Actualizado: 21/07/2017 14:40
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Arsenio Rodríguez, Música, Música cubana

Arsenio Rodríguez, El Ciego Maravilloso

Introducción del segundo libro acerca del músico cubano Arsenio Rodríguez del autor colombiano

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La obra de Arsenio Rodríguez ha inspirado durante varias décadas a melómanos, bailadores y músicos de todas partes del mundo. Su influencia, aunque enorme y persistente en la música popular de la actualidad, no ha sido suficientemente reconocida. Centenares de sus sones, guaguancós y boleros circulan aún de mano en mano entre los coleccionistas de los cinco continentes, pero también con frecuencia reaparecen nuevamente versionados por orquestas y cantantes de última hora, como si no quisieran pasar de moda.

Las claves del son y del guaguancó así como también la estructura del conjunto que Arsenio consolidó en la década del cuarenta en Cuba se expandieron por toda Latinoamérica en un explosivo reguero de sabrosura a través de las orquestas de salsa de los años sesenta y setenta que relanzaron sus pimentosos montunos mediante una escalada de sandunga sin precedentes en la historia de la música latina, convirtiendo al Brujo de Macurijes en la figura central del nacimiento de la salsa como la expresión más viva y tangible del nuevo barroco latinoamericano. Los salseros originales, surgidos en las barriadas latinas de Nueva York, en el Bronx y en el Spanish Harlem, aupados por las florecientes industrias del disco y del espectáculo, no solamente retomaron de Arsenio Rodríguez los hallazgos más evidentes de su ritmo y de su estilo (además del formato orquestal del conjunto, devenido en orquesta estándar de salsa) sino que echaron mano de sus composiciones, utilizando al menos dos centenares de ellas para darle contenido a las grabaciones de salsa, un nuevo género musical que para entonces (hablamos de la década del sesenta) con contadas excepciones carecía de repertorio propio.

Sobre la verdadera importancia de este músico excepcional, hasta no hace muchos años se sabía poco, pero de su vida no conocíamos prácticamente nada, con excepción de las anécdotas (unas verdaderas y otras falsas) que han circulado de generación en generación hasta convertir a Arsenio por la fuerza de la reiteración en un personaje del mito y de la leyenda. En Cuba, su país natal, Arsenio es prácticamente desconocido para las actuales generaciones, y solamente a comienzos de los años noventa, mucho tiempo después de su muerte, se escribió un libro en el que sus autores Alina Méndez Bravet y Jorge Ignacio Pérez González, dos estudiantes de la escuela de periodismo de la Universidad de La Habana, buscaron consignar para la posteridad la importancia de su legado y el valor de su obra. Sin embargo, el libro escrito en 1991 (titulado Arsenio Rodríguez, del mito a las sombras, escrito en 1991) nunca fue publicado y además la música del Ciego Maravilloso permaneció en el olvido por decisión gubernamental.

En el resto del continente conocemos ampliamente su música, la hemos bailado y degustado a lo largo de los años, pero del hombre, del creador de temas como «El reloj de Pastora», «Hachero pa’ un palo», «Me boté de guaño», «Préstame la olla Teresa», «Ella sola se engancha», «Se va el caramelero», «(Se me perdió) la cartera», «El divorcio», «Mulence» y «Como traigo la yuca», no teníamos ninguna certeza, que no fueran los borrosos y superficiales retratos que nos hicieron los productores discográficos para rellenar las contra-carátulas de sus elepés, plagados de imprecisiones y lugares comunes.

En este libro, intencionalmente titulado El Ciego Maravilloso, contaremos principalmente aspectos de las grabaciones de Arsenio Rodríguez realizadas en Nueva York y en La Habana en las décadas del cincuenta y el sesenta, hablaremos del contexto en el que surgió su obra y de las circunstancias en las que esta fue hecha, explicando con extensión las razones de su poderosa influencia en la música popular bailable de la segunda mitad del siglo XX, pero también nos ocuparemos de contarle al mundo quién fue Arsenio Rodríguez, el hombre escondido detrás del mito y de la leyenda, en un esfuerzo por develar los aspectos determinantes de su personalidad, las grandes corrientes del pensamiento social que motivaron su gesta creativa y las pequeñas y sutiles situaciones humanas que alimentaron su vocación como compositor y artista.

