Ir al menú | Ir al contenido



CON OJOS DE LECTOR

Censura, ¿estás ahí? (V)

La falta de libertad de expresión desarrolla la lectura entre líneas, una suerte de insurrección metafórica que lleva a decir una cosa para expresar otra.

Casos como los anteriores son sólo unos pocos de los muchos que han ocurrido en la Cuba revolucionaria, pues la censura no demoró en hacer su entrada, cual siniestro e indeseable convidado de piedra. Muchas han sido las obras literarias y artísticas que han sufrido su flagelo, pero en muy contadas ocasiones eso ha sido dado a conocer. En Patterns of Censorship Around the World, Roger Reed comenta que cuando un libro es prohibido en un país democrático, los medios de comunicación suelen dar cuenta de ello. Para ilustrar su afirmación, cita el ejemplo de Spycatcher, controvertido libro escrito por Peter Wright, un antiguo agente secreto inglés. Su publicación trató de ser prohibida por el gobierno, lo cual desató un verdadero escándalo en la prensa. No se producen reacciones similares en Cuba, comenta Reed, "donde las noticias sobre la censura son también censuradas. No es difícil en un país donde el gobierno tiene el poder exclusivo de decidir qué se publica en la prensa".

En tal sentido, me parece pertinente recordar que al final de la dictadura de Fulgencio Batista en la Isla se editaban veintiocho diarios y setenta revistas. Y aunque es cierto que Hoy, el órgano del Partido Socialista Popular, estuvo prohibido desde 1950 hasta 1959, las publicaciones que circulaban cubrían un espectro bastante amplio. Había desde un diario en inglés, Havana Post, hasta otro anarquista, El Libertario. Asimismo en Bohemia aparecían trabajos abiertamente críticos contra el gobierno. Eso por no hablar de Zig-Zag, un semanario satírico y humorístico del cual yo era fiel lector. Recuerdo un número en cuya portada se leía "Pilar Mata en La Habana", titular que iba acompañado de una foto de la actriz cubana de ese nombre. En realidad, todos captaron que se trataba de un subterfugio para aludir a los asesinatos que entonces cometía en la capital Pilar García, el jefe de la policía batistiana.

"Perseguir al católico porque es católico, perseguir al protestante porque es protestante, perseguir al masón porque es masón y perseguir al rotario porque es rotario, perseguir a La Marina porque sea un periódico de tendencia derechista o perseguir a otro porque es de tendencia izquierdista, a uno porque es radical y de extrema derecha y a otro de extrema izquierda, ya no lo concibo, ni lo hará la Revolución… Lo democrático es lo que estamos haciendo nosotros: respetar todas las ideas. Cuando se comienza por cerrar un periódico, ningún periódico puede sentirse con seguridad; cuando se comienza a perseguir a un hombre por sus ideas políticas, nadie puede sentirse seguro". Me imagino que muchos pensarán que se trata de cachondeo mío, pero puedo levantar la mano derecha y jurar ante un tribunal: esas palabras las pronunció Castro el 2 de abril de 1959 en un programa de televisión trasmitido por CMQ. Comentarlas me parece de todo punto innecesario. Sólo fue necesario que transcurriera un año para que dejaran de tener sentido. O en todo caso, pasaron a convertirse exactamente en la plataforma programática de lo que NO iba a hacer la revolución.

Retomo el ejemplo de Zig-Zag al que antes aludí, para hacer notar que una de las estrategias que hace desarrollar la censura es precisamente esa lectura entre líneas. Creadores y público empiezan a comunicarse a través de un lenguaje en clave, basado en ambigüedades, paradojas, mensajes ocultos, disfraces alegóricos, símbolos crípticos. Es una suerte de insurrección metafórica, que lleva a decir una cosa para expresar otra. En la década de los noventa, Flora Lauten montó con el Teatro Buendía una adaptación de La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y de su abuela desalmada. En el contexto de la sociedad cubana posterior a la caída del muro de Berlín, el relato de García Márquez sobre la triste y esclavizada joven a quien su abuela obliga una y otra vez a vender su cuerpo adquiría otras connotaciones.

