Actualizado: 24/05/2019 17:31
cubaencuentro.com cuba encuentro
| Opinión

Opinión

¿Simulacro del 'hecho sucesorio'?

Ni el nuevo reparto de poderes ni la delegación en Raúl significan que Castro haya 'cedido' el poder.

Enviar Imprimir

La Proclama del Comandante en Jefe al Pueblo de Cuba (julio 31, 2006, 6:22 p.m.) ha causado tanto alboroto como especulación en Miami.

Ese mismo día el columnista Alejandro Armengol ( El Nuevo Herald) había opinado que Castro proseguía entero, después de su viaje a la Argentina y otro prolongado discurso en Bayamo por otro aniversario del asalto al Moncada. Tales serían las razones que el propio Castro esgrimió para referirse a su salud quebrantada ("crisis intestinal aguda con sangramiento sostenido") y notificar que ya se había sometido a "complicada operación quirúrgica".

Tal y como hizo después de caer estrepitosamente en Santa Clara (octubre 20, 2004), Castro dio su propio parte médico sobre este nuevo "accidente de salud", que ya la comentarista Ninoska Pérez-Castellón (Radio Mambí) juzga como comienzo de "pugnas por el poder" en medio de una "situación social volátil".

La primera plana de El Nuevo Herald indica este martes: "Castro cede el poder", como si este fuera el sentido noticioso de haberlo "delegado". Aparte de que Castro sólo parece haber tomado "varias semanas de reposo", acaso con la intención de estar en forma para la próxima Cumbre de los No Alineados (septiembre 11 al 16, 2006), también aprovechó la oportunidad para ensayar "el hecho sucesorio".

El mando del Partido y el Ejército, así como las jefaturas de Estado y de Gobierno, pasaron directamente a Raúl Castro. Al menos en estas últimas la proclama es superflua: en caso de enfermedad o muerte de su hermano, Raúl Castro viene a sustituirlo por simple mandato constitucional.

Las señas del Comandante

Para la Cumbre de los No Alineados, Castro había elaborado tres propuestas que configuran sus llamados programas de salud, educación y revolución energética. Las funciones de "impulsor principal" y tesorero de estos programas se reparten ahora entre diversos funcionarios, pero ni este reparto ni aquella delegación en su hermano significan que Castro haya cedido el poder en sentido recto.

Así como el Buró Político del Partido Comunista de la Unión Soviética acudía al semicomatoso Stalin para descifrar sus gruñidos y transmitirlos como directivas políticas e instrucciones de gobierno, Raúl Castro y los demás continuarán guiándose por las señas del Comandante en su lecho de convalecencia.

Castro deja en suspenso su participación en la Cumbre de los No Alineados, quizás para reaparecer en ella y dar otra prueba de pronta recuperación, como ya lo hizo tras la caída. De paso se reirá de las expresiones jubilosas en Miami y de las interpretaciones de los médicos en el exilio. No puede pasarse por alto que él mismo redacta sus diagnósticos para la opinión pública.

Lo que sí queda claro es que pasó la celebración de su cumpleaños del 13 de agosto al 2 de diciembre. Y como viene diciendo por lo menos desde la entrevista con Oliver Stone ( Looking for Fidel, 2004), Castro reitera que no gobierna por decreto, sino por autoridad moral: "Pido al Comité Central del Partido y a la Asamblea Nacional del Poder Popular el apoyo más firme a esta Proclama".

La dependencia Opinión del Pueblo (Partido Comunista de Cuba) debe estar realizando ya intensos trabajos de campo para recoger las reacciones ante la Proclama por toda la Isla. Leer los informes correspondientes será uno de los pasatiempos favoritos de Castro durante su convalecencia.

Como aseguró ya en la Proclama, la batalla de ideas seguirá adelante y es sabido que estas ideas (y las que están por ocurrírsele) nunca entrañan nada bueno. Sobre todo si Castro atribuyó su forzada delegación de poderes nada menos que a la amenaza de Estados Unidos, que no ha dejado de hacer política simbólica en torno a la cuestión cubana mientras lleva adelante su política real por otras partes del mundo.