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Actualizado: 15/05/2024 1:03

Sociedad

Nuevas tarifas eléctricas: El castigo colectivo

¿Corruptos e irresponsables? El igualitarismo del discurso oficial.

El nuevo incremento de las tarifas eléctricas que comenzará a aplicarse en Cuba, no debe resultar una sorpresa para nadie. En la extensa alocución del pasado 17 de noviembre, en el Aula Magna de la Universidad de La Habana, ya el jefe de Gobierno hacía algunas referencias tangenciales a los "precios subsidiados de la energía eléctrica", los que —decía— no fomentan en el ciudadano el desarrollo de una conciencia de ahorro. Para la mayoría, este aparentemente simple comentario era toda una premonición a corto plazo. Y ya se consumó el hecho.

El periódico Granma —hoja pastoral, según expresión de una amiga extranjera que, en su primer viaje a Cuba, se sorprendió de encontrar aquellos cuatro pliegos de papel donde hay muy pocas noticias y muchas orientaciones del "Papa" dirigiendo el culto— publicó el 22 de noviembre las nuevas disposiciones que incrementan las tarifas eléctricas en el país.

Estas se "fundamentan", entre otras consideraciones de tipo económico (relacionadas con el aumento de los precios del petróleo en el mercado internacional), en el hecho subjetivo de "que es evidente en nuestro país la despreocupación de la ciudadanía en cuanto al gasto de electricidad dados los ínfimos precios de la misma". Más adelante se considera que, "por otro lado, existen grandes desigualdades de ingresos entre los que perciben pensiones y salarios relativamente bajos y los que se benefician de grandes ingresos monetarios derivados de especulaciones, desvíos de recursos y otras formas de enriquecimiento ilícito".

Más allá de la significación de tales incrementos para la ya precaria economía del ciudadano cubano, resulta insólito el solo hecho de reconocer las actividades ilícitas como una de las razones para encarecer el servicio de energía eléctrica en Cuba y de considerar a los ciudadanos, en general, como unos irresponsables despreocupados por el gasto de energía.

Se precisa de mucho cinismo para castigar colectivamente a un pueblo que vive sufriendo largos apagones por los constantes cortes del fluido, cuando pocos meses atrás fue el propio jefe de Estado el que desató todo un alarde de entrega de ollas arroceras, cocinas eléctricas, ventiladores y refrigeradores, lo que supone un significativo incremento del consumo eléctrico. Entonces adujo la capacidad de generación que tenía el país y la intención de eliminar el uso de keroseno, con el beneficio adicional de excluir a los intermediarios que especulaban con el comercio ilícito de dicho combustible.

Aguas y lodos

Como siempre, ya todo estaba pensado y aquellas aguas trajeron estos lodos. En lo sucesivo, se mantendrá en 9 centavos el consumo de los primeros 100 kilovatios (kw) "subsidiados" por el Estado. A partir de ahí y hasta 150 kw, se incrementará a 30 centavos la tarifa de este consumo adicional, que se venía cobrando a 20 centavos; más de 150 y hasta 200 kw/h de consumo adicional, se cobrará a 40 centavos el kilovatio; más de 200 y hasta 250 kw/h, el incremento será de 60 centavos por kilovatio; de 250 y hasta 300 kw/h, el incremento será de 80 centavos por kilovatio y, por último, el consumo adicional de más de 300 kw/h sufrirá un incremento de 1 peso y treinta centavos por kilovatio.

Dicho así, en un país donde en este momento una col pequeña cuesta 10 pesos, un incremento de centavos sobre la tarifa eléctrica pudiera parecer insignificante. Pero realmente no es así, según pude comprobar mediante una sencilla revisión matemática de mis comprobantes de pago de electricidad (que suelo conservar metódicamente durante todo el año), lo cual evidenció que en un mes, digamos enero —de bajo consumo eléctrico porque no se usan ventiladores y tampoco es una época en que toda la familia esté en casa: abriendo el refrigerador, mirando la televisión, etcétera—, la tarifa se incrementará en 14 pesos por igual consumo.

