Actualizado: 15/10/2019 9:25
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Opinión

Razones para la esperanza

Obama tendrá que dirigir un país sumido en el declive económico más serio de los últimos tiempos.

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Fue la noche de una victoria largamente anunciada. Durante las últimas semanas todas las encuestas daban como vencedor al candidato demócrata, pero… Y siempre surgía un pero. Lo interesante es que tanto los simpatizantes más fervientes de Barack Obama, como sus mayores detractores, no dejaban de fijarse en los posibles obstáculos. Estas dudas, acompañadas de temor o de esperanzas, pasaban a ocupar el lugar que de forma natural le pertenecía a los pasos de avance.

El avance, sin embargo, nunca se detuvo. La noche del martes, desde las primeras horas, el senador por Illinois comenzó a distanciarse claramente en las urnas de su rival republicano. En poco tiempo, las proyecciones de las cadenas de televisión fueron mostrando como una ventaja temprana se convirtió en brecha entre los dos aspirantes. Cuando Obama ganó los muy disputados estados de Pensilvania y Ohio, donde la carrera aparecía ajustada, para obtener un total de 41 electores, la victoria demócrata comenzó a marchar por la recta definitiva.

Pensilvania siempre fue un estado particularmente importante en la contienda. No sólo porque con sus 21 votos electorales tenía un gran peso, sino también debido a que mostraba un resumen de los supuestos puntos débiles del candidato de la raza negra, con una población blanca de trabajadores que lo había rechazado al principio de la contienda. Hillary Rodhman Clinton había logrado una victoria holgada ante él en ese estado en las elecciones primarias demócratas, y McCain pensó que eso le abría una posibilidad.

A medida que las cifras fueron llegando a los centros de prensa, estas no hicieron más que confirmar las encuestas y análisis. En términos generales. se cumplieron los pronósticos y la diferencia la marcaron Ohio, Iowa, Virginia y Florida. Los cuatro estados los ganó Obama. Esos estados habían votado por George W. Bush en 2004 y eran considerados vitales para las esperanzas de Obama. Su victoria en Virginia es especialmente notable si se tiene en cuenta que este estado no votaba por un candidato demócrata desde 1964.

Además de otros estados pequeños, Obama ganó distritos de gran peso electoral, como su estado de Illinois, que otorga otros 21 votos electorales (también llamados electores o grandes electores), y Nueva York, que da 31 voces en el colegio electoral, tal como preveían los sondeos, que también lo daban como favorito en California, el que más votos aporta, con 55.

Por su parte McCain venció en Georgia, que le dio 15 grandes electores, así como en estados de menor peso, algunos muy disputados, como Virginia Occidental (5) o Carolina del Sur (8).

Con una mayoría de ciudadanos habiendo sufragado ya, las cartas estaban dispuestas en una noche que marcó un profundo cambio en el sistema político estadounidense, no sólo por el triunfo de Obama, sino porque los demócratas resultaron vencedores en las elecciones legislativas.

Poco después de las 11 de la noche (hora del Este de Estados Unidos), McCain reconoció su derrota, en un discurso que se destacó por su gallardía y por mostrar las mejores cualidades del legislador.

"Tuve el honor de llamar al senador Obama para felicitarlo", declaró McCain ante numerosos partidarios en Arizona. "Su éxito merece mi respeto, por su talento y su perseverancia".

El senador por Arizona dijo que admiraba la capacidad de Obama de generar esperanza en los sectores postergados de la sociedad.

"Me comprometo a hacer todo lo que esté a mi alcance" para superar los desafíos que enfrenta el país", expresó el candidato republicano.

Obama observó los primeros resultados en un hotel del centro de Chicago y luego se fue a su casa a cenar con su familia, tras una agotadora campaña de 21 meses.

En otro sector de la ciudad, en el Grant Park, se concentró una multitud que esperaba celebrar su victoria en una noche de una calidez poco frecuente. Obama se dirigió a esa multitud, en su discurso de victoria, con palabras que fueron de lo personal a varios de los temas más importantes que preocupan a los norteamericanos y lo llevaron a la victoria.

En unas declaraciones no carentes de la parte de espectáculo que identifica a cualquier evento en este país, y donde un presidente acepta el triunfo con un lenguaje similar al de un actor que gana un Oscar, Obama supo ir más allá de la celebración y el agradecimiento, y mostrar las cualidades de orador y líder político que acaban de llevarlo al poder mayor del planeta.

Pero el presidente que asumirá el 20 de enero de 2009 heredará un país comprometido en varios frentes y sumido en una profunda crisis económica.

Obama ha prometido un retiro gradual de Irak en 16 meses y concentrar el combate a la red terrorista Al Qaeda y los talibanes en Afganistán, mientras que McCain dijo que no habrá retirada hasta que se consiga una victoria.

