Actualizado: 21/08/2017 12:31
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Veneración a la Virgen de La Caridad del Cobre

Un bolero son, una misa y un concierto bailable como ofrenda a la Virgen de la Caridad del Cobre

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“Fuéle preguntado cómo se llama, de dónde es natural, qué edad, estado y oficio tiene. Dijo: que se llama Juan Moreno, negro esclavo, natural de este dicho lugar, y que es de edad de ochenta y cinco años y casado. Y esto responde. Preguntado, declare lo que sabe en razón de la aparición de Nuestra Señora Caridad y Remedios. Dijo que sabe este declarante que siendo de diez años de edad fue por ranchero a la Bahía de Nipe, que es en la vanda del norte de esta Isla de Cuba, en compañía de Rodrigo de Hoyos y Juan de Hoyos, que los dos eran hermanos y indios naturales, los cuales iban a coger sal y habiendo ranchado en Cayo Francés que está en medio de dicha Bahía de Nipe para con buen tiempo ir a la salina, estando una mañana la mar en calma salieron de dicho Cayo Francés, antes de salir el sol los dichos, Juan y Rodrigo de Hoyos, y este declarante. Embarcados en una canoa para la dicha salina y apartados de dicho Cayo Francés, vieron una cosa blanca sobre la espuma del agua que no distinguieron lo que podría ser, y acercándose más les pareció pájaro y ramas secas. Dijeron dichos indios, parece una niña, y en estos discursos, llegados reconocieron y vieron la imagen de Nuestra Señora de la Virgen Santísima, con un niño Jesús en los brazos sobre una tablita pequeña, y en dicha tablita unas letras grandes las cuales leyó dicho Rodrigo de Hoyos y decían: ‘Yo soy la Virgen de la Caridad’, y siendo sus vestiduras de ropaje se admiraron que no estaban mojadas. Y en estos llenos de gozo y alegría, cogiendo solo tres tercios de sal se vinieron para el Hato de Barajagua donde estaba Miguel Galán, Mayoral de dicho Hato y le dijeron lo que pasaba, de haber hallado a Nuestra Señora de la Caridad. Y el dicho Mayoral muy contento y sin dilación envió luego a Antonio Angola con la noticia de dicha Señora al Capitán Don Francisco Sánchez de Moya, que administraba las minas de dicho lugar, para que dispusiese lo que había que hacer, y mientras llegaba la noticia pusieron en la casa de vivienda de dicho Hato un altar de tablas, y en él a la Virgen Santísima, con luz encendida, y con la referida noticia, el dicho Capitán, Don Francisco Sanchez de Moya, envió orden al dicho Mayoral Miguel Galván que viese una casa de dicho Hato, y que allí pusiese la imagen de Nuestra Señora de la Caridad, y que siempre la tuviese con luz”: Fragmento de la Audiencia de Santo Domingo —pliego 363— en el cual, Juan Moreno —75 años después— relata, bajo juramento eclesiástico, cómo fue hallada la imagen de la Virgen de la Caridad del Cobre. Pergamino encontrado por el historiador cubano Leví Marrero (Santa Clara, 1911–Puerto Rico, 1995) en el Archivo de Indias de Sevilla.

Hermoso texto de valores literarios indiscutibles que da inicio a uno de los grandes mitos de la Isla. Nuestra Señora de la Caridad del Cobre. Cachita. Advocación de la Virgen María. Patrona de Cuba en nombramiento proclamado por Benedicto XV en 1916 y coronada personalmente por Juan Pablo II en 1998. Oshun, deidad yoruba que habita los ríos. Emblema del amor, el dinero, la fertilidad y la belleza. “El soporte de nuestro sistema religioso es Oshun, la Caridad del Cobre. La Cachita amada de nuestro pueblo, que todos los 8 de septiembre celebramos con toques de tambores batá, almuerzo con acelga, cebolla, camarones, tamales, carne de jicotea, mieles, turrones, chivo, codornices y bembé festivo lleno de amor por ella; debe imperar el color amarillo y el brillo del bronce”, comenta el babalawo cubano residente en México, Miguel Oscosongo. “Pequeños pedazos de cobre en los cuales se palpa un centelleo amable, colocados en un vaso de agua y tenerlo en la mesita de noche, proporciona un futuro viable en lo personal y familiar; si pones los pedacitos del metal en la cartera o los lleva junto al menudo de monedas mucho mejor: protege contra los males del diario”, me dice el italero (persona que domina el oráculo de la adivinación en la santería) Alfonso Valdés.

