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Actualizado: 07/08/2020 16:54

Exilio, Puerto Rico, Payá

Efemérides de la Contrarrevolución Cubana

Cuba y Puerto: asesinatos, pruebas, juicios y diferencias

El 30 de abril de 1979, Carlos Muñiz Varela fue baleado de muerte en Guaynabo, suburbio de San Juan de Puerto Rico. Hasta hoy nadie ha sido encausado como Dios manda por aquel asesinato. Muñiz Varela gerenciaba la empresa Viajes Varadero, luego de haber integrado el primer contingente de la Brigada Antonio Maceo (1977) y el Comité de los 75 (1978) que Castro escogió al efecto de dialogar con la emigración cubana para trasquilarla en la industria de viajes, envíos y otros servicios a precios monopólicos.

Atentado

A las 5:45 de la tarde de aquel u otro día [1], Muñiz Varela conducía su Volvo 1979 a casa de su madre, Idania Varela, pero dos cuadras antes fue baleado desde otro vehículo. Un proyectil calibre 45 laceró la tercera cervical y Muñiz Varela perdió el control del auto, que se volcó al chocar cuesta abajo contra un árbol. Sería ultimado con tiro de gracia sobre la ceja derecha que le atravesó el cráneo. Dentro de su cartera de mano, la policía ocuparía una pistola P.P.K. de 9 mm “con la serie mutilada [y] un peine de 7 balas”.

El presidente del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP), René Rodríguez Cruz, dio enseguida el pésame al gerente sucesor de Viajes Varadero, Raúl “El Bizco” Alzaga Manresa, en telegrama que concluía así: “Ahora más que nunca: ¡Patria o Muerte! ¡Venceremos!” [2]. Al sepelio alguien envió una corona con las iniciales H.P. Familiares y allegados interpretaron esto como acción despectiva de la bandería anticastrista.

Sospechosos

Aquel día Muñiz Varela tenía previsto ir con su empleada, pareja y colega maceíta Edith Cabrera a cenar en casa de Susel Cámara, otra empleada de Viajes Varadero. Cabrera atizaría el fuego imputando el crimen al exiliado cubano Armando Ruiz Maceiras, veterano de la Brigada 2506. Un par de días antes del asesinato, él jugaba dominó en casa del padre de Cabrera y ella empezó a hablar de Muñiz Varela y los viajes a Cuba. Ruiz Maceiras se indignó y espetó que a Muñiz Varela “lo que deberían darle eran dos balazos en la cabeza”. Aunque fue requerido por la policía, Ruiz Maceiras se libró de la acusación tras ser presentado para el reconocimiento a testigos del crimen sin que pudieran identificarlo.

La agitprop castrista repartiría entonces acusaciones contra otros exiliados: Pepe Canosa, Israel Romero, Osvaldo Bencomo, Miguel Lluis, Sergio Ramos, Secundino Guerra, Ramón Álvarez y Ernesto Lluesma [3]. La izquierda puertorriqueña filocastrista agregaría a otros exiliados: Reynol y Roger Rodríguez, Julio Labatut, Nicolás Nogueras, Waldo Pimental y Otto Poland Azoy, así como a dos oficiales de la policía puertorriqueña: Alejo Maldonado y Luis Ramos [4]. El finado historiador Antonio de la Cova ejercía entonces el periodismo en Puerto Rico y se mofó del alegato de conspiración entre 16 o más personas para liquidar a Muniz Varela. De la Cova escribió que “hubiera sido necesario disparar desde una guagua para involucrarlos a todos”.

Cuba y Puerto Rico: ¿dos alas del mismo pájaro?

A la vuelta de cuatro décadas, el Departamento de Justicia de Puerto Rico y el FBI aún trabajan en la investigación del asesinato. El fiscal Pedro Berríos Lara pergeña el primer expediente penal digitalizado en la historia del Departamento de Justicia de Puerto Rico, con intención declarada de prevenir extravíos y esclarecer por fin quiénes fueron los asesinos.

Entretanto la muerte más discutida en Cuba —ya pasó el carnaval de la desaparición de Camilo Cienfuegos— quizás corresponda al líder cristiano disidente Oswaldo Payá, que el único testigo presencial, Ángel Carromero, cuenta en su libro de extraño título: Muerte bajo sospecha (Anaya, 2014). Aunque hasta la Biblia prescribe que no hay caso penal con un solo testigo, el asesinato de Estado cometido contra Payá y su cuadro juvenil Harold Cepero marcaría la aguda diferencia de que, mientras en Puerto Rico se habrían ocultado las pruebas de quién mató a Muñiz Varela, en Cuba se habrían presentado en juicio las pruebas de que nadie más que Carromero mató a Payá y Cepero. Y esto se habría conseguido amañando el juicio mediante la confabulación de las siguientes personas:

  • El policía patrullero Yoandris Rodríguez
  • Los guajiros Wilber Rondón, José Antonio Duque de Estrada y Lázaro Miguel Parra
  • Los peritos de la Dirección de Criminalística (MININT) Misael Fontes, Inardi Reyes y Jorge Fonseca, junto con otro de Ingeniería del Tránsito, Fidel Núñez
  • El botánico Luis Catasus, el físico Jorge Alberto Cuba y los médicos forenses Manuel Felipe Ledea, Halina Pérez y Alicia Mariene Basante
  • La abogada cubana Dorisbel Rojas y su asistente Alejandro Millares
  • El abogado español José María Viñals y su asistente Lismary Suárez
  • Los cónsules españoles Alvaro Kirpatrick (adjunto) y Tomás Rodríguez (general)
  • El agregado de policía en la embajada de España en Cuba, Vicente Cuesta Macho

Coda

¿Cuba y Puerto Rico serán de un pájaro las dos alas: una para ocultar y otra para mostrar?

Notas

[1] El 30 de abril de 1979 consta en la demanda interpuesta el 25 de septiembre de 1984 por Pilar Pérez, viuda de Muniz Varela, contra el médico forense Rafael Criado y el periodista Antonio de la Cova por haber publicado éste fotos de la autopsia. Cubadebate y otros medios indican el 28.

[2] Muñiz Varela fue ensalzado como “mártir y héroe de la revolución cubana” y su obituario elogió que “desde muy temprana edad se unió a la lucha del pueblo de Puerto Rico, donde ocupó cargos de dirección en los siguientes movimientos revolucionarios: Juventud Independentista Universitaria, Partido Independentista Puertorriqueño, Movimiento Socialista Popular, Unión de Juventudes Socialistas y candidato a militante del Partido Socialista Puertorriqueño”. Cf.: Bohemia, 11 de mayo de 1979, 51.

[3] Vid.: Betancourt, Luis Adrián: ¿Por qué Carlos?, Letras Cubanas (1981), 14. 112 s.

[4] E.g.: “Arquitectos del asesinato de Carlos Muñiz”, Claridad, 6 de abril de 1984, 3.

© cubaencuentro

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