Actualizado: 02/08/2021 20:25
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Acuerdos, Economía, URSS

Aquellos «Maravillosos Años Soviéticos»

Los Acuerdos Económico-Financieros entre Cuba y la Unión Soviética, del 23 de diciembre de 1972, fueron el comienzo de una etapa a la que muchos cubanos de la isla miran hoy con nostalgia

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A inicios de los setenta, tras los desastres bíblicos de la Zafra de los Diez Millones, del Cordón de La Habana, y tras el abandono de proyectos faraónicos como la desecación del Golfo de Batabanó, hazaña con la que conseguiríamos hacer lo que Holanda en un milenio para la siguiente celebración del 26 de Julio, el país enfrentaba su primer “periodo especial”: la canasta de productos normados se achicaba por meses —supuestamente para ayudar a los hermanos vietnamitas, los precios andaban por las nubes en el perseguido mercado negro, la poca ropa y zapatos comenzaron a distribuirse por el CDR, y los apagones ocurrían una noche sí, y otra también.

Por fortuna en 1971 la URSS todavía estaba ahí, y poco después, cuando en Punto 0 decidieron ser un tanto más racionales, y apoyar la política exterior imperial de Moscú en Europa del Este y Central, la ayuda económica soviética vino a salvarnos de las consecuencias del Gran Brinco Adelante. Una sucesión de delirios económicos de Fidel Castro, muy semejantes a los contemporáneos de Mao en la República Popular China, en cuya realización se malbarataron los recursos y el capital histórico del país que el régimen fidelista heredó al treparse en el poder en 1959.

Esa ayuda se concretó en los Acuerdos Económico-Financieros del 23 de diciembre de 1972. Los cuales, según ciertos guasones bien enterados, la dirección soviética se decidió a concedérnoslos preocupada por la larga estadía del Comandante en la URSS: durante más de dos meses, entre octubre y diciembre de ese año. Según los citados guasones, en el Politburó se temió que el compañero se les quedara por allá, que obtuviera la ciudadanía soviética, ingresara en el PCUS, y finalmente conquistara el Kremlin con el apoyo de los halcones del Ejército Rojo… lo cual, dado el desespero por disparar primero demostrado por el Comandante durante la Crisis de octubre de 1962, no le hubiera augurado nada bueno a la especie humana.

Al decir del propio Fidel, estos Acuerdos significaron: “una forma verdaderamente ideal, una forma ejemplar de relaciones económicas entre un país industrializado y un país pobre y subdesarrollado como es nuestro país… no existe a nuestro juicio, ningún precedente en la historia de la humanidad de tan generosas relaciones”. Lo que sin lugar a duda es cierto.

Pero dejemos que sea el mismo Fidel quien nos explique en que consistieron los referidos acuerdos:

“En primer lugar, sobre la deuda exterior, es decir los créditos: tanto créditos comerciales —para satisfacer el desbalance comercial que hemos tenido todos estos años— como los créditos para el desarrollo, las deudas contraídas por estos conceptos, se pospone su pago hasta el primero de enero de 1986, es decir, para dentro de 13 años, para pagar con productos cubanos en 25 años, y, además, sin ningún interés a partir del momento de la suscripción de estos acuerdos. Es decir, una fórmula óptima para abordar el espinoso problema de la deuda exterior, problema agobiante hoy para la inmensa mayoría del mundo.”

“En segundo lugar, nuevos créditos con relación al intercambio comercial; para los futuros años en que nosotros necesitamos créditos comerciales para compensar el intercambio. De nuevo se trata esta cuestión de una manera óptima: se le facilita a Cuba los créditos necesarios para la importación de la mercancía que requiere anualmente de la Unión Soviética en los próximos tres años —y son cantidades grandes—, y del mismo modo se pospone su pago para 1986, para pagar en 25 años, y no devengarán interés alguno.”

“Por otro lado, créditos no comerciales, sino créditos para nuevas inversiones, créditos para el desarrollo. Se nos conceden los créditos con un interés muy bajo y para pagar en 25 años —no en cuatro ni en cinco ni en diez ni en quince: ¡para pagar en 25 años! Otra fórmula realmente ideal para abordar los problemas del desarrollo para cualquier país en las condiciones de Cuba.”

“Y por último, con relación a nuestros productos, a nuestras exportaciones principales, la Unión Soviética nos concede precios altamente satisfactorios. Se elevan considerablemente los precios que nos venían pagando por el azúcar, que eran superiores al precio promedio del mercado mundial, y nos garantiza esos precios en el futuro, precios equivalentes a 11 centavos (dólar) la libra. ¿Qué significa esto? Que por cada millón de toneladas que exportemos recibiremos aproximadamente 100 millones más de pesos, ¡por cada millón de toneladas! La diferencia entre el precio que existía de algo más de seis centavos, a estos precios actuales.”

“Y lo mismo ocurre con el níquel. Los precios promedios de estos años han estado entre dos y tres mil dólares la tonelada en el mercado mundial, y ellos nos conceden precios aproximadamente de cinco mil dólares la tonelada.”[1]

O sea, lo que ya se debía en 1972, y todo lo que se nos prestara desde entonces y hasta 1986, se posponía su pago hasta ese último año, lo cual se haría en un plazo de 25 años, sin ningún interés y en productos cubano. Solo se les cobraría un interés muy bajo a los créditos no comerciales, para inversiones.

