Actualizado: 15/11/2019 19:53
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Una expulsión anunciada

Petróleo y soberanía: ¿Hasta dónde puede llegar el régimen en un tema tan sensible para el futuro de Cuba?

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Un puñado de vendepatrias

Me encuentro así ante un nuevo asedio de interrogaciones. ¿Los cubanos "empresarios", que obviamente representan a Fidel Castro, son más pragmáticos que los mexicanos? ¿Están más dispuestos a vender, ceder, involucrar o empeñar una parte de la supuesta soberanía nacional al mejor postor, en este caso las empresas norteamericanas? ¿O están simplemente jugando una partida de ajedrez a ciegas?

La pregunta más importante es, sin embargo, mucho más simple: ¿por qué los cubanos tienen que soportar que una banda de mercachifles, sin legitimidad alguna, se apreste a negociar lo que ni siquiera sabemos a ciencia si existe, o al menos no se conoce lo suficiente? ¿Quién le ha dado a un tal Pérez, viceministro de no sé qué, y a sus quince canchanchanes, entre los cuales deben figurar varios oligofrénicos miembros de la llamada Seguridad del Estado; quién les ha dado, repito, la facultad de hablar por nosotros y, por lo tanto, ser objeto de una expulsión cuya crónica debió estar debidamente anunciada?

¿Pueden reunirse y eventualmente acordar cuanto quieran, en nombre del pueblo y de los recursos naturales de la nación cubana, un puñado de funcionarios designados de dedo para hablar con empresas que, por su parte, debían estar muy bien asesoradas por sus abogados acerca de las consecuencias de ese encuentro?

Pueden, lo hemos visto, en éste y en otros muchos casos de los que ni siquiera hemos tenido noticias. Pero es necesario hacer una aclaración: ellos no nos representan, no son nuestros expulsados, han sido expulsados porque en realidad son un puñado de vendepatrias para beneficio de un Patriarca en su otoño senil.

Lo primero que debe exigirse es que todo lo de Cuba, en particular un recurso como el petróleo —una riqueza natural no renovable, producto de la descomposición orgánica a lo largo de millones de años y cuyo agotamiento a nivel planetario es previsible en un futuro no muy lejano—, se haga a la luz del sol, sin excluir desde luego las negociaciones pertinentes con el capital extranjero.

Es necesario reclamar, con toda firmeza, que todo cuanto comprometa el mañana de la nación sea del conocimiento amplio y cuente con la anuencia democrática de quienes viven y sufren allá en la Isla o en la inmensa patria del amor y la solidaridad dondequiera que estemos.


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