El novelista norteamericano Ernest Hemingway donó la medalla del Premio Nobel (1954) a la Basílica Santuario Nacional de Nuestra Señora de la Caridad de El Cobre, Santiago de Cuba. “Lo hago en reconocimiento al pueblo cubano, inspirador de El viejo y el mar, la novela mía que más quiero”, declaró el autor de Adiós a las armas.

Cuatro siglos de la aparición de Cachita (algunos consideran que en realidad la visión se produjo a principio de 1613) y los fervores en su honor se multiplican. “Hemos vendidos cientos de imágenes, efigies de bronce, cerámica, porcelana y albardilla de la Virgen de la Caridad. Vienen cubanos, turistas y mexicanos a comprar estampillas y misarios por estos días de la Patrona de Cuba”, comenta el gerente de El Crisol, la tienda más popular del centro de la capital mexicana dedicada a la venta de accesorios religiosos. La Virgen de la Caridad del Cobre, Oshun en amoroso dorado cálido. Los hervores del mar de Nipe: Santiago de Cuba y el cobre milagroso de anhelos en iluminada perplejidad de la Isla.

Tres tributos musicales: “Los Tres Juanes” (Bienvenido Julian Gutiérrez/ Miguelito Cuní), Misa cubana (José María Vitier), La Caridad nos une. En vivo (Orquesta Sonido Esperanza)

La tradición musical cubana ha rendido tributo múltiple a la Virgen de la Caridad del Cobre: muchos estribillos del montuno/mambo de estructuras bailables contienen referencias directa a Oshun. Celina González, Joseíto Fernández, Ernesto Lecuona, Eliseo Grenet, Marcelino Guerra, José Luis Cortés, Arsenio Rodríguez, Celeste Mendoza, Adalberto Álvarez, Machín, Carlos Embale, Cratilio Guerra —nuestro más profuso compositor de música religiosa—, Ignacio Piñeiro, Celia Cruz y Juan Formell, entre muchos más, han hecho acotaciones y referencias a la Virgen aparecida en las serranías de El Cobre. Son montuno, guaguancó, guaracha, danzón, habanera, yambú, changüí, pregón y timba presentan en sus conformes líricos, pródigas glosas a Cachita. Presentamos tres ejemplos significativos: un bolero son, una misa coral y un concierto en vivo de música bailable.

Los tres Juanes de Bienvenido Julián Gutiérrez

Bienvenido Julián Gutiérrez (La Habana, 1904–ibíd., 1966) compuso la mayoría de los temas del grupo de guaguancó Los Roncos (dirigido por Ignacio Piñeiro). Su “Convergencia” (música de Marcelino Guerra) es uno de los boleros/sones más hermosos de la música popular cubana. Imposible olvidar “Cobarde no”, “Dónde va Chichí”, “Tú no lo creas”, “Con amor todo se olvida”, “El diablo Tun Tun”, “Sensemayá”, “Por la señal”, “Vuelve a besar” y “Contradicción”, entre muchos sones, boleros y guarachas, que se hicieron populares en los años 40 y 50.

“Los Tres Juanes” (la tradición reconoce a Juan Moreno, Juan de Hoyos y Rodrigo de Hoyos como Los Tres Juanes), bolero son que hace referencia a la aparición de la Virgen del Cobre estructurado desde lenitiva consonancia melódica y pespuntes de cadencia sonera en perfecto equilibrio armónico. “Virgen que a los Tres Juanes apareciste / aplacando la furia del elemento / por el niño que llevas / te ruego triste / calma, Virgen de El Cobre, / mi sufrimiento. // En el mar de mi Cuba / Madre mía / poco a poco la barca / se va hundiendo / faltándonos el pan de cada día / sin que tú oigas / la voz de un pueblo hambriento”: inspirado texto de conformación estrófica libre con ciertas tonalidades modernistas. Exposición de las penurias de la Cuba republicana y reclamo, ruego, a la Virgen prodigiosa.