Esta “forma verdaderamente ideal de relaciones económicas entre un país industrializado y un país pobre y subdesarrollado”, no solo permitió que la sociedad cubana superara las consecuencias de los delirios faraónicos de Fidel Castro durante la década de los sesenta. En realidad, para cualquier historiador que estudie hoy las series estadísticas relacionadas con la calidad de vida de la población en Cuba, únicamente a partir de la firma de estos Acuerdos se puede constatar un cambio social para mejor en Cuba, no antes.

Veamos, por ejemplo, las series históricas del per cápita de alimentación, del número de médicos en ejercicio, de los niveles de universitarización, o del índice de mortalidad infantil, entre los años cincuenta y los ochenta:

Las gráficas construidas a partir de dichas series muestran una inflexión positiva no en los años que siguen inmediatamente a 1959, sino en los posteriores a 1972. La mortalidad infantil solo comienza a caer de un valor de 38 por mil, que se ha mantenido casi constante durante la década de los sesenta, en el primer lustro de los setenta. El índice de universitarización mantiene la misma lenta tendencia a crecer del periodo republicano, hasta el curso 1972-73, en que comienza a acelerar su crecimiento en concordancia con las tendencias latinoamericanas, de las que Cuba ha sufrido un ligero desfase en el segundo quinquenio de los sesenta. El número de médicos, que en 1963 había caído a unos 3.000, a resultas de la emigración de profesionales al inicio de la Revolución, deberá esperar 10 años hasta 1973 para multiplicarse por dos y llegar a 6.000, mientras que a partir de esta última fecha en solo otros 5 años vuelve a doblarse, para ser 2,5 veces mayor en 1980. En cuanto al per cápita de calorías ingeridas por el cubano promedio, este sufre una caída en los duros años de inicios de los sesenta, sobre todo por el empeoramiento de la alimentación en las clases medias y altas, para después sufrir una caída general entre 1969 y 1972, que solo comienza a remontarse hacia 1974.

Evidentemente esas mejoras del primer quinquenio de los setenta, en la calidad de vida del cubano, no pueden ser explicadas como logros propios de un Gobierno Revolucionario que, en la década precedente, estuvo demasiado distraído en la consecución de los delirios del Gran Brinco Adelante fidelista —el cual nos pondría en el Comunismo en par de celebraciones del 26 de Julio más, sino, en todo caso, en el logro indirecto de haber conseguido establecer a esa relación ideal con la URSS.

Nos permitimos ser más absolutos: Fue sin duda la masiva ayuda soviética, posterior y a consecuencia de los mencionados Acuerdos, la que permitió cualquiera de los famosos logros de la Revolución. Desde la masiva construcción de escuelas en el campo, que tuvo su pico en los años que siguen a 1972, hasta la revolución de los servicios médicos, que ocurrió también a posteriori de esa fecha, pasando por nuestro deporte, que es solo en los setenta, gracias a la ayuda técnica del Campo Socialista, que comienza a tener aquel nivel de desempeño del que hoy estamos muy, pero muy lejos.

Los Acuerdos, durante el tiempo en que estuvieron vigentes, marcan el único periodo realmente especial, de relativa prosperidad, en medio del día a día de carencias, apagones y falta de oportunidades en la Cuba de Fidel, luego en la de Raúl, y ahora en la de Miguel Díaz-Canel. Los Maravillosos Años Soviéticos.

Durante los dieciséis años que siguieron a la firma de los Acuerdos, los soviéticos demostraron tener una inagotable voluntad política de ayudar al mejoramiento de las condiciones de vida en Cuba. Así, cuando al año y pico de haberse suscrito los mismos el precio del azúcar en el mercado mundial se disparó hasta los 29 centavos por libra, muy por encima de los 11 a que ellos nos la pagaban en base a lo acordado, de inmediato readecuaron al alza sus precios de compra.

La tabla siguiente, tomada de Cuba y la Economía azucarera mundial, del Doctor Marcelo Fernández Font, nos permite observar hasta qué punto llegaba esa buena voluntad soviética: hasta pagarle el azúcar al estado cubano a cuatro veces su precio en el mercado mundial.

Tabla III (Dólares por tonelada de azúcar crudo cubano).

Países19781979198019811982
Bulgaria402,78423,61444,44494,86515,45
Checoslovaquia361,11361,11437, 93366,99460,43
RDA361,11361,11437,93506,41506,41
Rumanía361,11361,11361,11492,16368,34
URSS608,14602,85759,19606,09658,12
Mercado mundial135,69163,76446,57261,04170,12

Utilizando además los datos que este libro da de los volúmenes de azúcar comprados por la URSS —como promedio algo más de 3 millones de toneladas, podemos calcular cuánto obtuvo el Estado cubano por encima de lo que habría logrado en el mercado mundial, gracias a dichas ventas: Solo en estos cinco años, y en el único caso de la URSS, aproximadamente $7.481 millones. Pero si además incluyéramos lo que se obtuvo gracias a las ventajas que a su vez nos daban los demás países más desarrollados del CAME, la cifra total resultaría de alrededor de $9.000 millones en solo estos cinco años.