Hay dos políticos a los que Obama le "debe'' en cierta medida su triunfo. Uno, paradójicamente, es George W. Bush. Sin una presidencia tan mala, una crisis económica tan profunda y un mandatario tan impopular, la llegada de un candidato negro a la presidencia de Estados Unidos se hubiera demorado un poco más. La otra figura es la senadora demócrata por Nueva York. Clinton le presentó una formidable batalla en las primarias que, en buena medida, sirvió para perfeccionar una maquinaria electoral que desde el inicio demostró su eficiencia.

Victoria arrolladora

Al cierre de este artículo (nueve de la mañana, hora del Este de Estados Unidos), era evidente que Obama había logrado una victoria arrolladora: un total de 338 electores, contra 161 del republicano John McCain, de acuerdo con datos de The New York Times.

Según agencias de prensa y analistas, Obama acaparó los votos de las mujeres, los negros y los hispanos en las elecciones presidenciales, y consiguió suficiente apoyo entre los blancos para dejar a McCain sin posibilidades de ganar.

McCain consiguió una mayoría apenas estrecha del voto de los blancos, de quienes el Partido Republicano necesitaba un apoyo decidido para llevarse la victoria en los comicios presidenciales, según mostraron las encuestas a boca de urna.

Obama y McCain se dividieron el voto de los blancos en todo el país, salvo en el sur, donde el republicano tuvo el doble de preferencias que el demócrata. Los blancos del sur habían apoyado al presidente Bush por márgenes similares en 2000 y 2004.

Por su parte, Obama atrajo el voto de dos tercios de votantes hispanos, un grupo al que los dos candidatos trataron de conquistar, y de la mayoría de los votantes de la raza negra que acudieron a las urnas.

De acuerdo con las mismas fuentes, el candidato demócrata ha logrado sembrar el optimismo sobre las relaciones raciales en Estados Unidos. Aproximadamente el 60% de quienes votaron por Obama consideran que esas relaciones mejorarán en los próximos años, mientras que casi el mismo número de los electores que prefirieron a McCain consideraba que las relaciones permanecerían iguales o se deteriorarían.

En ambos grupos, aproximadamente uno de cada cinco votantes reconoció que la raza del candidato fue un factor en su voto, pero casi nadie dijo que ése era el aspecto más importante.

La ventaja de McCain entre las mujeres blancas fue particularmente pequeña, unos cinco puntos porcentuales. En total, fue apoyado por menos de la mitad de los votantes blancos, un grupo que había favorecido a Bush sobre el candidato John Kerry por 17 puntos porcentuales en 2004, de acuerdo con un cable de la AP.

Obama, de 47 años, será uno de los presidentes más jóvenes en asumir el cargo, y acaparó el voto de los electores de menor edad. Ganó el sufragio de los menores de 30 años por 38 puntos porcentuales, una cifra incluso mejor que las 19 unidades de ventaja logradas por el demócrata Bill Clinton sobre Bob Dole en 1996.

Una de cada cinco personas que votaron por primera vez era negra, casi el doble de la proporción de los negros respecto de la población en general. Uno de cada cinco era hispano. Casi dos tercios de ellos tenían menos de 30 años.

McCain, de 72 años, obtuvo el apoyo de poco más de la mitad de los ancianos, un grupo que suele acudir a las urnas en grandes números. Las personas de 65 años o más emiten tantos votos como las menores de 30: cada grupo representaba aproximadamente el 17% de todos los electores.

McCain tuvo también fuerza entre las mujeres trabajadoras, de acuerdo con las encuestas preliminares a boca de urna.

Un tercio de las personas que votó este año se declaró políticamente independiente. Sólo una de cada cinco se dijo republicana.

Demócratas y republicanos

Respecto a las elecciones legislativas, los demócratas retuvieron el control de la Cámara de Representantes tras derrotar a media docena de republicanos.

Los demócratas capturaron además otros siete escaños que quedaron vacantes tras retiros de miembros del Partido Republicano. Los republicanos sólo han desbancado a dos demócratas, informó también la AP.

Los demócratas ganaron el martes escaños de Florida y Connecticut en la Cámara de Representantes y aventajaban también a los republicanos en una decena de escaños con miras a consolidar su mayoría en esa instancia legislativa.

Con el triunfo sobre el veterano republicano Chris Shays en Connecticut, los demócratas ganaron todos las bancas de Nueva Inglaterra. Y su victoria en uno de los escaños vacantes de Nueva York les dio el control de toda la ciudad por primera vez en 35 años.