En el álbum Miguelito Cuní. Sones de Bienvenido Julian Gutiérrez (EGREM, 1995) aparece una traslación de “Los Tres Juanes” al formato orquestal de septeto (guitarra tres y dirección musical de Niño Rivera —Andrés Echeverría—) de irrepetible enunciación. La trompeta subraya el motivo melódico, las percusiones caligrafían sutilmente la cadencia, el tres contrapuntea y las inflexiones de Miguelito Cuní (“Es la voz del son, frasea como nadie, me encanta escucharlo vocalizando boleros empalmados con sones”, decía Benny Moré de Cuní) entrelazan una atmósfera oratoria de tesitura aguardentosa y equilibrado rango tonal. Uno de los instantes más cabales (2 minutos y 47 segundos) de la crónica del bolero-son cubano.

Misa Cubana de José María Vitier

El pianista José María Vitier (La Habana, 1954) ha incursionado en el jazz, son, habanera, contradanza… Músico de registro variado, ha compuesto temas para ballet, cine, teatro, orfeón, infantil, sacra, Ensemble de cámara, Orquesta Sinfónica… Su CD Salmos de las Américas (Bis Music, 1998) estuvo nominado para el Grammy Latino. El público asistente a festivales como el Latino de New York, Cervantino de México, Internacional de Jazz de Montreal, Jazz de Toronto, Afro-Caribeño de Bordeaux y MIDEN de Cannes, entre otros, ha sido testigo de sus propuestas en las que fusiona la “tradición concertina clásica europea” con elementos marcadamente cubanos y brozas de Manuel Saumell, Ignacio Cervantes y Ernesto Lecuona.

Misa Cubana a la virgen de la Caridad de El Cobre (Iberautor, Im Discos, México, 2003), álbum conformado por 12 partes: I. Canción (“Déjame tomar asiento”: letra, Emilio Ballagas), II. Kyrie Eleison, III. Gloria, IV. Laudamos Te, V. Quoniam, VI. Misteriosa Transparencia, VII. Sanctus, VIII. Agnus Dei, IX. Hosanna, X. Salve Regina, XI. Plegaria a la virgen del Cobre, XII. Ave María. Ecos de Da Palestrina, Scarlatti, Bach, Mozart, Beethoven (pioneros del formato musical conocido como Misa) y guiños armónicos y formales de Stravinski, Penderecki y Cratilio Guerra: Vitier respeta el encadenamiento estructural de la Misa con inserciones de canciones populares. Recreación de los rituales concertinos clásicos con modalidades de la música de concierto y popular cubana.

Silvio Rodríguez, Amaury Pérez, María Felicia Pérez, Coro Exaudi y la Orquesta de Cámara Numadila acompañan al pianista en esta arriesgada aventura melódica/rítmica. La hermosa canción “Déjame tomar asiento”, interpretada por el trovador Silvio Rodríguez, preámbulo de una sucesión de altivos conformes corales. Fragmentos instrumentales en contrapunto con coplas de tramas cabales. La poeta Silvia Rodríguez Rivero escribe decimas y cuartetas que el compositor atempera con halos de contradanzas, villancicos, punto guajiro, sones, habaneras, bolero santiaguero…

Órgano, chelos, violines, percusiones, clave, piano… Polifonía de sacramental alocución sonora: alabanza a la Patrona de Cuba en versículos francos, directos: “Amada Virgen del Cobre. / Paz de Tempestad surgida. / En mis ojos detenida, / eres alivio de penas / y fe de mi alma prendida. // Madre de Dios, / Ven a verme. // En tu nombre es realidad / la palma real y el sinsonte; / mimar, mi cielo, mi monte, / brisa de simple verdad. // Virgen de la Caridad, / Madre de Dios, / Ven a verme. // Sea mi plegaria el río / que va camino a tu pecho. / Mi corazón sea tu lecho / y tu intenso amor mi brío. // Ven a verme, Madre. // Virgen de la Caridad, / Madre de Dios, / Ven a verme. // Baña con tu luz mi cuerpo, / Purifica mis heridas, / Ampara mi leve vida. / Acompáñame en la muerte. // Ven a verme Madre. / Virgen de la Caridad. / Madre de Dios, / Ven a verme”.

Misa que es uno de los más hermosos responsos de la música cubana del siglo XX. En 1998, esta obra fue ganadora del Gran Premio de CubaDisco.

