental (febrero 7, 1959) que aparentaba ser la Constitución de 1940, pero encerraba la noción seminal de los Estatutos Constitucionales (1952) batistianos: concentrar los poderes.

Lecciones de la historia

No es exacto que los "sanos cambios" de hoy indiquen un manejo de la situación por parte de Raúl Castro. Fidel Castro procedía de una u otra forma a conveniencia.

Castro concibió hacerse del control político directo (febrero 13, 1959) por simple modificación del verbo rector en el artículo 146 de la Ley Fundamental: en vez de "representar", el primer ministro tenía que "dirigir" la política general del gobierno. Y Miró Cardona dimitió, porque semejante función debía desempeñarla "el jefe de la revolución". Al momento del traspaso oficial del cargo (febrero 16, 1959), Castro advirtió fríamente a Urrutia que no debía asistir más a las reuniones del Consejo de Ministros.

Enseguida el ministro amigo de Urrutia, Ángel Fernández, se fue del aire (febrero 20, 1959) y entró Alfredo Yabur. Para junio 11 de 1959, el canciller Agramonte daba paso a Raúl Roa; Luis Orlando Rodríguez (Gobernación), a José Alberto Pepín Naranjo; Humberto Sorí Marín (Agricultura), a Pedro Miret, y Elena Mederos a la cuñada de Miret, Raquel Pérez. Martínez Páez fue remplazado por Serafín Ruiz de Zárate y Manuel Fernández, por Augusto Martínez Sánchez. Todos los ministros cesanteados se marcharon en silencio. De ahí que la purga actual no se distinga de las anteriores por su bajo perfil, si estiramos la memoria histórica hasta 1959.


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