Arsenio Rodríguez, pese a su ceguera, era presumido y cuidaba su apariencia física y su proyección escénica con esmero, se hacía cortar el pelo con regularidad (en La Habana donde Joseíto el mago del cabello y en Nueva York donde Luis Cora, conocido peluquero boricua del Bronx que el Brujo de Macurijes inmortalizó en un son montuno). También frecuentaba a la manicurista, aprovechándose de la ocasión para enamorarla dada la cercanía corporal de su oficio, tomándole la mano y hablándole bajito al oído. El genial músico cubano tuvo fama de mujeriego y en algunas oportunidades los líos de faldas afloraron en su música; de hecho, al menos treinta de sus composiciones llevan nombre de mujer, las letras son anecdóticas, casi todas autobiográficas y en ellas desgrana con un lenguaje desenfadado y picaresco los pormenores de algunos de sus amoríos.

Volviendo a la apariencia física y al modo de ser de Arsenio, era de mediana estatura y regordete, rozando la obesidad, de fuerte vozarrón y genio volado; hombre de pocos amigos, de trato árido y distante. Pese a su dilatada carrera musical y a su enorme popularidad fue bastante hostil con los medios de comunicación y concedió solamente cuatro entrevistas en medio siglo de ajetreo con el público. Atildado en el vestir, iba casi siempre de traje y corbata, zapatos Florsheim, negros bien lustrados y un ostentoso anillo de oro y diamantes en el dedo anular de la mano izquierda que le daba a donde iba la apariencia de un hombre adinerado. En algunas ocasiones (por razones del oficio) se presentaba de blanco hasta los pies vestido, luciendo el traje inmaculado de lino, camisa y corbata del mismo color y zapatos de dos tonos (negro con blanco) a la usanza cubana, tal y como puede observarse en las fotografías que testimonian su retorno triunfal a La Habana en 1956 luego de haber permanecido durante más de un lustro viviendo en Nueva York.

El trompetista Agustín Caraballoso, quien era músico de su conjunto y uno de sus más cercanos amigos en el Bronx, dijo al referirse a Arsenio: «Fue el negro más bien presentado y presumido que yo me he echado a la cara».

Raúl Manuel Travieso Scull (su hermano menor) trabajaba como bongosero de la agrupación del Ciego Maravilloso en Nueva York y a lo largo de un buen tiempo jugó igualmente los papeles de guardaespaldas, secretario, chofer y camarero del Mago del Tres. Contaba Raúl que Arsenio solicitaba varios trajes al momento de vestirse. Su hermano se dirigía hasta el ropero para escogerle el más vistoso, pero Arsenio le pedía que le trajera unos cuantos y se vestía frente a un enorme espejo con marco de caoba que tenía en la alcoba. Lucía los trajes uno tras otro hasta elegir el mejor, plantándose frente al espejo sin poder verse, pero siguiendo detalladamente las descripciones que Quiqui (su lazarillo) y Raúl le daban. Las indicaciones de sus hermanos le servían para formarse su propio criterio. Después él mismo a tientas (a veces con la ayuda de Emma su mujer) se anudaba la corbata Ferragamo que solía escoger con el tacto, acariciando con la yema de los dedos toscos, hinchados y callosos la suave textura de la seda. Le gustaban las corbatas italianas, las lociones caras y los trajes bien cortados, muchos de ellos hechos por su sastre de cabecera, Kiko Medina, cuyo nombre dejó escrito para la posteridad en una de sus últimas grabaciones.

La compostura que se imponía a sí mismo en el vestuario se las exigía a sus músicos a los que revisaba personalmente antes de salir al escenario para cerciorarse que llevaran el cabello bien recortado y la barba rasurada. Era puntilloso y hasta tirano en la dirección de su agrupación musical, requiriendo cumplimiento y puntualidad en el horario de los ensayos y de las presentaciones, y echó del conjunto a unos cuantos músicos y cantantes por impuntuales y borrachones.

Lo de los trajes y los zapatos lo ironizaba permanentemente, tanto en privado como en público, incluso dejó plasmado su punto de vista jocoso y satírico en la guaracha «Me estoy comiendo un cable», una composición autobiográfica escrita en la Gran Manzana en 1955 en la que describe sus propias circunstancias existenciales aprovechando la ocasión para criticar a los cubanos que llegaban a la metrópoli estadounidense argumentado que estaban con una mano atrás y la otra adelante (como se dice coloquialmente) para aprovecharse de su generosidad y afanarle el dinero.

