Sanciones y moral de Europa
¿Qué es Cuba para los ministros de exteriores de la Unión Europea reunidos ayer en Bruselas? ¿Qué sinapsis despierta el topónimo «Cuba» en los cerebros de esa gente trajeada y encorbatada? ¿Qué es Cuba para Benita Ferrero-Waldner, comisaria de Relaciones Exteriores?
¿Qué son los cubanos para esos ministros europeos enredados en una crisis del propio entramado que los ve reunidos, más una crisis del modelo económico occidental que promete una Europa absolutamente periférica en un mundo que ya encuentra otros centros?
El desespero de una madre en Marianao que no sabe cómo vestir a su hijo, el alcoholizado padre de El Diezmero que no sabe qué coño hacer con su vida, el muchacho de Batabanó que quiere ir a pescar, para comer pescado, pero no lo dejan, el oriental devuelto a la fuerza a Guantánamo desde La Habana, la pinareña que no sabe cómo reunir el dinero para comprar una botella de aceite de girasol, el «buzo» criminalizado, tanta y tanta gente que padece la miseria y la represión impuestas por el totalitarismo cubano, ¿qué saben de ellos los ministros europeos?
Si la respuesta a esa pregunta fuera un piadoso «nada», podríamos lamentarnos de no haber sabido llevar la verdad sobre Cuba a las cancillerías europeas. Y podríamos consolarnos con aquello de que «el rey no lo sabe» y demás zarandajas tardomedievales y precisamente europeas.
Pero la cuestión es mucho, muchísimo, más grave. Y también banal.
Porque esa gente que avaló ayer, a instancias del miserable Miguel Ángel Moratinos, mandado por el miserable José Luis Rodríguez Zapatero, el levantamiento de las sanciones a La Habana sabe PERFECTAMENTE lo que sucede en Cuba.
Saben de los presos políticos, saben de la represión cotidiana, saben del gatopardismo, saben de la manera en que las elites militares cubanas afianzan su poder económico para controlar la Cuba poscastrista, saben de la miseria generada por un estado que impone precios salvajes a los víveres que los cubanos compran con el dinero del exilio, ¡LO SABEN TODO!
Y saben algo más, porque La Habana no ha dejado de repetirlo Y PROBARLO. Saben que el control totalitario de la sociedad cubana permite a los Castro y sus secuaces –Juana Bacallao dixit- permanecer sordos a todo reclamo que provenga del exterior. A ignorar sanciones europeas y embargo norteamericano. A mantener sometidos por los siglos de los siglos a 10 millones de cubanos.
El totalitarismo cubano, por mucho que uno se entretenga en distinguir señales de cambio, en rastrear indicios de flexibilización, y hasta por ciertos que sean esos amagos, es reo de una inercia que no romperán más que el azar o el tedio acumulado. El resto es mero entretenimiento.
Tal certeza es la que lleva a imponer sanciones o a levantarlas, a condenar o a saludar, a conceder créditos, condonar deudas, mantener reuniones, firmar acuerdos… e incluso a soportar impertérrito, fue el caso de Moratinos, que un ministro cubano diga a su lado que en Cuba no hay presos políticos.
Los ministros europeos que acordaron levantar las sanciones a Cuba actuaron ayer con la indolencia propia de quien es consciente de la irrelevancia de sus actos. Saben que, hagan ellos lo que hagan, no incidirán de veras en la política interna cubana.
Ignoraron a sabiendas que la inutilidad práctica de las sanciones o el embargo dista de ser razón para suspender las primeras o levantar el segundo.
Las sanciones y el embargo son herramientas morales de Occidente para poner en evidencia a la dictadura cubana. Tal es su función única: poner de manifiesto que las democracias no tratan a las dictaduras como pariguales. Trazar una línea entre lo justo y lo injusto, entre la normalidad y la anormalidad, entre lo permisible y lo insoportable.
Haber levantado las sanciones nada aporta en relación con Cuba, pero sí que dice mucho de qué es Europa hoy.
Por eso, a quienes único puede interesar de veras lo que sucedió anoche, y las palabras de Moratinos y Ferrero-Waldner, es a los predicadores que traman desde las mezquitas cómo apoderarse de una civilización ya desprovista de los valores que antaño la sustentaban. ¿Sanciones? ¡Para sanciones las de la sharía!
Como tantas otras veces, ayer se habló de «Cuba», pero de Cuba no se hablaba.
Ilustración: A NEW & ACCURATE MAP OF THE ISLAND OF CUBA..., Emanuel Bowen, ca. 1747
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20/06/2008 13:21
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