A partir de esos años, se creó un público con una sensibilidad diferente. En un país como Cuba, en donde el boca a boca —eso que popularmente se conoce como radio bemba— funciona con una admirable eficacia, la noticia de que en un espectáculo en cartel se hacían alusiones críticas o se quebrantaban ciertos tabúes incitaba esa curiosidad morbosa que siempre ha sido uno de los efectos contraproducentes de la mordaza. Uno puede imaginar, por ejemplo, lo que se suscitaba entre los asistentes a las representaciones de Manteca, de Alberto Pedro Torriente, cuando los tres protagonistas expresaban bocadillos como éstos: "Esta situación es insoportable", "¡Que se vaya!", "Esto no es justo. Nos hemos convertido en unos esclavos", "¿En qué acabará todo esto? ¿Hasta dónde vamos a llegar?". Sólo bien avanzada la obra el auditorio descubría que se referían al cerdo que habían criado clandestinamente y que han decidido sacrificar. Con mucha astucia, cuando tenían adelantado el montaje los integrantes del Teatro Mío empezaron a realizar ensayos con público, de modo que si el estreno de Manteca era finalmente prohibido, para entonces ya se habría corrido la voz.

Nada pudieron hacer, en cambio, los teatristas en los casos de los montajes censurados en las décadas anteriores. En esa lista figuran títulos como Los mangos de Caín, de Abelardo Estorino, y La toma de La Habana por los ingleses, de José Milián, que fueron suspendidos al cabo de varias presentaciones. No llegaron a pasar de los ensayos Decálogo del Apocalipsis, de Ramiro Guerra, y la puesta en escena de La dolorosa historia del amor secreto de don José Jacinto Milanés, de Estorino, que preparaba Vicente Revuelta. Asimismo en 1977 viajó a La Habana Yuri Liubímov, el prestigioso director del Teatro Taganka, uno de los nombres míticos de la escena rusa. Con el elenco de Teatro Estudio montó Los diez días que estremecieron al mundo, que fue retirado de la cartelera tras unas poquísimas representaciones. Tan pocas fueron, que la crítica que yo escribí para el diario Juventud Rebelde no alcanzó a salir.

Para quien no esté bien enterado, resultará difícil entender cómo el teatrista más polémico y censurado en la Unión Soviética fue invitado entonces a dirigir en la Isla (había estado ya en 1968, durante el Festival de Teatro Latinoamericano organizado por la Casa de las Américas). Eso fue posible gracias a la admiración que por él sentía Raquel Revuelta, quien quedó fascinada cuando vio en Moscú su celebrado montaje de El alma buena de Se-chuan. Artista de una considerable influencia en las esferas políticas, Raquel consiguió vencer la resistencia de los funcionarios de ambos países. En Le Feu Sacré, el libro de memorias escrito por Liubímov, se puede leer sobre aquel montaje: "Volví a Cuba para montar Los diez días que estremecieron al mundo. Si mi primer viaje me había entusiasmado —entonces Castro estimulaba vivamente a los artistas—, el segundo me dio la impresión de que no pasaba nada interesante". Por supuesto, nunca se enteró de las poquísimas funciones que se dieron de su espectáculo. De todos modos, no se hubiera sorprendido, pues fueron muchas las experiencias que sufrió con la censura en la antigua Unión Soviética.