¿Caballero qué pasa?
¿Dígame qué sabe?
No oigo nada más que decir
Que la cosa está que arde

Cada vez que lo encuentro siempre allá
Y lo saludo y le pregunto ¿cómo está?
No hace no más que decir la cosa está de bala
Me estoy comiendo un cable

Después que te dice el cuento
Que lo vas a visitar
Resulta que el tipo tiene ocho pares de zapatos,
Una cadena de oro, un buen reloj de pulsera,
Un anillo de brillantes, más de seis o siete trajes
Y te dice que se está comiendo un cable

Soneo: Ese es el cuento que hacen los que vienen de La Habana
Coro: Me estoy comiendo un cable, la cosa está de bala
Soneo: Cuéntales que tú compartes, dices la misma palabra
Coro: Me estoy comiendo un cable, la cosa está de bala
Soneo: Ese es un cuento cubano para engañar a Mariana
Coro: Me estoy comiendo un cable, la cosa está de bala

Era sumamente medido, cuidadoso y hasta tacaño con el dinero, solía remunerar irrisoriamente a sus músicos, aunque también tuvo mala fama por cobrar muy poco por su trabajo y hay quienes dicen que no se sabía vender. No obstante que el conjunto regentado por el Mago del Tres fue popular tanto en La Habana como en Nueva York, Hoboken, San Juan, Willemstad, Chicago, Miami, San Francisco, Pasadena, Oakland y Los Ángeles, Arsenio cobraba tarifas realmente bajas por su espectáculo y les pagaba a sus músicos salarios ínfimos por sus servicios, situación que le generó toda suerte de inconvenientes con los integrantes de la agrupación, no solamente en la etapa habanera sino durante el desarrollo de la segunda parte de su carrera en los Estados Unidos. En 1964 Alfredito Valdés Junior, su pianista por cinco años en Nueva York, lo dejó porque cada toque con el conjunto de Arsenio no representaba más de diez o quince dólares por noche y con ese dinero no podía sostenerse en una ciudad cara como la Babel de Hierro. En La Habana, dos décadas atrás, Pepecito Reyes Núñez, el pianista que contrató para sustituir al insustituible Ezequiel Lino Frías Gómez a finales de 1943, lo abandonó antes de cumplir un año de trabajo porque el Corsario Negro de la Chambelona, le pagaba un peso (máximo dos pesos) por cada actuación. También Adolfo O’ Reilly se fue de la agrupación, tras sustituir a Pepecito durante algunos meses, por similares razones. Después de Adolfito otros grandes del pentagrama ocuparon la silla del piano, entre ellos, René Alejandro Hernández Junco, quien no duró mucho al lado de Arsenio puesto que fue contratado para trabajar en Nueva York con la orquesta de Machito, y Rubén González, quien se fue del grupo para emprender una gira por América latina con el conjunto Estrellas Negras en asocio con el bajista Nilo Alfonso y el trompetista Benitín Bustillo. Esta desbandada ocurrida en 1946 a la postre le vendría bien al Mago del Tres debido a que lo obligó a hacerse con los servicios del legendario pianista y arreglista guantanamero Lilí Martínez, quien interactuó con el profeta de la música afrocubana por seis años.

En el decenio de 1940 a 1950 el dinero corría a chorros por las manos de Arsenio gracias al enorme éxito que alcanzó su música en La Habana. El Ciego Maravilloso trataba de no dejarse estafar de los empresarios y no permitía que sus músicos lo timaran, distinguiendo al tacto y con un olfato único, la diferencia entre un billete de un peso y uno de dos pesos, los cuales conocía por su textura. Algo parecido le ocurriría en Estados Unidos después de 1950 cuando fijó su residencia en Nueva York. Podía determinar sin equivocarse si tenía en la mano un billete de un dólar, de cinco dólares o de diez dólares y en más de una ocasión, gracias a la sagacidad y el olfato, evitó que sus propios músicos lo tumbaran.

Con la orientación parece no haber tenido problemas. En Güines, en Marianao y en La Habana reconocía las calles por su olor particular (obviamente también por su bullicio) y las casas por su cercanía o lejanía de la esquina más próxima, caminando sin bastón, acompañado por Quiqui su lazarillo. En el antiguo municipio de Marianao, donde pasó su juventud, el compositor matancero vivió en los barrios de Arroyo Arenas, La Serafina, Pogolotti y Reparto de Hornos, en casas de inquilinato, en precarias condiciones materiales, como casi todas las viviendas habitadas por las gentes de la clase obrera, pero en las que primaba la rica herencia cultural procedente del Congo. Cuando recorría las calles habaneras en plan de dejar pasar el tiempo, confraternizando con los amigos para tomarse un café, usaba las gafas de sol con las que aparece en las fotografías. En Nueva York se orientaba con facilidad; incluso en algunas ocasiones se vio obligado a convertirse en lazarillo de Quiqui su propio lazarillo quien habitualmente se perdía en la selva de cemento y no sabía cómo regresar a casa de no ser porque el gigante del tres lo sacaba del atolladero.

