Actualizado: 03/08/2020 12:54
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Tiempo de cambio

Por vez primera un aspirante presidencial hace campaña en Miami con una agenda que favorece contactos entre ambas orillas.

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Si alguien duda que se ha producido un cambio fundamental en la mentalidad y la opinión mayoritaria de la comunidad exiliada en el sur de la Florida, no tiene más que analizar los aspectos clave de las que se conocen hasta ahora como plataformas fundamentales, respecto al tema cubano, de los dos aspirantes a la presidencia de Estados Unidos.

En el caso del republicano John McCain, la palabra que mejor define su actitud es inercia: no cambiar medida alguna formulada por la actual administración. Respecto al aspirante demócrata Barack Obama, pronunciarse por un cambio limitado: derogar las restricciones impuestas a los viajes familiares y el envío de remesas. Hasta aquí la diferencia es pequeña.

Ambos consideran que en la Isla está establecido un régimen totalitario, los dos condenan la falta de libertades civiles y abogan por la liberación de los opositores pacíficos. En igual sentido, tanto el republicano como el demócrata se han pronunciado en favor del embargo.

Puede añadirse que lo que más los diferencia es que, en sentido general, Obama se ha pronunciado en favor de conversar, sin condiciones previas, con los enemigos de Estados Unidos, y McCain ha criticado una y otra vez esta posición. Pero lo que a primera vista puede considerarse la diferencia fundamental entre ambos es, en buena medida, sólo un tema de campaña.

Los viajes y el reloj biológico

Ni McCain es un político tan intransigente, como lo demuestra su amplio historial en el Congreso (el ejemplo socorrido es, por supuesto, su participación destacada en el restablecimiento de relaciones con Vietnam), ni existe un fundamento sólido que lleve a sospechar que Obama será un "blando", renuente o temeroso a ejercer presiones, o aplicar la fuerza en caso necesario.

Así que, en la práctica, lo que veremos en los próximos meses será una extensa campaña política, que en lo que respecta a Cuba, girará en lo fundamental sobre el tema de los viajes familiares y el envío de remesas. Y en este sentido, lo que a la larga ha logrado la actual administración republicana es hacerle un favor a los demócratas.

Al trasladarse el debate del embargo a los viajes, Obama puede darse el lujo de ser flexible sin dejar de oponerse al régimen de La Habana. Por su parte, McCain se encuentra hasta cierto punto arrinconado en una posición en que sólo cuenta con el respaldo sólido del sector más tradicional del exilio.

Si los cálculos demográficos no fallan, y las ceremonias masivas de naturalización logran demostrar que los nuevos ciudadanos norteamericanos se diferencian de quienes constituyen el llamado "exilio histórico", el candidato republicano no se encuentra en una posición cómoda.

El problema para McCain es que está apostando por una estrategia heredada de quien por largos años fue su rival electoral. La resignación es evidente en ese esfuerzo por apoderarse de una táctica electoral que rindió frutos a medias y terminó convertida en un bumerán para los republicanos: limitar los viajes y el envío de dinero. Nada parece indicar que haya aumentado el número de los que apoyaron estas medidas, sino todo lo contrario. Así que, en lo que respecta al tema cubano, el candidato republicano tiene en su contra el reloj, biológico e histórico.

Más allá de quien gane las elecciones presidenciales en el condado Miami-Dade (por cierto, Bush las perdió la vez pasada), lo importante aquí es destacar que por vez primera un aspirante presidencial hace campaña en esta ciudad no con una agenda de mayores restricciones al gobierno cubano y a la Isla, sino favoreciendo la tesis de un alivio que facilite los contactos entre ambas orillas.

Basta recordar al respecto que, para conquistar el voto cubano, el ex presidente Bill Clinton tuvo que hacer todo lo contrario: apoyar la aprobación de la Ley Torricelli, a la que en principio se oponía Bush padre, quien prácticamente se vio obligado a firmar la ley luego de la declaración de Clinton de que "le gustaba la medida''. No es poco el camino recorrido.


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