Los demócratas tenían ventaja en 18 escaños de republicanos en estados del oriente y el medio oeste de Estados Unidos, mientras que los republicanos estaban ligeramente arriba de un puñado de demócratas, también de acuerdo con informaciones de AP.

"Es la noche que estábamos esperando'', dijo la presidenta de la Cámara Baja, Nancy Pelosi, demócrata por California.

Por otra parte, los demócratas expulsaron el martes del Senado a los republicanos Elizabeth Dole, por Carolina del Norte, y John Sununu, por Nueva Hampshire.

En su búsqueda de solidificar su mayoría en la Cámara Alta, también ganaron otros dos escaños en Virginia y Nuevo México que pertenecían a senadores republicanos que se retiraron.

La senadora Kay Hagan, de Carolina del Norte, derrotó a Dole, ex miembro de gabinete, mientras que en Nueva Hampshire, la ex gobernadora demócrata Jeanne Shaheen superó a Sununu en una revancha de su contienda de 2002.

El ex gobernador demócrata de Virginia, Mark Warner, se enfiló a la victoria el martes, tomando un escaño senatorial del sur que estuvo en poder de los republicanos durante mucho tiempo.

Warner derrotó a otro ex gobernador, el republicano Jim Gilmore, en la carrera para reemplazar al senador John W. Warner, quien se retira luego de cinco períodos en el cargo. Los dos Warner no son familiares.

En Nuevo México, el legislador demócrata Tom Udall derrotó al legislador republicano Steve Pearce, para suceder al senador retirado Pete Domenici.

Noche agridulce

Aunque esta nota no está enfocada sobre el tema de las elecciones locales en Miami, se puede añadir brevemente que la noche fue agridulce para el llamado "exilio histórico o de línea dura".

Los legisladores republicanos cubanoamericanos, Ileana Ros-Lehtinen y Lincoln y Mario Díaz-Balart, consiguieron la reelección en un proceso reñido y cargado de ataques personales, sobre todo por parte de la campaña de los Díaz-Balart. Lincoln y Ros-Lehtinen lograron su victoria con holgura, mientras Mario ganó con un estrecho margen contra Joe García, el ex presidente del Partido Demócrata de Miami-Dade.

Estos triunfos, en buena medida y desde un punto de vista psicológico, resultaron un atenuante a la dura derrota que para este mismo sector significó el triunfo de Obama. Durante semanas, en la radio cubana y a través de internet surgieron las más diversas teorías conspirativas y se produjeron los ataques personales más disparatados e irritantes contra el candidato de la raza negra.

Esta mezcla de derrota nacional y triunfo local repercutirá en las próximas semanas en la mentalidad y la forma de proceder de este sector de la comunidad cubana, que cerrará puertas con mayor fuerza aún frente al resto del país y practicará una mentalidad de aislamiento y el sentimiento de víctima con obstinación y rencor.

Estos sentimientos es seguro que se acentuarán a partir de la toma de posesión de Obama el próximo enero, ya que durante su campaña éste prometió no sólo levantar las restricciones a los viajes familiares, que obligan a los cubanoamericanos a esperar tres años para visitar a sus parientes inmediatos en la Isla, sino eliminar el límite impuesto al dinero que pueden enviarles.

También indicó que estaría dispuesto a reunirse con el gobernante Raúl Castro, sin imponer precondiciones para un diálogo.

Sin embargo, las preocupaciones de una parte del exilio cubano en Miami palidecen ante los enormes retos que enfrentará el nuevo inquilino de la Casa Blanca.

Los expertos consideran que algunos de estos problemas son iguales o mayores de los que haya afrontado cualquier presidente norteamericano desde por lo menos 1981, cuando Estados Unidos cayó en una seria recesión con su prestigio en decadencia en todo el mundo.

Obama tendrá que dirigir un país sumido en el declive económico más serio que ha tenido en una generación, con un gobierno abrumado por un déficit federal que se acerca a 1 billón de dólares este año; una nación con más de 183.000 de sus hijos e hijas enfrascados en conflictos bélicos en Irak y Afganistán. También hereda una guerra global antiterrorista y varios Estados extranjeros hostiles, con diferencias que van desde la posición francamente hostil de Teherán hasta el desafío en diversos frentes de Moscú.

Para enfrentar estos problemas diversos, no sólo cuenta con sus cualidades personales, sino también con algo tan importante como el hecho de haber ganado más votos que cualquier otro demócrata desde Lyndon B. Johnson en 1964. También, al igual que Johnson, asumirá el cargo con sólidas mayorías demócratas en ambas cámaras del Congreso. Hay, por lo tanto, razones para la esperanza.


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Barack Obama, tras el triunfo electoral, el 4 de noviembre. (AP)Foto

Barack Obama, tras el triunfo electoral, el 4 de noviembre. (AP)

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