La Habana en los años cuarenta tenía barberías frecuentadas por gentes de color (negros y mulatos), según me contaba Orlando Collazo, quien fue el cantante de la charanga del Neno González. La enorme clientela de estas barberías, a decir de Orlando, no se movía de los locales entre las cuatro y media y las seis de la tarde para escuchar por Radio Salas el espectáculo de Los Tres Grandes que encendía todos los receptores de radio de la ciudad. En el show, presentado en directo desde el radioteatro de la emisora, actuaban diariamente la orquesta Melodías del 40 dirigida por Regino Frontela Fraga, desde las cuatro y media hasta las cinco, Arsenio Rodríguez y su Conjunto Todos Estrellas, desde las cinco hasta las cinco y media, y la orquesta de Arcaño y sus Maravillas, desde las cinco y media hasta las seis.

Estando en Nueva York, y siendo ya la figura que fue, el Profeta de la Música Afrocubana no desperdiciaba las oportunidades para hacer vida social. Cuando no trabajaba iba a los clubs del Bronx, Harlem y el centro de Manhattan para tomar un cortadito o almorzar. El Liborio y La Barraca eran dos de sus sitios preferidos. Departiendo con sus amigos y con las mujeres del mundo de la farándula se tomaba dos copas de Martini seco en cuya preparación el cantinero empleaba un trago de ginebra con un chorro de vermú y una aceituna cruzada. Arsenio no tuvo fama de bebedor, pero como lo manifestaba su exesposa Emma Lucía Martínez: «era de muy buen comer», y aunque prefería la comida casera, en especial la boricua, dominicana y cubana, a veces se aparecía en buena compañía por los mejores restaurantes de la ciudad trajeado de bon vivant para probar la comida internacional de la cual fue un gran aficionado, en especial de la pastelería francesa que degustaba con fruición.

Otra de sus actividades recreativas favoritas era ir a presenciar el espectáculo de las orquestas de baile en los centros nocturnos de La Habana y Nueva York. En Cuba su cantante predilecto fue siempre Miguelito Valdés y en Nueva York el bolerista Joe Valle. La orquesta de su preferencia en Cuba fue la de Arcaño y en Nueva York la de Tito Rodríguez de quien fue buen amigo. Aprovechaba sus incursiones en la vida nocturna para escuchar a los mejores cantantes y a los músicos más versátiles sumándolos a su conjunto. Después de incorporados al redil se pasaba con ellos días enteros ensayando, componiendo el nuevo repertorio y preparando al alimón presentaciones y grabaciones. En Nueva York (con la ayuda del pianista borincano Ray Dávila, quien transcribía los arreglos que el Cieguito de Oro le dictaba) escribió unas cuantas composiciones tomando como punto de referencia la extensión y la tesitura de la voz de algunos de sus cantantes de cabecera como Cándido Antommattei, Guillermo Capó, Güito Kortright, Juan Olano, Israel Berríos, Domingo Scull, Anita Delgado, Marcelino Guerra, Frank Souffrónt, Manolo el Bombero, Sarah Martínez Baró, Chégüi Rivera, Rosalía Montalvo, Miguel Matamoros Junior, Pedrito Caballero, Raffy Martínez y Santiago Cerón. Arsenio Rodríguez vivía para la música y vibraba por la música. Esta fue su razón de ser a lo largo de la existencia.

En la Gran Manzana Arsenio Rodríguez junto a sus hermanos menores Quiqui y Raúl vivieron principalmente en el Bronx. En dicho condado tuvieron el restaurante El Dorado, especializado en comida típica cubana, gerenciado por Raúl. El establecimiento estaba situado en la Avenida Intervale. El famoso músico vivió con su esposa Emma en distintos lugares del Bronx, al igual que sus hermanos con sus respectivas familias, pero también vivió en el Spanish Harlem y ocasionalmente en el centro de Manhattan, en el 23 west de la Calle 65, en un edificio donde ocurrió el conato de incendio que el Ciego Maravilloso narró para la posteridad en la letra del guaguancó «Hay fuego en el 23».

En el twenty three west
De la sixty fifth

No se puede estar tranquilo,
Te diré por qué

En el apartamento de Harlem solía dar fiestas de santo, con orquestas y comida típica cubana, recibiendo a selectos invitados del cotarro musical latino, tal y como lo han testimoniado sus cercanos amigos Israel Berríos Castro y Marcelino Guerra Abreu.

