Actualizado: 21/10/2019 9:39
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Una expulsión anunciada

Petróleo y soberanía: ¿Hasta dónde puede llegar el régimen en un tema tan sensible para el futuro de Cuba?

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No conozco el trasfondo de la llamada expulsión hace unos días de los "empresarios" cubanos del hotel María Isabel Sheraton, en la Ciudad de México. Pero todo el asunto me impulsa, acaso me expulsa, a hacerme numerosas preguntas. En primer lugar, como se sabe, se ha hablado de la aplicación extraterritorial en México de la Ley Helms-Burtons. Ese es un tema al que no necesito referirme en esta nota, dedicada solamente a formular algunas preguntas.

La primera interrogación es muy sencilla: ¿qué hacían unos funcionarios cubanos —eufemísticamente llamados empresarios— reunidos con los representantes de muy importantes grupos y empresas norteamericanas de alcance mundial, como la Exxon, en un hotel de la Ciudad de México, sin que la población cubana supiera que se iban a juntar para no se sabe qué, con respecto a quién sabe qué del petróleo que nadie sabe qué?

Todo se hacía a espaldas de la casi totalidad de los cubanos, que son los únicos y legítimos dueños de cuanta riqueza exista o pueda existir en la tierra, bajo tierra, en el mar, el aire o el espacio de la nación. Y que no nos digan, una vez más, que "en secreto tenía que ser", porque hay que ser muy inocente, menso o estúpido para creerse que una delegación tan importante de empresarios norteamericanos se iba a reunir con funcionarios cubanos a unos pocos metros de la embajada norteamericana en la Ciudad de México, sin que se enterara el más simple de los empleados del gobierno estadounidense.

El secreto y la falta de transparencia es, como siempre, para el cubano de a pie, que nunca se entera de lo que traman o acuerdan en la cúpula del sistema autocrático de Fidel Castro. ¿O es que todo era un paripé destinado a tenderle una trampa a los mexicanos o, como se dice aquí, a medirle el agua a los camotes?

La soberanía nacional

Por otra parte, y desde el punto de vista de un ciudadano mexicano, debe recordarse que en 1938 el presidente Lázaro Cárdenas nacionalizó la industria petrolera del país. A partir de entonces, y hasta nuestros días, no hay la menor posibilidad constitucional de que ese recurso natural sea negociado, en sentido alguno, con ninguna empresa extranjera. Para muchos mexicanos, hablar de privatización, coparticipación, colaboración o cualquier otra forma de intervención del capital extranjero en la industria petrolera es vender, poner en duda o arriesgar la soberanía nacional.

La llamada Reforma Energética, que por otra parte pudiera significar una apertura al futuro, está congelada, por no decir muerta, en los órganos legislativos mexicanos. Si alguna vez se filtrara que PEMEX, la empresa estatal encargada del petróleo, entra en conversaciones de negocios con Exxon, o con cualquiera de los grupos norteamericanos representados en la famosa junta del hotel Sheraton, inmediatamente se rasgarían las vestiduras los más conspicuos legisladores, funcionarios, analistas políticos, periodistas y líderes locales: ¡está en peligro la soberanía nacional!


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