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Actualizado: 31/10/2014 17:24
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Música

Después de tanto azote y diezmo

Más de treinta años después de haber iniciado su andadura profesional, circula el primer disco compacto con canciones de Mike Porcel interpretadas por él

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Habrá seis cuerdas silenciadas
Y voces libres no escuchadas.
Habrá canción y poesía
En cualquier tiempo, ayer y hoy.
Mike Porcel, En cualquier tiempo.

En un texto acerca de la literatura escrita en el exilio, Julio Cortázar se refería al destino de los escritores cuyas obras se ven condenadas, por razones políticas, a no conectar directamente con sus destinatarios naturales. Y señalaba que, de igual modo, todo un sector de lectores queda privado de esa otra parte de su literatura. De ahí que los verdaderamente exiliados, concluía, son esos lectores, quienes día a día enfrentan un panorama en el que faltan la mayoría de los libros y artículos escritos en el exterior.

Recordé esas palabras de Cortázar días atrás, mientras escuchaba Intactvs (Disc Makers, 2008), el largamente esperado disco de Mike Porce (La Habana, 1950) .

Al oír esas catorce canciones, entre las cuales hay unas cuantas que merecen sin disputa el calificativo de auténticas joyas, pensaba con tristeza que son completamente desconocidas para las nuevas generaciones de cubanos de la Isla. Algo, por lo demás, fácil de comprender. Desde hace más de tres décadas, esas composiciones están vetadas en las emisoras de radio y los canales de televisión. Fue el castigo recibido por su creador, debido a su “traición a la Patria” y a su renuncia “a llevar la estrella sobre la frente y volver a ser el buey, la bestia, la negación de lo humano, la imagen vituperable de todo lo que los hombres han soñado con no ser nunca”. (Los entrecomillados pertenecen a la carta dirigida a él en nombre de “El pueblo de Cuba y el Movimiento de la Nueva Trova”. El original se puede leer en cafefuerte.com). En otras palabras, por haber solicitado su salida del país.

Entre las dosis ingentes de infamia y demagogia que rezumaba aquel libelo, había una frase que resultó ser premonitoriamente cierta: “Vete y piensa que donde quiera que vayas te seguirá nuestro odio”. A partir de ese momento, Porcel conoció lo que significa el odio, cuando pasó a engrosar la nómina de artistas condenados al silencio y la marginación. En su caso hubo además un particular ensañamiento. Durante el éxodo masivo del Mariel, su familia solicitó que lo autorizaran a salir hacia Estados Unidos, junto con su esposa y su hijo, pero tal posibilidad le fue negada. No se le iba a permitir que desertase del paraíso así como así, sin antes pagar un precio. El precio fue nueve años confinado a un cruel ostracismo, que le prohibía laborar en cualquier actividad relacionada con su profesión. El único trabajo que logró encontrar al cabo de tres o cuatro años fue como organista en una iglesia. Acerca de esa etapa, Porcel comentó en una entrevista: “De esos años recuerdo el asedio de la Seguridad del Estado. Me citaban: ‘Sabemos que estás tocando aquí en la iglesia y si sigues te vamos a llevar preso’. Creo que era una forma de intimidación (…) Pero de alguna manera me mantuve ahí y ellos no pasaron más allá de la raya. No sé si fue un pulso entre los dos, si lo gané o si ellos se dejaron ganar”.

De ese modo, quedaba tronchada una fértil y sobresaliente trayectoria artística, que había consolidado a Porcel como uno de los músicos jóvenes más talentosos. Sus inicios se remontan a 1968, cuando él formó parte de Los Dada, del que también eran miembros Pedro Luis Ferrer y Alfredo Arias, a quien Porcel definió como un músico muy talentoso, que tenía unas ideas muy avanzadas para la época. Entre los grupos que surgieron por esos años —Los Barba, Los Bucaneros—, Los Dada se distinguieron por desarrollar una línea rockera más trovadoresca, así como por poseer un repertorio con muy buenas letras. Quienes alcanzaron a escucharlos, posiblemente recuerden títulos como Démonos la mano con la flor, Los años verdes y, sobre todo, Siempre, compuestos por los propios integrantes. Dato curioso: en una de las presentaciones, Porcel estrenó Diálogo con un ave, que años después popularizó Beatriz Márquez. En esa ocasión interpretó esa canción junto con Pedro Luis Ferrer y Arturo Aruca.