La coproducción que no llegó a estrenarse

Muy pocos, sin embargo, conocen que en el listado de obras censuradas figura La familia Toth, coproducción con Hungría en la cual trabajaba en 1977 el Teatro Político Bertolt Brecht, buque insignia de la nueva política que empezó a aplicarse en las artes escénicas con la entronización del pavonato. Unas semanas antes de la fecha del estreno, Gábor Zsambéki, quien hoy es uno de los directores más prestigiosos de su país, recibió la orden de suspender los ensayos y regresar a Hungría. El argumento que le escuché decir a un comisario de la Dirección de Teatro y Danza, un dramaturgo de escaso talento aupado durante el pavonato, fue que Zambecki no había sabido resolver las debilidades ideológicas de la pieza de Itsvan Örkeny. He aquí un ejemplo de alguien que era más inquisidor que Torquemada: el texto se había montado sin problemas en todos los países socialistas, y sólo en la Unión Soviética se escenificó en más de veinte teatros. Tampoco tuvo dificultades con la censura la versión para el cine que realizó Zoltan Fabri, y que varios años antes se había proyectado en la Isla. Por cierto, antes de que La familia Toth fuera prohibida pude charlar con Zambéki, y la entrevista apareció publicada en el diario Juventud Rebelde. Por lo menos posee el valor de constituir un testimonio de una obra teatral que la censura nos impidió ver.

Por supuesto, nuestra dramaturgia también cuenta, como el cine y la literatura, con sus obras malditas. Treinta y tres años debió aguardar Antón Arrufat para que se pudiese reeditar Los siete contra Tebas. Eran los mismos años que tenía cuando obtuvo con esa pieza el Premio José Antonio Ramos, en el concurso anual convocado por la UNEAC. Significó el inicio del "caso Arrufat", paralelo al "caso Padilla", unos hechos lamentables a los cuales no hace falta dedicar aquí espacio, pues hicieron correr mucha tinta. Rehabilitado tras laborar durante nueve años en una biblioteca municipal, donde se le convirtió, recuerda el propio Arrufat, "en un escritor inexistente, con las visitas personales prohibidas, observado por la directora y apartado del resto de los empleados", la pieza que suscitó aquel escándalo pudo ver de nuevo la luz en Cuba en el año 2001 (en 1992 había sido publicada en España en la antología Teatro Cubano Contemporáneo), aunque hasta la fecha sigue sin estrenar.

En las palabras que escribió para la solapa de esta nueva edición cubana, Norge Espinosa expresa: "Puede ahora el lector cubano recuperar estas páginas, que ningún viento logró arrebatar. Y acaso pueda también, cuando este libro recorra la Isla, abrirse el telón sobre estos versos, y oírse en la voz de nuestros actores más capaces los parlamentos de esta pieza que ahora, como si entrase a una nueva dimensión de su mito, podremos tocar, entender, encarnar en lo más nuestro".

A diferencia de Los siete contra Tebas, aún permanece en el Index Calixta Comité, con la cual Eugenio Hernández Espinosa se acercó al mundo de los barrios marginales que Sara Gómez mostró en algunas de sus películas, y que en el teatro había aparecido en Al duro y sin careta y Andoba. Uno de los hallazgos del dramaturgo fue, sin embargo, eludir la reproducción naturalista y el afán testimonial, y apostar, por el contrario, por una reelaboración poética de ese microcosmos. Inés María Martiatu, especialista en la obra de Hernández Espinosa, considera que junto con María Antonia, Calixta Comité es su más alta expresión en el tratamiento y la reinvención del lenguaje popular.

