Actualizado: 17/05/2022 17:16
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Retroceso a dos voces

Malos tiempos: La Habana vuelve a sus andadas con el centralismo y Miami alimenta el espíritu de intolerancia.

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El reloj cubano tiene dos manecillas, una en La Habana y la otra en Miami. Ambas se empecinan en el mismo recorrido. Insisten en el avance en reversa, con una tenacidad que amarga al más optimista. Parece que hubiera un acuerdo tácito en este retroceso. Como si no bastara la inmovilidad, que por demasiado tiempo ha detenido la esperanza.

No se trata de una conspiración de los extremos. Más bien es la seducción de los caminos trillados y la comodidad de lograr el triunfo recorriendo una vía segura. Obedecer al Comandante en Jefe. Beneficiarse de un electorado que combate sus fracasos con la misma obstinación que repite sus errores. El poder absoluto de volver una y otra vez a remendar un modelo caduco. La inmunidad imprescindible para no escuchar las opiniones opuestas y profundizar en el alejamiento de la realidad. En la Calle Ocho y en la Plaza de la Revolución. Mantenerse en una lucha estéril, sin ceder un ápice.

El éxito acompaña a quienes no se apartan de esa vieja senda, que hace casi un lustro parecía comenzar a borrarse y cuyas ruinas hoy reverdecen.

En Cuba, Fidel Castro insiste en retroceder hacia la época de un mayor control ideológico, más centralismo económico y menos espacios donde moverse con independencia del Estado. En la capital del exilio se agudizan las restricciones de los viajes a la Isla, se alimenta el espíritu de intolerancia y se intensifican los intentos por brindar la imagen de un exilio monolítico, opuesto a cualquier alteración del rumbo de la política trazada por la actual administración norteamericana y los miembros del sector más reaccionario de la comunidad emigrada.

Ejemplos sobran. La resurrección del Secretariado del Comité Central del Partido Comunista de Cuba fue una muestra reciente de esa marcha hacia atrás del reloj en la Isla. Ahora las informaciones no vienen desde La Habana, sino son noticias de Miami.

Un libro 'diabólico'

La queja de un padre sobre un libro infantil, titulado Vamos a Cuba, ha desatado una controversia desproporcionada en esta ciudad, que ya dura varias semanas. La obra de 32 páginas —con breves textos y fotografías— está destinada a ser leída por niños de cinco años. Hay 33 bibliotecas de las escuelas públicas del condado Miami-Dade que tienen 49 copias y otros 20 ejemplares se encuentran en las bibliotecas públicas. No se trata de un libro de texto, lo que indica que su lectura no es obligatoria para los escolares.

Algunos exiliados califican el libro de "insultante", por mostrar en su cubierta una fotografía de un niño cubano vestido de pionero y oraciones como la que aparece en la página cinco: "La gente de Cuba come, estudia y trabaja como tú. Pero en Cuba hay cosas únicas".

No hay desacuerdo en que el libro presenta una imagen distorsionada de la realidad cubana. Resulta válida la preocupación de que las bibliotecas escolares cuenten con los mejores materiales, que ofrezcan una panorámica veraz de las realidades de dos países distintos. Hay procedimientos establecidos para considerar el retiro de una obra que no cumpla los objetivos propios de una biblioteca escolar pública.

La controversia radica en el hecho de que algunas personas —incluidos tres miembros de la Junta Escolar— quieren que la obra sea removida de inmediato de las bibliotecas, sin seguir el método rutinario. De un día para otro. La Unión de Libertades Civiles (ACLU) considera que en lugar de prohibir el libro, se deben añadir otros que ofrezcan diferentes puntos de vista sobre la realidad cubana, así como alienta a los padres para que conversen con sus hijos sobre la realidad política de la Isla.


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