A partir de 1970 y tras dejar Los Dada, Porcel realizó una intensa actividad que se extendió a varios campos. De 1972 a 1975 fue asesor musical del prestigioso Grupo Teatro Estudio. Además de musicalizar algunos montajes (La hija de las flores, 1973; Se hace camino al andar, 1973; Galileo Galilei, 1974), allí creó, junto con el actor Carlos Ruiz de la Tejera, Que hablen los poetas, un espectáculo que combinaba música, teatro y poesía. Hicieron numerosas presentaciones, y por la sencillez de su concepción escénica lo llevaron a numerosos lugares y espacios. Para Porcel, fue una experiencia interesante, pues “rompió el mito de que la gente rechaza la poesía o rechaza el arte que no sea facilista”.

Grabado por otros artistas

Por otro lado, inició su labor como orquestador y arreglista. Su primer trabajo de orquestación fue Acuérdate de abril (1976), el primer disco de Amaury Pérez. De esa década es también Versos de José Martí cantados por Amaury Pérez (1978, reeditado en compacto en 1998), en el que todos de los temas fueron orquestados por Porcel, además de que musicalizó dos de ellos. Su trabajo con los poemas de Martí, que aparte de esos comprende otros títulos, es de un nivel de belleza y elaboración muy notables. Si queda algo de justicia en este mundo, alguna vez se recogerán en un compacto sus excelentes musicalizaciones de “Mi caballero”, “Mucho señora daría”, “Ismaelillo”, “A bordo” y “Abril”. A ellos habrá que agregar otras canciones que Porcel creó a partir de textos de Miguel Hernández, San Juan de la Cruz y Antonio Machado.

Pero fue por su faceta de compositor e intérprete —cantautor, se decía entonces— por la cual Porcel alcanzó más celebridad y pasó a adquirir categoría de icono. Los recitales que ofreció en salas habaneras como Hubert de Blanck y Bellas Artes sirvieron para que el público descubriese canciones como Pajarillo que viene del sur, Miriam, Tonada del buen Miguel, Una canción para esperar el alba, Que no existías, Paloma que vuelve, A un reloj de pared, Don Carlos, Esa mujer que llega, Te amo, Qué hubiera sido de mí, No sé qué voy a hacer con tu recuerdo, Don Carlos, Alejandra, Ay del amor

En 1978 otra canción suya, En busca de una nueva flor, tuvo un amplia difusión en la voz de Argelia Fragoso, al ser seleccionado, entre las 262 presentadas, como tema oficial del X Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes. Asimismo otros artistas comenzaron a incorporar a su repertorio composiciones de Porcel. En su disco Acuérdate de abril, Amaury Pérez incluyó una versión de Diario, tema que después han cantado Elsa Baeza, Santiago Feliú y la argentina Nacha Guevara. Miriam Ramos hizo lo mismo con Ay del amor. Asimismo Farah María grabó Paloma y Miguel Ángel Piña Canción de espera. Solo faltaba que a Porcel le diesen la oportunidad de entrar a los estudios para grabar su primer disco, algo que, sin embargo, nunca se materializó.

En 1977, Porcel fundó Síntesis, junto con Carlos Alfonso y con músicos provenientes del cuarteto Tema 4. Su idea como director artístico del grupo era llevar a cabo un trabajo más experimental, que integrase elementos teatrales, similares a los que él había ensayado en Que hablen los poetas. Eso produjo una división de criterios, pues el proyecto exigía una dedicación y una apertura a nuevas propuestas que no todos estaban dispuestos a aceptar. “En 1979 me separé de Síntesis”, ha comentado Porcel, “entendí que era un proyecto muy grande. Que requería esfuerzo y entrenamiento teatral. Algunos músicos pensaban que minimizábamos la música, pero yo pensaba que tan sólo agregábamos un elemento más”. Su contribución, no obstante, alcanzó a quedar recogida en el primer disco de Síntesis, En busca de una nueva flor (1978). Allí figuran temas compuestos por él como Nueve ejemplares no tan raros, Ven a encontrarnos y el que le da título. Últimamente, ese disco está siendo revalorizado en la Isla y se le considera una buena muestra de lo que luego pasó a ser conocido como rock sinfónico y rock progresivo.

