Actualizado: 04/12/2021 9:26
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A debate

La visión que no nos permite crecer

Respuesta al artículo 'Fidel Castro, El negrero', publicado por Néstor Díaz de Villegas en 'Encuentro en la Red'.

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Un último punto acerca de los Clinton y los afroamericanos. Aunque en Estados Unidos resulta prácticamente imposible separar las posiciones republicanas y demócratas en muchas instancias, no cabe duda de que el voto afroamericano ha sido siempre, y muy probablemente será para el Partido Demócrata. Hay razones de sobra bien conocidas por las cuales los afroamericanos no votan por los republicanos; razones que se remontan a la guerra de Secesión.

Tampoco me parece acertada la idea de que Castro y Clinton sean "negreros" como el autor sugiere. En el caso de Clinton no se puede negar que buscó el voto afroamericano cuando lo necesitó, pero también Bush, su padre, y cada candidato republicano lo han buscado sin éxito.

En el caso de Castro, o tal vez sería mejor decir: de su gobierno, por más cosas que se puedan expresar acerca del subyacente racismo que ha existido en la Isla hasta hoy, también es cierto, muy cierto, que después de 1959 la posición social de la población cubana de ascendencia africana mejoró en muchos aspectos. Es cierto que la policía detiene más a los negros en la calle, y que las cárceles cubanas tienen muchas más personas negras que blancas, pero de esto no se puede culpar solamente a Fidel Castro y a las limitaciones de su política. La esclavitud en Cuba fue abolida en 1886, y lo que siguió fue un extenso periodo de marginalización, discriminación y consecuentes estereotipos que hasta hoy, gente como Díaz de Villegas refrendan con las expresiones racistas que usa en su artículo.

¿A quién está atacando?

En términos históricos, personajes como Cuesta Morúa y Condoleezza Rice no han representado a su gente, porque han formado parte de selectas elites. ¿Cuantos afrocubanos tenían la educación de Morúa? ¿Cuántos afroamericanos pueden jactarse de ser pianistas clásicos, de haber sido rectores de una de las mejores universidades del país, y de tener considerables intereses en transnacionales petroleras?

Es lógico que tanto los afrocubanos, como los afroamericanos, y cualquiera con una mentalidad más o menos progresista, se fije más en figuras como Quintín Banderas y Guillermón Moncada, o en Martin Luther King Jr. y Rosa Parks, porque ellos representaron a su gente y no a la crema de la sociedad "de color". En otras palabras, porque ellos se asemejaban más a la gente de Harlem y del Bronx, que al Príncipe de Bel Air.

El hecho de que Biscet, Colás y Roca sean reprimidos por el gobierno de Cuba no quita que los derechos humanos de millones de afroamericanos sean repetidamente violados o, como en el caso de Nueva Orleáns, ignorados totalmente por el gobierno del "blanco" Bush y la "negra" Rice. Una cosa nada tiene que ver con la otra. Y es éste el principal problema del autor, que él no sabe a quién está atacando. No estamos seguros si su objetivo es hacer polvo a Harry Belafonte, a Fidel Castro, a Hugo Chávez, o a Bill e Hillary Clinton; o si quizás su intención es la de denunciar los problemas raciales de la Isla o de Estados Unidos.

En cualquier caso, Díaz de Villegas falla miserablemente en su objetivo porque sus argumentos no se sostienen, porque su visión está sumamente parcializada y prejuiciada a favor de aquellos que él considera como los buenos de la película, y en contra de cualquier cosa que tenga el más mínimo tufo de relación con el gobierno o la figura de Castro. Lo más preocupante, sin embargo, es el lenguaje que usa en el artículo. Términos como "blanquitos ladrones", "negritillos de la imaginación neocolonialista", Chávez "el putumayo", etcétera, son todos empleados con claros matices racistas que ni ayudan al diálogo, ni hacen ningún favor al autor y a sus ya bastante nublados argumentos.


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