Humor
Patria o etanol
Intercambio de papeles: Raúl al poder, Fidel al alcohol y Moratinos al mojito.
La heroica insurrección cibernética encabezada por los intelectuales de la Isla meses atrás, comienza a rendir dividendos. No me refiero a la frenética repartición de premios y homenajes que puso fin al intercambio de emails que sacudió las redes cubanas en aquellos días.
Los premios y homenajes están muy bien, pero no sólo de diplomas vive el hombre. También se necesitan cosas más elevadas y con esto no aludo necesariamente a ser usuario de Cubana de Aviación. Porque viajes también se repartieron, y aunque en ciertos casos se trató de itinerarios interprovinciales, no hay que tenerlos en menos si consideramos que los precios de los pasajes nacionales se han elevado hasta un 300%.
Y que lo digan nuestros hermanos palestinos, para quienes viajar de Jiguaní a La Habana con una jaba de malangas es más difícil que ir de la franja de Gaza a Jerusalén con un cartel colgado en el cuello que diga: "No tocar: hombre-bomba". (Por eso, aunque no es el tema central de esta columna, aprovecho para exigir ¡Libertad para el hermano pueblo palestino!).
Gorki, el único libre
Hablando de libertad, ese es justamente el máximo logro alcanzado por la pasada rebeldía de los intelectuales: la libertad de expresión. No, no bromeo. Son impresionantes los amplios espacios de libertad conquistados por los intelectuales en los últimos meses. El único problema es que sólo uno está haciendo uso de ellos: Gorki Águila (o Carrasco, depende cómo le vayan las relaciones con su padre), líder de la banda cubana de punk rock Porno para Ricardo.
Se sabe que en Cuba hay una gran libertad para expresar cualquier tipo de crítica al imperialismo y a alguno de sus aliados, elegido previamente por el Comandante, lo mismo Europa que los mosquitos. Sin embargo, en una entrevista divulgada en internet, Gorki, ataviado con una pañoleta roja de pionero, declaró que no se sumaba "a la ideología de mierda de este país". Y más adelante, por si había dudas, aclaró que se refería a la ideología comu… (bleep).
Hay que admitir que estas declaraciones son bastante inusuales en la Isla, porque hace un tiempo, sólo por usar la pañoleta en esa entrevista, lo habrían metido diez años preso acusado de uso incorrecto del uniforme y maltrato a la propiedad social. Pero el uso de la libertad de expresión por parte de Gorki no se limita a eso: es autor de lemas como "Aleja a tus hijos de la droga. O mucho mejor: aléjate a ti, a tus hijos y a toda tu familia de la policía", y de una canción difundida en internet con el título de El Comandante, donde exhorta al susodicho a cambiar de dieta. Básicamente, Gorki le recomienda no comer tanta (bleep).
Por supuesto que los intelectuales cubanos no se han dejado impresionar por el ejemplo del roquero. Dicen que eso no se vale, porque si él habla con esa libertad es gracias al uso de sustancias prohibidas, lo cual está en contra del espíritu olímpico. Que cuando ellos se dan dos tragos de alcohol, también dicen sus cositas subversivas. Eso sí, bajando bien la voz y en un lugar en que tengan seguridad de que no hay micrófonos; tratándose de Cuba, equivale a decir en medio de la Ciénaga de Zapata.
Hablar de alcohol en estos días, hace que uno piense en el Coman… (bleep). No ha sido Gorki el único en aprovechar las nuevas posibilidades de la libertad de expresión en la Isla. No es que el Coman… (bleep) haya seguido los consejos de Gorki. El Coman… (bleep), no obstante a estar sometido a dieta blanda, sigue siendo el mismo come… (bleep) que todos conocemos, pero al menos su delicado estado de salud lo ha librado de hablar de los mismos temas de siempre.
Ahora, escribe en lugar de hablar. En vez de por las ollas arroceras, le ha dado por reflexionar sobre el etanol, tema en el que sabemos que el principal experto no es él, sino su hermano. Es lo que llamo un intercambio de papeles: el hermano al poder y el Coman… (bleep) al alcohol.
Ni caña, ni etanol, ni comida, ni nada
El problema es que ninguno de los dos parece muy complacido con el cambio. Raúl no sabe qué hacer con el poder y el Coman… (bleep) se opone a hacer cualquier cosa con el alcohol, sobre todo si se trata de usarlo como combustible. La preocupación del Coman… (bleep) es válida: ¿se imaginan los asaltos a los Cupet en tiempo de carnavales? Pero al Coman… (bleep), que sabe por experiencia propia que los asaltos en época de carnavales no llevan a ningún lado, le preocupan los efectos que puede traer para el planeta tanto alcohol. Bastante tiene con los efectos que ha producido en su hermano.
El Coman… (bleep) reflexiona que si se emplea toda esa tierra en producir alcohol como combustible, ¿de dónde van a salir los alimentos? Cuando le ha tocado resolver esa disyuntiva, el Coman… (bleep) ha sido mucho más radical: ni caña, ni etanol, ni comida, ni nada.