Vinieron entonces sus años de ostracismo, vigilancia y hostigamiento. En 1988, el Alto Comisionado de la ONU envió a Cuba una delegación para investigar una serie de denuncias de violaciones de derechos humanos, y entre otros muchos casos, llevaban el de Porcel. Pasando por alto amenazas y burlando la vigilancia, Porcel logró ir a declarar ante la delegación. Fue gracias a esa gestión que en 1989 pudo salir de la Isla. Residió primero en España, donde pudo retomar su trabajo artístico. Allí compuso música para documentales, dibujos animados y programas de televisión. Asimismo se unió a la cantante cubano-española Elsa Baeza y al actor español Fernando Rojas, y con ellos creó una segunda versión de Que hablen los poetas. Un hecho significativo fue la grabación del disco Mis momentos felices (1990), en el que Baeza interpretó nueve canciones de Porcel. Es un magnífico trabajo, para el cual Porcel realizó las orquestaciones, además de participar como productor y guitarrista y cantar a dúo dos de los temas, Te amo y Amigos.

Porcel pasó después a Estados Unidos, donde reside hasta hoy. Aquí retomó su actividad en el teatro y ha musicalizado una veintena de obras para los grupos Avante y Prometeo, de Miami. Ha ofrecido también varios recitales en teatros, así como en el Instituto Cervantes y la Biblioteca Pública de Nueva York. Poco dado a promoverse y a buscar publicidad, ha seguido creando al resguardo de la mirada pública, y vive con esa discreción que siempre lo ha distinguido. En el año 2008 pudo finalmente grabar Intactvs, su primer disco. Al igual que hizo en Mis momentos felices, asumió los arreglos, tocó el piano y la guitarra y produjo el compacto, aspecto este último para el cual contó con la colaboración de Ricardo Eddy Martínez.

Intactvs viene a ser una recapitulación como artista y como ser humano, que Porcel realiza en la madurez y cuando su cabeza empieza a encanecer, como dice en Autorretrato. Usualmente, los músicos de su calidad pasan balance cuando cuentan ya con una cantidad considerable de discos. Es un modo de volver la vista atrás para repasar la obra acumulada hasta entonces. En su caso, sin embargo, no ha sido así. Ese resumen es a la vez su primer trabajo discográfico, que sale treinta y tantos años después de haber debutado profesionalmente como músico. En el compacto hallamos así canciones de su etapa en la Isla: Amigos, Esa mujer (que llega), Diario, Este amor, Mis momentos felices, Que no existías, Ay del amor, Canción para esperar el alba, aunque es pertinente aclarar que no todas llegaron a ser conocidas entonces. Incluirlas era, como él ha expresado, un compromiso moral, un fardo que ha cargado durante décadas, ya que nunca habían sido grabadas por él. En Intactvs figuran además composiciones de las décadas posteriores a su salida de Cuba, como Hijos, Un día (que quedará en mi diario), Retorno y fuga, Autorretrato

Obra al margen de las corrientes y las modas

Son muchas las compensaciones que reporta la audición de este excelente compacto. La primera es descubrir el impecable y sostenido nivel artístico que aúna a esas catorce canciones. Pese a los años que median entre unas y otras, no se notan caídas ni desniveles. No hay tampoco la más mínima concepción al facilismo. Puede hablarse incluso de continuidad musical y filosófica (este último término resulta justo, por la densidad reflexiva de muchas de las letras). De igual modo, se puede advertir la diversidad de su diapasón, algo que el resto de su obra confirma con creces.