La Caridad nos une. En vivo. Orquesta Sonido Esperanza

En el fonograma ¡AY Dios ampárame¡ ( Caribe Productions,1995), Juan Formell y Los Van Van presentan el tema “Soy todo” (letra: Eloy Machado, “El Ambia”; música: Juan Formell), un songo con armonías raperas de abierta alabanzas a los Orishas de la religión yoruba. En los conciertos los asistentes entran en trance desde pasos bailables de frenético contoneo: el cantante provoca la cadena “inspiración-respuesta-coro” en el estribillo del montuno/mambo: cada una de las deidades del panteón Ifá encuentran refugio corporal en la sofocante atmósfera sacramental que provoca dicha composición. Algo similar sucede con “¿Y qué tú quieres que te den?” (Adalberto Álvarez) del álbum Mi linda Habanera (Bis Music, 2005) de la Orquesta Adalberto Álvarez y su Son. “Desde el África vinieron / y entre nosotros quedaron / todos aquellos guerreros, / que a mi cultura pasaron, / Obatalá Las Mercedes, / Oshun es La Caridad, / Santa Barbara Shangó, / y de Regla es Yemaya, / va a empezar la ceremonia / vamos a hacer caridad”, reza el introito de un son/guaguancó que inflama los salones de bailes. He visto danzarines que se transforman, improvisan gestos instigadores, dan saltos delirantes frente a esta pieza del fundador de son 14. Los tópicos religiosos tienen fuerte presencia en las cálidas y provocativas cadencias de los lemas bailables afrocubanos.

La Caridad nos une (YorgisMusic Productions 2012) de la Orquesta Sonido Esperanza, conformada por músicos cubanos residentes en Miami, rinde tributo a Cachita a propósito de los 400 años de su aparición en la Bahía de Nipe de Santiago de Cuba. Producción de Missionary Society Jonh Paul II, esta placa recrea argumentos de latin jazz, danzón, son, bolero, lamento afro, guaracha, mambo, apuntes timberos y guaguancó. Agrupación de formato singular (piano, tres, teclados, bajo, violines, trompeta, trombón, sax tenor, flauta, congas, bongó, campana, maracas, quinto, timbal, güiro y voces), oscila entre charanga, conjunto y combo de jazz. A la cabeza, el bajista/flautista Yorgis Goiricelaya secundado por el destacado percusionista Marvin Diz, el trombonista William Paredes, el conguero Mayito Aguilera y el pianista Liván Mesa.

Un Opening de raigambre jazzística —reverberaciones de cubop/mambo/cha— abre el festejo dedicado a Oshun/Caridad. Los danzones “Virgen María del Cobre” y “Danzón Río Sumida” obligan a la agrupación a trasladarse a un diapasón totalmente charanguero con espléndido solo de flauta, ataque rítmico de violines, piano en tranquilo tumbao a lo Frank Emilio y timbal en “cáscara” contrapunteada. Los sones “Tu palabra”, “Ay mi virgencita”, “La Caridad nos une” (“Nos une la Caridad/ la caridad nos une / desde las aguas de Nipe/ tus hijos peregrinos / la caridad nos une / a todos los cubanos / donde quiera que estén”. Oídos al espléndido solo de trompeta), “Óyenos María Caridad” (Óyenos María de La Caridad / que entre los cubanos reine la unidad”), “Caminar contigo” (costuras songueras evidentes en el montuno final) y “Veneración” (composición de Nohemí Matos que el Trío Matamoros popularizó en los años 30-40, uno de los primeros homenajes a la Caridad del Cobre, que Sonido Esperanza enriquece con citas y abiertas fluctuaciones timberas) están armonizados desde patrones que hacen guiños a los grandes conjuntos cubanos de los 50 con conformes armónicos contemporáneos que recuerdan a Adalberto Álvarez y El Gran Combo. Merece atención el “Mambo de la Caridad” en abierto tributo a Pérez Prado y descarga a lo Cachao de eficaz virtuosismo instrumental (solo de trompeta chappotiniano; guajeo del trombón al estilo de Juan Pablo Torres con el montuno sobrepuesto; sax tenor en reflejos de Chombo Silva; flauta evocativa del estilo de Rolando Lozano; piano peruchiniano). “Caridá”, guaguancó/mambo donde el quinto de Marvin Diz redobla con soltura changüisera los pasajes de espesuras rítmicas.

Un bolero son, una misa y un concierto bailable como ofrenda a la Virgen de la Caridad del Cobre. Las burbujeos de la Bahía de Nipe tiñen los anhelos: una muchacha y un muchacho de Santiago rezan juntos en la Basílica, el cobre centellea en sus ojos en votos por la esperanza: la Caridad nos une en el columpio de la compases fervientes de nuestra música.


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