Pero nada habría ocurrido si la audacia del autor se hubiese limitado a aspectos estéticos, como lo es el de sustituir el argot barriobajero por dicharachos, refranes, trabalenguas y canciones infantiles. A eso sumó la osadía de presentar desde una óptica problematizadora a la protagonista, una mujer que, puesta en la disyuntiva de tener que actuar como presidenta de un CDR o como madre, ante un hecho delictivo cometido por un muchacho del barrio, opta por esto último. Era algo inaceptable desde el punto de vista ideológico, y de inmediato intervino ese ejército en las sombras que son los censores. Una vez clausurado el Festival de Teatro de La Habana de 1980, dentro del cual el Teatro de Arte Popular estrenó la obra, el colectivo tuvo que hacer una representación especial a puertas cerradas, a la que sólo se permitió asistir a los dirigentes de la Dirección de Teatro y Danza del Ministerio de Cultura y a los directores generales de los grupos teatrales habaneros. La intolerancia y el dogmatismo se ensañaron con la pieza, y aquel tribunal inquisitorial exigió a Hernández Espinosa hacer una serie de humillantes cortes y arreglos, como condición para que se pudiese representar. Ha transcurrido desde entonces un cuarto de siglo, y Calixta Comité permanece condenada al silencio y el olvido.

Retomo lo que expresaba al inicio, acerca de que usualmente la censura aplicada no se da a conocer en la prensa o la televisión. Una de las pocas excepciones en tal sentido la constituye la medida gubernamental mediante la cual se prohibió que las revistas soviéticas Novedades de Moscú y Sputnik dejaran de circular en la Isla. El 4 de agosto de 1989, el periódico Granma publicó un artículo sin firma titulado Una decisión inaplazable, consecuente con nuestros principios. A ese texto pertenecen los siguientes párrafos:

" Novedades de Moscú y Sputnik son portadoras de puntos de vista y posiciones respecto a la construcción del socialismo, a partir de una determinada interpretación de la experiencia soviética, casi siempre controvertidos, cuando no sustancialmente divergentes de los criterios y la orientación esencial de nuestro Partido, tanto en lo que concierne a las vías y métodos de la edificación socialista como a cuestiones ideológicas medulares.

"[…] En estas publicaciones se niega la historia anterior y se caotiza el presente. Escudándose en la imprescindible diversidad de opiniones, se divulgan fórmulas que propician la anarquía. El análisis de la forma de actuar y utilizar los principios rectores del marxismo-leninismo acorde con las nuevas condiciones históricas, introduce elementos que conducen a su negación (…) En sus páginas se descubre la apología de la democracia burguesa como forma suprema de participación popular, así como la fascinación con el modo de vida norteamericano.

"[…] Ello explica que desde hace tiempo, y ejerciendo una creciente presión de opinión, numerosos cuadros y militantes, así como otros revolucionarios de todo el país se han dirigido al Comité Central para expresar sus protestas contra diversos artículos y otros materiales aparecidos en estas publicaciones, a la par que hacían constar la incomprensión existente con su distribución. Este conjunto de circunstancias no le ha dejado a nuestro Partido otra opción que cancelar la distribución de Novedades de Moscú y Sputnik".

© cubaencuentro

Relacionados

Censura, ¿estás ahí? (VI)

Carlos Espinosa Domínguez , Nueva Jersey | 19/03/2007

 

Censura, ¿estás ahí? (IV)

Carlos Espinosa Domínguez , Nueva Jersey | 19/02/2007

Subir


En esta sección

Con pasado y sin futuro

Roberto Madrigal , Cincinnati | 15/04/2022

Comentarios


La niebla de Miladis Hernández Acosta

Félix Luis Viera , Miami | 11/04/2022

Comentarios


Fornet a medias

Alejandro Armengol , Miami | 08/04/2022

Comentarios


Mujeres detrás de la cámara (II)

Carlos Espinosa Domínguez , Aranjuez | 08/04/2022


Juegos peligrosos

Roberto Madrigal , Cincinnati | 08/04/2022

Comentarios




Mujeres detrás de la cámara (I)

Carlos Espinosa Domínguez , Aranjuez | 01/04/2022


La prisión del «Moro» Sambra

Félix Luis Viera , Miami | 25/03/2022

Comentarios


Rompedora en forma y en contenido

Carlos Espinosa Domínguez , Aranjuez | 25/03/2022


Predicciones de los óscares

Roberto Madrigal , Cincinnati | 25/03/2022

Comentarios


Subir