Él prefiere utilizar las tierras en el cultivo del marabú, que, como se sabe, es una planta estratégica: además de un símbolo de lo que puede lograr el socialismo cuando se aplica en tierras tropicales, sirve para que Hugo Chávez le coja lástima, le mande petróleo para vender, y con ese dinero compre pollos congelados a los americanos.
El problema es que si los americanos, en vez de criar pollos, se ponen a producir etanol, se rompería el ciclo marabú-lástima-petróleo-pollo congelado, el único que hasta ahora ha demostrado ser perfectamente ecológico. Tanto es así que Cuba ha sido declarada por el Fondo Mundial de la Naturaleza único país en el mundo que cumple con los parámetros del desarrollo sostenible, gracias a que su consumo por habitante es inferior al de una planta de marabú.
El problema es que si se rompe el ciclo marabú-lástima-petróleo-pollo congelado, los cubanos y el marabú se quedarán a solas frente a frente, y entonces habrá apenas dos opciones: los cubanos se comen el marabú o el marabú se come a los cubanos. Lo primero no preocupa demasiado, porque aunque el marabú está lleno de espinas, los compatriotas están entrenados con el pescado que vende el gobierno.
Sin embargo, el triunfo del marabú llevaría inevitablemente a la caída del régimen: por muy resistente que sea el marabú, dudo que tenga el mismo nivel de aguante de nosotros los cubanos.
El etanol de Moratinos
Dejemos al Coman… (bleep), entretenido como está con el etanol (¿acaso hay algo más entretenido?), y pasemos a otra noticia que también involucra al etanol, aunque en una variante autóctona y refrescante: el mojito. Se trata de la visita a La Habana del canciller español, Miguel Ángel Moratinos. Hay un montón de gente ofendida con esa visita.
Unos piensan que era mejor que Moratinos se hubiera quedado en España. Otros, que el que debió quedarse en España era el padre del Coman… (bleep). Pero no. Moratinos decidió viajar a La Habana, en vez de quedarse lidiando con el tráfico de carretera de Semana Santa. Y como el canciller ni se reunió con los disidentes, ni exigió la liberación de presos políticos, todos se indignaron.
Todos, menos Menoyo [Eloy Gutiérrez, el comandante zen], que no consigue indignarse ni aunque lo inviten a un campeonato mundial de escupidas en el papel estelar de tiro al blanco.
Tiene razón, ¿qué sentido tiene que alguien vaya a Cuba para reunirse con disidentes? Como dijo Gaspar Llamazares, coordinador general del partido español Izquierda Unida (ÑHMS, según sus siglas en ñáñigo, que significan: Ñángaras Hasta que la Muerte nos Separe), "los disidentes forman parte de la realidad cubana". Así mismo, son parte de la realidad, como los baches y el marabú. Una cosa es reconocer que un bache es parte de la realidad y otra distinta es ponerse a hablar con ese bache o pedir que le den derecho al voto.
Como ya dijimos, el encuentro entre funcionarios cubanos y españoles fue presidido por esa apetecida versión del etanol conocida como mojito. Quedó demostrado que quizás el etanol sea un desastre para la humanidad, pero hace funcionar de lo más bien las relaciones diplomáticas.
Después que Moratinos anunció que iban a hablar de derechos humanos, el canciller cubano Pérez Roque, más conocido como PEB (Producto Externo Bruto), dijo que los presos políticos quedaban fuera de las conversaciones, porque eran "ilegales, inmorales o engordan". No, esa es una canción de Roberto Carlos.
En realidad, dijo que los presos políticos eran mercenarios, terroristas o no existían. Concordarán conmigo en que ni siquiera a un ministro español debe escapársele que hablar en Cuba de derechos humanos sin mencionar a los presos, es como hablar de la esclavitud sin mencionar a los esclavos, o si los mencionaran, decir que son inmigrantes ilegales a los que generosamente se les ha ofrecido trabajo con alojamiento perpetuo incluído, además de plena satisfacción de sus necesidades masoquistas.
En aquel momento de tensión provocado por su colega caribeño, el canciller español se zambulló en el primer mojito que encontró a mano y salió diciendo: "Hemos discutido todos los temas en un clima de confianza, de entendimiento y de respeto". Eso equivale en lenguaje diplomático a lo que en música es el "De do do do de da da da", de The Police, o aquel merengue metafísico que decía: "es un merengue sin letra, es un merengue sin letra, no dice nada, no dice nada".
Mientras tanto, se espera con ansiedad el regreso al poder del Coman… (bleep) el próximo 28 de abril, que tanto le echa de menos. Nadie está tan ansioso como su hermano Raúl, cansado de sus obligaciones de estadista, entre las cuales andar sobrio es la más compleja, sin duda.
Además, no entiende por qué su hermano la ha cogido con el etanol, con lo buen combustible que ha demostrado ser: las cinco provincias orientales funcionan a base de etanol, sobre todo en tiempo de carnavales, y el hermano pueblo palestino nunca se ha quejado.
© cubaencuentro
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