De su infancia se sabe poco. En los archivos de Cuba no se conserva la ficha escolar de quien en la adultez sería reconocido como el más importante músico popular del país, el renovador del son y posteriormente el padre de la salsa. Si a ello le sumamos que tenía tres nombres, uno civil, Ignacio Arsenio Travieso Scull, otro artístico, Arsenio Rodríguez Scull, y uno más por costumbre, Ignacio de Loyola Rodríguez Scull, podemos concluir que tal situación ha dificultado al extremo la búsqueda que han emprendido sus biógrafos. Arsenio fue el hijo no reconocido de un tal Bonifacio Travieso de profesión aguador y quien se ocupaba en las faenas del campo. Su madre era una mujer trabajadora y tenaz, de carácter fuerte, de nombre Dorotea Scull Rodríguez; ambos progenitores tenían ascendencia congolesa y habían estado residenciados desde la infancia indistintamente entre la localidad de Güines (una villa que en los comienzos del siglo XX formaba parte de la antigua provincia de La Habana) y diversas fincas y poblados del interior de la provincia de Matanzas, pasando cada cierto tiempo de un lugar a otro según como se presentaran las fluctuaciones del empleo rural. Arsenio nació por casualidad en Güira de Macurijes el 30 de agosto de 1911 porque sus padres en ese entonces eran jornaleros de una hacienda que producía viandas, frutas y legumbres, llamada Finca La Victoria, perteneciente al antiguo municipio de Bolondrón, hoy correspondiente al nuevo municipio de Pedro Betancourt.

Para el año 1940 Bonifacio (soldado de los ejércitos mambises en la guerra de independencia contra España) ya había muerto y Arsenio, quien requería de un documento civil para legalizar el nombre de su conjunto ante la oficina del Gobernador de la Provincia de La Habana y también para obtener su primer pasaporte y viajar a Tampa por razones de trabajo, regresó desde la capital (donde ya residía hacía un lustro) a la villa de Güines (lugar en el que pasó su infancia en el barrio de La Leguina) y acudió ante el registro civil para inscribirse él mismo bajo el nombre de Ignacio Arsenio Travieso Scull como hijo de Bonifacio Travieso y Dorotea Scull Rodríguez. Lo curioso de este hecho es que para esos tiempos ya el músico invidente era popularmente conocido en Cuba y en el exterior (por sus canciones que viajaban en las grabaciones discográficas) con el nombre artístico de Arsenio Rodríguez Scull, nickname empleado para firmar y registrar legalmente sus composiciones, y además llevaba varios años usando abiertamente el nombre de Ignacio de Loyola Rodríguez Scull como segundo nombre artístico, con el que se identificaba en la correspondencia epistolar, ya muy frecuente y abundante en ese entonces, sobre todo con las damas. Más insólito aún fue que Arsenio en su comparecencia ante el registro civil de Güines el 13 de abril de 1940 dijo que era güinero, nacido en esa localidad el 31 de agosto de 1913, tal y como está consignado en su registro civil de nacimiento, Tomo 72, Folio 164.

El formidable tresista y compositor a lo largo de cuatro décadas de carrera artística escribió centenares de canciones, pero como hecho diciente, tan sólo en una de ellas menciona a sus progenitores (en el tema «Billumba- Palo Congo», grabado en Nueva York en abril de 1957 para el sello Blue Note, en el que llama de viva voz a su padre Bonifacio, a su madre Dorotea y a Justo Trava, el primer esposo de esta, quienes ya habían fallecido). En las líricas de sus canciones no encontramos por ninguna parte los nombres de sus hermanos mayores Salomón y Emelián Trava Scull (hijos de Justo Trava), ni aparecen Julio y Aurelio Rafael Travieso Scull, este último apodado, Yeyo. Se ha dicho que Julio y Yeyo fueron quienes en verdad se encargaron del cuidado de Arsenio durante su niñez, pero el músico no les dedicó un solo párrafo en sus innumerables composiciones. Trato similar recibió su tío materno Catalino Scull Rodríguez, apodado Yingo (algunos autores dicen que su apelativo era Güingo), que parece haber sido una influyente figura paterna para el Ciego Maravilloso y quien jugó un papel determinante para inducir a Arsenio por el camino de la música acercándolo al estimulante mundo de la rumba columbia y del guaguancó matancero. Como hecho relevante en la infancia de quien más adelante sería el formidable compositor de mil doscientas canciones, cabe señalar que se llevaba muy bien con sus hermanos menores Estela, Quiqui y Raúl, quienes fueron sus lazarillos, secretarios, amanuenses y protectores a lo largo de la vida y le ayudaron a consolidar su vocación de compositor transcribiendo en papel, desde que Arsenio tenía 15 años, todas sus canciones. Esta fue una constante en las vidas de los hermanos del Mago del Tres. Aún al final de su periplo vital, en 1970 estando en Los Ángeles, Raúl continuaba pasando a papel las letras de las tonadas que al Cieguito de Oro le iban surgiendo ya en el ocaso de su vida.