Es decir, un incremento de 14 pesos en una familia de cuatro miembros, en la que sólo uno de ellos estudia y los otros tres trabajan y perciben lo que puede considerarse "salarios elevados" en Cuba, resulta alarmante si se contrasta con el consumo que tendremos en junio, julio, agosto y septiembre, los meses más tórridos del año.

En los hogares más pobres, compuestos de muchos miembros y en condiciones de hacinamiento, con escasas entradas salariales y con bajos salarios, la nueva tarifa establecerá un panorama verdaderamente dramático. Toda vez que Castro ha sido tajante en cuanto a los cortes eléctricos por impago, o a las sanciones por "tendederas" eléctricas clandestinas, otro de los recursos ilegales, comúnmente utilizado para tratar de superar los escollos de la economía familiar.

Paralelamente, se ha anunciado un nuevo incremento de algunos salarios y de las pensiones de jubilados más bajas, con el objetivo —se dice— de continuar eliminando las diferencias de poder adquisitivo en la población. Es toda una jugada de engaño: son más elevadas las nuevas tarifas eléctricas que los muy discretos aumentos salariales. Como corolario, el Estado lleva la mejor parte: el saldo está a su favor… una vez más.

Generalizar la pobreza

Por su parte, aquellos a los que se pretende castigar más duramente, los "corruptos", los que viven de la especulación y de ingresos mal habidos, pueden cómodamente pagar cualquier incremento que se imponga o, sencillamente, crearán una nueva cadena de sobornos con los cobradores de la electricidad.

La historia de Cuba bajo el gobierno de Castro ha demostrado no sólo la inoperancia de cada medida económica, sino la increíble capacidad de los cubanos para crear recursos de supervivencia al margen de las leyes "revolucionarias". Las nuevas medidas acrecientan la brecha entre los más pobres y los nuevos ricos. Muchos de estos últimos, por cierto, están vinculados a entidades estatales, y disfrazan sus ilegalidades a la sombra de empresas o negocios oficiales.

El falso igualitarismo, que el Partido-Estado denomina "igualdad", sólo ha logrado generalizar la pobreza en Cuba, sin que se perciba la menor señal de mejoría, pese a las promesas huecas de "seguir avanzando en las condiciones de vida del pueblo". Es el mismo igualitarismo que en el discurso oficial nos hace tanto "revolucionarios y heroicos" como "corruptos o irresponsables", según convenga al poder.

También, al parecer, corresponde al pueblo de Cuba, como siempre, asumir los gastos por el consumo de energía eléctrica que supone el establecimiento de equipos de aire acondicionado y de plantas generadoras, en aquellas instalaciones destinadas a albergar venezolanos beneficiados con la Operación Milagro (que supone para ellos intervenciones quirúrgicas y asistencia médica especializada, en general); o todos los gastos que se derivan del enorme consumo de energía de las tareas priorizadas por la tristemente célebre "batalla de ideas".

El Estado, en Cuba, en la figura de un solo individuo, se erige como dador de bienes, dispensador de dádivas y prebendas selectivas, y asignador de castigos a voluntad. Parece olvidar, en medio de tanta prepotencia, que el Estado es huérfano, que no cuenta con riquezas propias sino que parasita —con su enorme cuerpo burocrático— sobre el verdadero productor de bienes y servicios, que es el ciudadano común.

Este ciudadano es quien aporta la economía que sustenta los servicios básicos de salud y educación, así como todos los descabellados planes de "desarrollo económico" o de politiquería solidaria que se le ocurren al sujeto-Estado, sin que siquiera tenga derecho, no ya a influir en las decisiones económicas, sino tampoco a recibir la información sobre el destino de los ingresos que le escamotea el gobierno que —además— exige fidelidad y gratitud.

La aparente tranquilidad con que los cubanos han recibido este nuevo gravamen, en contraste con la inconformidad creciente que se manifiesta en las opiniones, expuestas ya a viva voz en la calle, en las bodegas, en las atestadas paradas de ómnibus, en cualquier punto de pueblos y ciudades, hace sentir la atmósfera tensa y caldeada. Con toda seguridad, esta nueva gota en la copa ya colmada tendrá, como efectos inmediatos, más descontento, más ilegalidades y más corrupción. El Estado da el ejemplo.

© cubaencuentro

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