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Sociedad

Guiso con picante

Momias, 'reformistas' y guerreros de la vieja guardia se cuecen en la olla de los 'cambios para perfeccionar el socialismo'.


No hace falta tener nariz de perro para distinguir por su olor peculiar cada uno de los ingredientes del guiso que hoy hierve en nuestra cocina de los altos.

Momias del comunismo ortodoxo, reformistas de sinuoso verbo, fidelistas robóticos inoculados con el tósigo del poder, y guerreros de la vieja guardia que creen tener y tienen el uno vitalicio en la cola para el reenganche, se cuecen juntos en la olla que aquí llaman "cambios para perfeccionar el socialismo".

Juntos pero no revueltos, ni siquiera lo suficientemente integrados como para que se abstengan de marcar matices propios en cada acto, ante cada una de las disposiciones y aun en cada discurso. Si concurren armónicamente para el espesado general, debe ser porque saben que está en juego la parcela, por la convicción de que en la defensa del consenso radica su única alternativa, al menos de momento, y quizás también porque todavía es muy pronto para que hayan perdido el reflejo de la disciplina pretoriana.

Por lo demás, descontando el ingrediente pueblo, que nunca ha sido vianda ni tocino en nuestros guisos celestiales, resulta fácil detectar lo que aporta y lo que resta cada cual al cocinado, que debe ir aumentando su picante según se cuaja.

Esto es algo bueno y malo a la vez. Bueno, porque representa un paso, digamos de avance, con respecto al sancocho de sazón única y pesada digestión que sufrimos en los decenios anteriores. Malo, porque tantos sabores pujantes, que lejos de complementarse se contaminan, podrían convertir el guiso en agua de churre. Bueno, por lo que promete, más que por lo que ofrece. Malo, en tanto muestra el mucho fuego que aún demanda la olla. Bueno, porque es preferible a lo peor. Malo, porque demora y frena lo mejor...

En cualquier caso, aunque no sean iguales y aun cuando al final no defiendan lo mismo, hay un punto en el que sí parecen consustanciarse los cuatro ingredientes básicos que ahora espesan nuestro guiso reformista: mientras ellos existan y estén juntos, no habrá cabida dentro de la olla ni para el más leve grano de pimienta aportado por la oposición. Ya demasiado parece costarle revolver intereses contradictorios, aunque en función de un objetivo común. Pero está claro que la participación pluralista les fermentaría el guiso.

Si alguna duda pudo surgir al respecto, el periódico Granma se encargó de despejarla recientemente con el titular "No habrá espacio para la subversión en Cuba''.

Tal vez no hayamos reparado suficientemente en que justo quienes concibieron y firman ese titular, se encuentran hoy entre los primeros subversivos que deberá enfrentar cualquier proceso de cambios —si son auténticos— para nuestra Isla. Incluso aún cuando se trate de cambios dentro del sistema.

Otra cosa fuera si el tan llevado y traído guiso de estos días no resulta sino una nueva variante de la receta maquiavélica, muy del gusto y de la talla fidelista: "Triunfa, aunque sea por los peores medios, y acabarán por darte la razón".

© cubaencuentro

3 Comentarios


3 by Mariana Pineda (Usuario no autenticado) 22/05/2008 21:20

Muy cierto, pero es que el ingrediente pueblo ni está ni se le espera. Estuvo en Polonia, estuvo en Chequia, en Hungría...¿Por qué tanta mansedumbre en Cuba?

2 by MANSO (Usuario no autenticado) 12/05/2008 20:20

ME GUSTA SU ACERCAMIENTO Y SOBRE LA DESCRIPCION DE LOS PARTICIPANTES EN EL GUISO. MUY CLARA. Gracias por este articulo si sigue la rima me va a interesar mas. Es el "pueblo" el gran ausente cuando los politicos esgrimen tanto su nombre. Por eso todos los populismos son de cuidados y peligrosos como las serpientes venenosas.

1 by Saúl Sanfiel (Usuario no autenticado) 12/05/2008 17:40

Hermano José Hugo Fernández: Chapó.

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