Su condición de analfabeto y además ciego no lo limitó para que emprendiera una formación musical autodidacta. Durante la infancia en Güines y la adolescencia en Marianao se hacía leer emotivos pasajes de las novelas románticas, preguntaba por los hechos históricos antiguos y pedía que le leyeran a los poetas españoles y cubanos más en boga. También fue aficionado a la historia de su país y conocía los episodios determinantes de las guerras de independencia que llevaron a Cuba a establecerse como república. Una de sus preferencias fue escuchar la radio para permanecer enterado de todo lo que sucedía en la actualidad y se hacía acompañar de sus hermanos para ir al cine, ocasiones en las que solía identificarse con los dramas de amor y las batallas épicas. Como si lo anterior fuera poco el excepcional tresista cultivó desde joven la afición por los discos para mantenerse al día con lo que estaba pasando en la música cubana. Entre sus artistas favoritos estuvieron María Teresa Vera, Manuel Corona, Ignacio Piñeiro, Ernesto Lecuona y Moisés Simons. Más adelante en la vida, con el paso de los años, Arsenio incluyó algunas de las composiciones de estos grandes maestros en sus grabaciones para la RCA Victor y otros sellos discográficos norteamericanos. ¿Cómo gravitaron esos vastos conocimientos de la música popular cubana en su propia obra musical? Es algo difícil de explicar, pero en conclusión podemos decir que Arsenio Rodríguez fue una figura de síntesis de todo lo bueno que había en el pentagrama de su tiempo, incluyendo su amplio dominio del repertorio de los sextetos y septetos de sones, las orquestas típicas danzoneras, las charangas de los años treinta y cuarenta, la tradición trovadoresca, el punto guajiro, la música congolesa, las bandas sonoras de las películas y el bolero, del que fue un eximio cultor. Arsenio también manifestó su preferencia por la rumba matancera y habanera llegando a conocerla de cerca, y recurrió al repertorio folklórico rumbero (en especial guaguancós y columbias) para algunos de sus proyectos discográficos grabados en Nueva York. En el mundo de la rumba habanera su preferido fue Gonzalo Asencio Hernández apodado Tío Tom, a quien le birló funambulescamente la célebre composición «Consuélate como yo» y le cambió el nombre trocándolo por «Confórmate» para hacer una grabación instrumental en Nueva York en 1955 cuando aún trabajaba para la RCA Victor.

Yendo todavía más lejos y siguiendo los pasos de Ignacio Piñeiro, quien lo había precedido en ese esfuerzo (tomando el mismo camino que habían abierto el Sexteto Habanero, María Teresa Vera y Chano Pozo), el Ciego Maravilloso incorporó elementos esenciales del guaguancó folklórico en el son, particularmente representados en el toque de la tumbadora, expuestos en las tres primeras secciones de la estructura de sus arreglos (diana, canto y montuno) derivadas del complejo de la rumba, que sumó a las tres últimas secciones (solo, cierre y diablo) surgidas de su propia inventiva, creando un estilo del son montuno que él mismo definió como guaguancó. La sección de diablo, presente en la estructura de seis secciones del son montuno forjado por Arsenio, posteriormente fue denominada sección de mambo. Las células rítmicas de esta última sección han sido consideradas por los especialistas como elemento medular del mambo, género musical popularizado a partir de 1947 por Dámaso Pérez Prado, quien lo llevó a México y seguidamente a los escenarios del mundo.

La niñez de Arsenio parece haber estado signada por el descuido a que fue sometido por sus padres, ocupados en las labores del campo, viéndose enfrentado a depender de sus hermanos Julio y Yeyo para obtener el sustento. Esto marcaría su carácter haciéndolo un niño retraído e indócil, poco sociable y algo solitario. Un descuido mayor ocurrido probablemente hacia 1918, a la edad de seis años, le trajo como consecuencia una grave afección en los ojos no controlada oportunamente la cual le echó a perder el nervio óptico estropeándole la visión de un ojo y luego del otro, conduciéndolo finalmente a la ceguera total durante la edad escolar e impidiéndole cursar la enseñanza primaria. Se ha dicho extraoficialmente (en Cuba no se conserva en los archivos la ficha de salud con el historial de Arsenio Rodríguez) que el origen de su ceguera fue una retinitis pigmentosa no diagnosticada a tiempo.