En el plano temático, se pone de manifiesto una particularidad que desmarcó a Porcel del resto de sus contemporáneos: nunca escribió para conmemorar fechas patrióticas o celebraciones revolucionarias. Tampoco le interesó ser cronista de esa realidad. Nada de eso tenía cabida en su poética. Ni siquiera renunció a ella en una composición como En busca de una nueva flor. La referencia al evento del cual fue tema es puramente circunstancial, pues ni una sola palabra de la letra alude a ello. Escribió las canciones que quiso escribir, y tal libertad constituye hoy una soberbia lección.

Porcel es asimismo un músico que ha creado su obra al margen de las corrientes, las modas y el brillo de los reflectores. Es por eso que sus canciones más antiguas mantienen hoy intactas su frescura y su lozanía, y se escuchan como si su autor las hubiese compuesta la semana pasada. Eso se refleja también en la intemporalidad y universidad de los asuntos tratados por él. El amor constituye el motivo más recurrente en esas canciones, aunque Porcel también trata otros como la amistad, el inevitable paso de los años, la muerte. Algo que ha de sorprender a muchos es que en su repertorio no tienen cabida el odio, el resentimiento ni la amargura. Lo dice él en Autorretrato, cuando canta: “Después de tanto azote y diezmo,/ aún puedo sonreír./ El odio no me tienta,/ ni la venganza asoma sus derroteros”.

Otra de las cualidades que se ponen de manifiesto en Intactvs es el talante esencialmente musical de su creador. Antes de emprender su andadura profesional, Porcel se preocupó de adquirir una adecuada formación con maestros como Leopoldina Núñez, Harold Gramatges, Alfredo Diez Nieto, Ángel Vásquez Millares y Vicente González Rubiera “Guyún”, entre otros. Con ellos estudió guitarra clásica, composición, contrapunto, orquestación. De ahí provienen, en buena parte, su perfecta armonía, su maestría para componer melodías complejas y ricas, su elaborado trabajo musical, su delicada sensibilidad, su creatividad para asimilar e incorporar sonoridades cubanas y extranjeras. Porcel demuestra además en Intactvs su talento como intérprete, orquestador y guitarrista, tres facetas que contribuyen a hacer del mismo un disco redondo.

Es una pena que el compacto no incluya las letras de las canciones. Lo digo porque Porcel escribe poemas para ser cantados. Apunté antes que ha puesto música a textos de algunos escritores. En realidad, es algo que no necesita: él es un poeta-músico o, si se prefiere, un músico-poeta. Al reintegrar canción y poesía, convierte las letras en genuinas manifestaciones literarias: “Todas mis ilusiones andaban de fiesta/ cuando llegó a mi puerta queriendo encontrar un nido./ No trajo nada consigo, solo el pesar y la vida/ que le encendían la piel pues del amor no sabía./ Como el andar solitario no es cosa de broma/ me acostumbré a su aroma así como si nada,/ y en la primera alborada que del silencio salvamos/ entre el deseo y el miedo de no caer, nos amamos./ ¡Ay del amor que cargado de sed,/ vuela, se posa y se marcha otra vez!/ ¡Ay de los sueños que van a morir en el mar!/ ¡Ay de mí! / ¡Ay que ha pasado el amor y no vuelve a pasar!/ ¡Ay de mí, nunca más!”.

Un análisis de sus textos demuestra que Porcel emplea de modo consciente y perspicaz los recursos expresivos de la poesía escrita (figuras retóricas, estructuras sintácticas, lenguaje tropológico). Estamos a no dudarlo ante una voluntad poética llena de exigencia, delicadeza lírica y frescura. Asimismo la escritura evidencia su gusto por un idioma despojado y limpio y una dicción mesurada, así como por un español castizo y de rica sonoridad (en sus composiciones se pueden hallar vocablos como donaire, vergel, diezmo, abrojo, pleamar, mirto, abrevar). Todo ello hace que sus letras cristalicen en un grado de sabia belleza a la cual nos hemos ido desacostumbrando.

Solo me resta agradecer a los santos, los orishas, las apus andinos o a quien corresponda, la posibilidad de contar con estas catorce canciones que nos devuelven, por fin, a Mike Porcel. Intacto. Invicto.

Intactvs se puede comprar aquí.


El cantante y compositor Mike PorcelGalería

El cantante y compositor Mike Porcel. Foto de Diego Regueral

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