¡El viejo Jotavich!

¡El viejo Jotavich!

Yo no sé si aquella serie de muñequitos, no recuerdo si era rusa, que tenía un mago llamado Jotavich fue transmitida con la peor de las intenciones.

Sólo recuerdo que en cada capítulo aquel viejito se arrancaba un pelo de la barba y... ¡tin!..., convertía en conejos a los sapos, en cisnes a los feos, en flor a lo bestial.

Los niños cubanos de entonces (años 80), ajenos a las historias prohibidas de los reyes magos, no nos perdíamos aquellas aventuras del muñeco que hacía milagros.

Le pedíamos a nuestros padres lo que Jotavich convertía en realidad desde las pantallas en blanco y negro de los televisores Caribe. Frente a ellos añorábamos los regalos y los sueños.

La televisión cubana ha reexhibido la mayoría de las series antiguas producidas en el ex campo socialista. Sin embargo, los capítulos de Jotavich y sus extraordinarias magias, nunca más fueron emitidos y dudosamente se conserven en los estudios del ICRT o del ICAIC.

No obstante, he visto imágenes recientes que me han recordado al viejito de mi niñez. Esos recuerdos lindos de mi infancia, hoy los he visto convertidos en pesadillas: el “nuevo” Jotavich no se arranca pelos de la barba y mucho menos hace milagros.

Se dedica a atacar y a decidir aún el destino de muchos y desde su longevidad poco saludable, se empeña en hacer el mal, en burlarse de la historia del mundo, en persistir en la idea de que los sueños de los cubanos sean pesares.

No sé si los estudios de animación que hicieron posibles aquellas imágenes del viejo Jotavich conservan alguna copia de tan inocente y querido abuelito. ¡Que falta les haría constatar, a las nuevas generaciones de cubanos, que un viejo con barbas feas no siempre es símbolo de la hecatombe!

Hoy, cuando llego a mis primeros 30 años, me cuesta trabajo entender cómo es posible que Jotavich haya sido sustituido por aquel que hace 50 años sacó una metralleta y mandó a matar la esperanza. No entiendo como sus “nuevas” imágenes hayan sido hecha públicas en el mismo horario en que yo disfrutaba del “difunto” Jotavich. Esa "aventura" de ayer fue transmitida para todas las edades. ¡Qué horror!

Yo prefiero al abuelito ¿ruso? y lo extraño... no sé si es por este malestar que se siente cuando los 20 años quedan atrás. Lo cierto es que desde hace unas horas, lamento no tener los mismos poderes que él tenía, para dejar de una vez, sin barbas, a aquel que me ha hecho recordar, con tristeza, mi niñez.

18/06/2008 17:53