En la epidemiología de la época (válida aún en el presente) ha quedado establecido que la retinitis pigmentosa es una enfermedad de origen genético que generalmente se manifiesta en la infancia (algunas veces en la adolescencia) y afecta aproximadamente a una de cada cuatro mil personas (cifra que varía según el país). Pese a que los primeros síntomas se presentan en la niñez, sus efectos devastadores sobre la visión en verdad ocurren en la edad adulta (generalmente hacia los cuarenta años) degenerando la estructura del ojo sensible a la luz. La disminución de la visión es lenta pero progresiva y bilateral (es decir, afecta simultáneamente a los dos ojos), y la pérdida de agudeza visual es más frecuente en la visión nocturna periférica antes de afectar el campo de visión central. No hay una opinión unificada entre los especialistas frente a los efectos de la retinitis pigmentosa, ya que algunos aluden que, pese a su gravedad, la ceguera completa es poco común por esta causa. Hasta el presente es una enfermedad incurable. De otra parte, dicho padecimiento degenera la retina y muy ocasionalmente lastima el nervio óptico. Sin embargo, la retinitis pigmentosa es la primera causa de ceguera de origen genético en la población adulta.

Según el diagnóstico del médico logroñés Ramón Castroviejo Briones (profesor en la prestigiosa Universidad de Columbia), quien examinó a Arsenio en Nueva York en junio de 1947, este no tenía afectada la retina sino el nervio óptico. Castroviejo era un reconocido especialista en trasplantes de córnea y le manifestó a Arsenio: «que su ceguera era irreversible porque para hacerle un trasplante de córnea requería que el nervio óptico estuviera en buen estado». La noticia sumió al Ciego Maravilloso en una profunda tristeza y depresión; esta, según se sabe por testimonios de la época, lo llevó a componer el famoso bolero «La vida es un sueño», escrito en el apartamento de su amiga Mariana Bobe, residente en el Bronx, donde el músico estaba alojado junto a su hermano Raúl y a su primo Domingo Scull.

Se concluye que la ceguera de Arsenio fue causada por atrofia en el nervio óptico. La atrofia del nervio óptico es multicausal y puede presentarse por un trauma severo (en este caso un golpe en la cabeza que lastime gravemente las fibras), pero también se deriva de una enfermedad congénita cuyas manifestaciones clínicas se dan en el nacimiento. Otra causa sería una neuritis (proceso inflamatorio del nervio), que puede ocurrir como consecuencia de una infección por el virus del herpes zóster, aunque es igualmente factible que el nervio se afecte por compresión externa a raíz de un proceso tumoral en el cráneo. La isquemia ha sido identificada como causa frecuente de atrofia del nervio óptico por falta de riego sanguíneo y la consecuente carencia de oxígeno, ocasionando la necrosis y pérdida de la funcionalidad. A esta se suma el glaucoma por alta presión intraocular. Entre las causas de origen tóxico la de mayor severidad es la intoxicación con alcohol metílico, neuropatía óptica que conduce a la ceguera inmediata.

Muchos años antes de que el formidable compositor recibiera el dictamen del Doctor Castroviejo circulaba el mito urbano (vigente aún hoy en día) de que Arsenio Rodríguez había perdido la vista como consecuencia de la contusión que sufriera al recibir la coz de una mula estando en la localidad de Güines. Esta leyenda, sin embargo, puede ser desmentida (aunque permanecerá como leyenda) si tenemos en cuenta las decenas de testimonios de personas que conocieron al Profeta de la Música Afrocubana, quienes han manifestado reiteradamente que el artista matancero no tenía cicatrices en la frente y a simple vista no se le observaba ninguna hendidura o deformación craneana, situación además comprobable al apreciar con detenimiento sus numerosas fotografías, sin dejar de lado que una contusión craneana tan severa como la causada por la coz de una mula hubiese podido causarle la muerte inmediata por tratarse de un infante.

