Sociedad
Nuevo curso escolar
El tono triunfalista no oculta las dificultades y laberintos que sufre el otrora orgullo de la otrora revolución.
El 4, como cada año el primer lunes de septiembre, dio inicio el nuevo curso escolar en Cuba. Este año hablaron los ministros del ramo: Luis Ignacio Gómez (Educación) y Juan Vela Valdés (Educación Superior). El obligado tono triunfalista no pudo ocultar las insondables dificultades, los obstáculos y laberintos que sufre el otrora orgullo de la otrora revolución.
Para los que pensamos que tras la rugosa —inevitable— transición democrática, deben mantenerse la nacionalización, gratuidad y obligatoriedad (hasta el grado 9) del sistema de educación, la lectura reflexiva del panorama ofrece un paisaje desolador. Aquí se halla una de las más escabrosas dificultades que afrontará un gobierno que saludablemente permita disentir, opinar en contra de sí mismo y de sus funcionarios, de sus obligaciones.
Desaparecida la actual impunidad administrativa, ningún ministro podrá edulcorar el aceite ricino. Habrá —tendremos— que afrontar sin mentiras ni argucias la lastimera situación de nuestras aulas. Y no ya lo obvio: planes de estudio, programas de asignaturas, libros de textos y materiales audiovisuales. No ya la eliminación del sectarismo ateo y su sustitución por el carácter laico, de la sectaria politización y sus organizaciones. No ya el replanteamiento integral de escuelas en o al campo y de los planes de becas contrafamiliares. No ya tanto y mucho, harto conocido.
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El último o penúltimo ministro de Educación de la dictadura —así ya la califica hasta Oscar Arias, Nobel de la Paz, actual presidente de Costa Rica— discursea con brutal hipocresía que para el recién iniciado curso se repararon 423 escuelas. Oculta que de un total de 13.400. Es decir, apenas el 3,1%, y desde luego que no refiere qué "repararon", a lo mejor una ventana o las pizarras.
Alude a "dificultades constructivas": escuelas que no han podido iniciar las clases en cinco provincias. Y lo más grave: la cobertura de maestros de primaria y sobre todo de profesores, es crítica en cuatro provincias, las de mayor población. Ciudad de La Habana "recibe 4.200 profesores generales integrales procedentes de otras provincias". Además —terrible respecto del pasado año— comienzan en preuniversitario videoclases y teleclases, en otras palabras: tampoco hay profesores para cubrir la matrícula.
El ministro de Educación Superior anuncia 620.000 alumnos, y lo hace en la remodelación de la mitad de los albergues estudiantiles del Instituto Superior Politécnico José Antonio Echeverría (ISPJAE), donde exhibe orondo nuevos colchones y almohadas… Por favor, ni siquiera inaugura un laboratorio de bioquímica o de idiomas, la reparación de la Biblioteca Central de la Universidad de La Habana, de la que hasta hace poco fue su disipado rector. Apenas balbucea que llegará de China un laboratorio de Física. Ni un cuarto de palabra acerca de universidades —como la de Pinar del Río— y escuelas —como la de Letras en Zapata y G— que hace años necesitan arreglos elementales.
Y ahora viene lo más amargo: sigue hablando del más ostentoso fraude educativo jamás cometido en Cuba: la universalización de la enseñanza universitaria. Nadie con experiencia docente —salvo los "periodistas" de Granma, expertos en monográficos de ocultismo— puede concebir un plan más descabellado, salvo que sus fines no sean que la gente aprenda, sino tenerlos entretenidos —sobre todo a los trabajadores cesanteados o a los graduados sin empleo— y de paso proseguir el adoctrinamiento ordenado por la "batalla de ideas".
Los dos ministros —¿quién podría sustentar sus respectivas idoneidades?— terminan sus discursos como si se tratara de una fiesta de quince, donde la agraciada con lo inexorable exhibe su traje cursi y largo, arcaico y rosado.
Ninguno hizo la menor referencia a que prosigue el éxodo o la precipitada jubilación de docentes, a que los institutos pedagógicos continúan nutriéndose de los alumnos menos aventajados, a que la gente en la calle les llama "pobresores" por sus salarios, por la carencia de estímulos, por las vigilancias ideológicas "bajadas" desde el Partido, por las goteras o los pupitres rotos, porque no hay papel para los exámenes e ir al baño se convierte en un descenso al infierno, por el almuerzo de homenaje a Mahatma Gandhi y las guaguas que leen a Kafka…
Ninguno de los flamantes o flamígeros funcionarios inauguró el nuevo período escolar con una leve —aunque fuera irrisoria— alusión a las expectativas de calidad de vida, ni siquiera a qué factores espirituales la determinan, la pueden enriquecer o empobrecer… Fueron discursos plúmbeos, de ese plomo derretido que no ve más allá de una agenda burocrática llena de datos, consignas, lugares comunes. Sorprende —eso sí— que no citaran a José Martí como siempre: fuera de tiempo, lugar y costumbres.
Acaba de comenzar otro curso escolar en la patria… La patria que obligará a una enorme inversión en la construcción y reconstrucción de las escuelas y sus medios, desde el preescolar hasta las universidades. La patria que tendrá que asumir el desastre, respirar hondo, acordarse de cuando en los sesenta fuimos casi un modelo y proponerse la formación real —no para la propaganda— de maestros y profesores. Cada curso bajo la dictadura agrava los retos.
© cubaencuentro
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