Política
Telenovela y turismo
Los familiares de los cinco espías detenidos en Estados Unidos no se bajan del avión a costa del erario público.
Sólo después de la devolución del niño Elián González, el gobierno decidió informarle a la opinión pública nacional que a cinco miembros de la Seguridad del Estado se le habían impuesto severas condenas en Estados Unidos por delitos de espionaje y atentados contra la seguridad nacional de ese país. Sin embargo, no informó sobre los restantes miembros de la Red Avispa, que llegaron a acuerdos con la Fiscalía y se declararon culpables.
Pensaba La Habana, por aquel entonces, que las activas muestras de solidaridad de importantes personalidades mundiales a favor del acto humanitario de entregar un niño de seis años a su familia podían ser utilizadas también para lograr la liberación de Gerardo Hernández, Ramón Labañino, Antonio Guerrero, René González y Fernando González.
Tras la negativa real de muchas de estas personalidades a involucrarse en un obvio caso político-judicial, comenzó una descomunal batalla propagandística diseñada desde el Departamento Ideológico del Comité Central del Partido.
Las primeras acciones
La primera acción desplegada fue hacer creer a la ciudadanía que los espías no eran simples desconocidos, sino héroes de la patria, y que sólo luchaban contra los grupos "terroristas" de Miami.
Lograr su excarcelación no sólo debía entenderse como una batalla nacional, sino que su "injusta" prisión debía ser protestada por todos los ciudadanos. Comenzaron a publicarse fotos, testimonios y hechos que demostrasen su aún improbada inocencia. Los periódicos de la Isla comenzaron a difundir diariamente artículos leguleyos donde se exponían razones por las cuales exigir y luchar, clásico de toda campaña política del gobierno.
Actos donde se proclamase la inconformidad del pueblo con sus arrestos y condenas, marchas "populares", programas especiales de radio y televisión para exigir su liberación, no sólo constituyen hechos ya vistos, sino planes futuros.
La enorme cantidad de familiares de los convictos, muchos de ellos con años de permanencia en Estados Unidos, y otros con excelentes condiciones de vida en el interior del país, también se hicieron públicos.
El hotel del Vedado
Para la vigilancia absoluta del movimiento de cada uno de los familiares, el gobierno decidió juntarlos en un lujoso edificio de la calle 23, en la capital. Allí no sólo ocurren reuniones para elaborar estrategias políticas, sino que se deciden los viajes trasatlánticos, el vestuario de lujo, los discursos pertinentes, las fotos más sentimentales y las apariciones cuidadosas en los medios de difusión.
Dentro de los diez apartamentos que ocupan existen hasta polémicas discusiones. Allí se decide qué familia debe ir a Inglaterra y cuál a Canadá, Suiza, España, a la sede de Naciones Unidas, etcétera. Pocos se contentan con simples viajes interprovinciales. Una especie de agencia de turismo, diligenciada por el gobierno, decide el destino pertinente, con el propósito absurdo de convencer al mundo de que los espías sólo defendían al pueblo de atentados terroristas.
Los viajes nacionales ocurren con la misma frecuencia. Casi semanalmente se organizan fletes aéreos, y los recibimientos y las cenas lujosas acontecen por doquier. Es un dispositivo montado que se debate entre mostrar una imagen de sufrimiento obvia y un nivel de vida inaccesible para la mayoría de los cubanos, sobre todo para aquellos que, lejos de edificios lujosos, luchan por la libertad de los presos políticos en la Isla.
El dramatismo
Evidencias de un montaje de novela rosa son testimoniadas casi a diario. Las historias sentimentales y el dramatismo se derrochan.
Una historia de amor, digna de un best seller, es muy utilizada por la propaganda e involucra a la esposa de Gerardo Hernández. Casi con irreverente desenfado, Adriana llora ante las cámaras de televisión y viaja hasta Inglaterra pidiendo que le devuelvan a su esposo, con el cual ya no podrá tener descendencia, pues los años de prisión de su marido sobrepasarán la edad fértil.
Dos madres, una más sentimental que otra, se disputan la valía de sus hijos. Una confía claramente en el retorno y la otra, a todas luces, llora incesantemente porque sabe que se morirá sin ver al suyo. La más triste de la historias ocurre con la niña Ivette, protagonista de un documental político que la declara huérfana y muestra sus evidentes trastornos psicológicos.
Y la menos publicitada es la historia de la familia de Ramón Labañino, cuyas hijas y esposa, todas con sobrepeso, apelan a la necesidad del padre y el esposo amado.
Arleen Rodríguez Derivet, una de las periodistas ascendidas desde la orfandad intelectual con la batalla de ideas, mezcla declaraciones y argumentos en un programa de Radio Rebelde que, dice, llega al corazón de "nuestros hermanos". La música de Silvio Rodríguez y de toda la Nueva Trova, sirve de telón a un despiadado proceso de manipulación que no escatima medios, predios ni aviones.
Las diferencias
La Habana apoya y financia esta suerte de turismo político, vedado y absolutamente prohibido para las familias de los presos políticos en la Isla, que para ver a sus familiares tienen que someterse a las brutales tarifas del transporte interprovincial y aguantar la persecución y vigilancia policial. ¿Tiene lógica tanta parafernalia en el país que mantiene encerrados a más de 300 presos políticos en peores condiciones que las que gozan los cinco espías?
Lo peor es el mordaz proceso propagandístico que ante los ojos de los ciudadanos hace ver a héroes por un lado y a delincuentes por el otro.
En el informe 2007 de la organización Humans Right Watch, se deja claro que Cuba sigue siendo el único país en América Latina que reprime casi todas las formas de disidencia política y continúa ejerciendo un estricto control mediante acciones penales, detenciones a corto y largo plazo, agresiones violentas, advertencias políticas, vigilancia, arrestos domiciliarios, restricciones de viaje y despidos laborales por razones políticas.
Entonces, ¿qué razones tienen los ciudadanos para hacer suya esta telenovela de cinco actores, supuestamente inocentes, cuya familia navega en cruceros de lujo por la agreste aldea nacional? ¿Cómo pretenden que el mundo la haga suya?
Aunque Fidel Castro aseguró hace algunos años en un discurso público, que los "héroes" volverán muy pronto a la patria, la realidad confirma, hasta ahora, que de regreso no hablan ni las golondrinas.
© cubaencuentro
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