El hecho de que ya desde la infancia (en la edad escolar probablemente) de acuerdo con los testimonios más verosímiles conocidos hasta ahora Arsenio estuviera ciego, le resta credibilidad a las versiones que le atribuyen el origen de su ceguera a la retinitis pigmentosa, y acredita las versiones que afirman que su afección fue la consecuencia de una atrofia del nervio óptico acentuada por las precarias condiciones de la salubridad pública en las localidades de Güira de Macurijes y Güines. Su hermano Raúl (quien nació en 1920) mencionaba en una entrevista que, siendo muy niño, toda la familia Travieso Scull se había trasladado a Marianao debido a que un huracán destruyó la localidad de Güines en 1926. Raúl ya tenía uso de razón y recordaba que Arsenio por aquel entonces se encontraba batallando con la guitarra y el tres y estaba completamente ciego. Si nos atenemos a la fecha de nacimiento de Arsenio (1911), en esa época el Mago del Tres tenía quince años de edad. Por aquel entonces era ampliamente conocido como un joven tresero invidente venido de Güines a quien consideraban un fenómeno tocando el instrumento. Al parecer desde aquella lejana época ya tenía la reputación de genio del tres y la gente se refería a él como el Ciego Extraordinario y el Ciego Prodigioso, remoquetes con los que fue identificado durante toda la etapa temprana de su carrera en Güines y Marianao en los años veinte y treinta, antes de dar el salto a La Habana y crear su propio conjunto en 1940; etapa en la que comenzaron a denominarlo el Ciego Maravilloso, sobrenombre que finalmente impusiera el locutor radial Manolo Ortega de la Radio Mil Diez en 1946.

Previamente a la conformación de su primer conjunto Arsenio Rodríguez había actuado como tresero con el Sexteto Boston y tras disolver la agrupación, por considerarla un completo fracaso, se incorporó al Septeto Bellamar. Con esta última formación, dirigida por José Interián, reconocido trompetista del Septeto Habanero, el Ciego Maravilloso se presentaba durante la segunda mitad de la década del treinta en la academia de baile Sport Antillano situada entre Zanja y Belascoaín en Centro Habana, en la confluencia de los barrios obreros de Cayo Hueso y Pueblo Nuevo, dos puntos focales de gran importancia en el desarrollo de la rumba habanera. Una torva disputa por la dirección del septeto originada en la discusión sobre los derroteros musicales que el grupo debería recorrer para situarse a la vanguardia de la música popular de su tiempo, en la que Interián quedaba en segundo plano ante el enorme protagonismo que había adquirido Arsenio como líder del grupo, trajo como resultado la expulsión del tresista a quien Interián defenestró sin miramientos cegado por la ira. Frente a la situación planteada, y acicateado por la artera patraña de Interián, decidido a predisponer a los músicos del Septeto Bellamar en su contra, el Mago del Tres constituyó una nueva agrupación en 1940 denominándola Conjunto de Arsenio Rodríguez. Este sería el comienzo de la etapa más decisiva y renovadora de la música del son en Cuba.

A partir de sus frecuentes incursiones radiales, de sus centenares de composiciones y de sus numerosas grabaciones discográficas la fama del Ciego Maravilloso se extendió a lo largo y ancho de Cuba y posteriormente del mundo entero. Alguien dijo que Arsenio Rodríguez puso el tres en el mapa del mundo, y no le falta razón. Una cosa fue este instrumento antes de Arsenio y otra muy diferente después.

El presente libro es el segundo de La Trilogía de Arsenio Rodríguez. Los amables lectores encontrarán en él aspectos sorprendentes y en verdad poco conocidos de la vida y obra de uno de los músicos más influyentes de todos los tiempos. El primer libro de esta saga Arsenio Rodríguez el Profeta de la Música Afrocubana, fue publicado en Estados Unidos en agosto de 2015 por Unos & Otros Ediciones de Miami, al cuidado de mi editor Armando Nuviola Viamonte. Y el tercero, Arsenio Rodríguez el Corsario Negro de la Chambelona, que terminará de arrojar luz sobre la personalidad de Arsenio y sobre la grandeza y vigencia de su legado, se encuentra en proceso de edición y será publicado próximamente.


Jairo Grijalba Ruiz es antropólogo y escritor. Desde 1978 ha estado dedicado a la radio, como director y presentador de varios espacios musicales especializados en jazz, blues y música latina. Entre sus obras se encuentra el libro Edy Martínez el hombre del piano (2009) y Benny Moré Sin Fronteras (2013), del cual es coautor.

Arsenio Rodríguez, El Ciego Maravilloso se puede adquirir en Amazon.


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Portada del libro Arsenio Rodríguez, El Ciego MaravillosoFoto

Portada del libro Arsenio Rodríguez, El Ciego Maravilloso.