Podemos afirmar en consecuencia que, únicamente por los precios preferenciales del CAME a nuestra azúcar, y solo entre 1973 y 1989, el Estado cubano obtuvo la exorbitante cifra de entre $20.000 y $27.000 millones de la época. Lo que a su vez equivaldría a mucho más dinero del que gracias al Plan Marshall recibieron algunas grandes naciones de Europa occidental, con una población en 1945 cuatro o cinco veces superior a la de nuestro país en 1989.

Mas durante este periodo realmente especial la ayuda soviética no solo se concretó en los precios preferenciales en que nos compraban el azúcar, el níquel, o todo lo demás, sino también a su vez en los precios increíblemente favorables en que nos vendían casi todo —a excepción del armamento, que nos lo regalaban: en 30 años nos regalaron más de 2.000 tanques, por encima de 400 aviones de combate a reacción, una treintena de coheteras y torpederas, unos 400 obuses y cañones…

Por ejemplo, a los pocos meses de firmados los Acuerdos, en 1973, el precio del barril de petróleo crudo en el mercado internacional se disparó. Para 1974 su precio, que nunca antes había excedido los 3 dólares, se situó en los 12… seis años después, en 1980, promediaba los $30.

En esa situación la URSS nos vendió el petróleo a solo la mitad, o a las dos quintas partes del precio que habría podido obtener por él en el mercado mundial. Lo cual resulta más a destacar, porque los Maravillosos Años Soviéticos en Cuba coinciden con los años de Estancamiento Brezhneviano en la URSS. En que una de las pocas fuentes para contrarrestar los efectos del retroceso económico con que contaba Moscú, era precisamente la venta de petróleo a ese mercado mundial que absorbía cualquier cantidad de oferta, sin que a su vez bajaran los precios.

Tabla VI (Elaborada con los datos obtenidos del Anuario Estadístico, 1981).

.19751980
Ctd de petróleo crudo importado de la URSS5.797 millones de toneladas6.025 millones de toneladas
Precio total del petróleo crudo importado desde la URSS223.354 millones de dólares491.446 millones de dólares
Precio de la tonelada (comprada por Cuba en la URSS)40 $80$
Precio del barril (comprado por Cuba en la URSS)6$12$
Precio del barril (Mercado Mundial)12$30$

La bonanza que implicó la relación económica “ideal… ejemplar… entre un país industrializado y un país pobre y subdesarrollado”, como la establecida por nuestro país con Moscú durante los Maravillosos Años Soviéticos, terminó en 1989, tras la visita a Cuba en abril de ese año de Mijaíl Gorbachov. Entonces el Comandante en Jefe quiso convencer al Secretario del PCUS de que le diera atrás a la Perestroika, y sobre todo al Glasnost. Gorbachov, que estaba suficientemente bien informado como para saber que los logros sociales de la Revolución Cubana se debían a la generosidad de su país, e incluso que era su país quien pagaba por los renacidos delirios faraónicos de su interlocutor, ni corto ni perezoso lo mando a freír tusas.

A partir de ese momento la Cuba revolucionaria y fidelista regresó a la normalidad… a los apagones, a las carencias, a la inexistencia de otras oportunidades que dedicarse por entero a cumplir los delirios del Jefe, o en su defecto a emigrar —algunos, paradójicamente, emigran para sentirse más libres de defender al régimen cubano.

Los Maravillosos Años Soviéticos viven hoy en las nostalgias de aquellos que pasamos de los cuarenta, y recordamos los juguetes una vez al año, ahora que desde 1990 muchos niños no los han tenido nunca, los muñes rusos —que me siguen gustando más que los yumas, los minúsculos bistecs de carne de res que nuestras madres o esposas se ingeniaban para freírnos los domingos, con la exigua cuota de cada nueve días, el transporte de fábula —¡Ariadna Barrenechea no me quiere creer que en 1989 había tres guaguas diarias de Encrucijada a La Habana, más de veinte a Santa Clara, y cuatro salidas de trenes a Sagua la Grande!, o la ropa de poliéster y el sarpullido indisoluble a ella en los trópicos.

Los Maravillosos Años Soviéticos se han convertido también en una especie de Arcadia, el ideal de sociedad cubana soberana, igualitaria y con cierta relativa prosperidad, al que nos proponen regresar personajes como Díaz-Canel, o ese programa televisivo que dirige Iroel Sánchez, la Pupila Asombrada. Sin aclarar, sin embargo, que esa relativa prosperidad no se debió a la capacidad intrínseca de la sociedad cubana de proporcionarla, sino a la ideal relación de complementariedad a la que accedió una economía como la nuestra, incapaz de la autarquía.


[1] Comparecencia de Fidel Castro ante las cámaras y la televisión nacional, La Habana, 3 de enero de 1973. Tomado del número 2 del año 62 de la revista Bohemia, correspondiente al 12 de enero de 1973.


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