Actualizado: 20/08/2019 5:32
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Asuntos Pendientes (II)

La Conferencia Nacional del Partido y la familia, célula básica y fundamental en cualquier sociedad

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Los participantes en la conferencia nacional del Partido Comunista de Cuba, a celebrarse en enero de 2012, serían muy obtusos en política si dejan escapar la ocasión para abordar y contribuir a la solución del sensible y tan esperado tema de la emigración cubana.

En el orden doméstico, la cuestión migratoria es el más importante asunto político que se encuentra pendiente de resolver; las autoridades cubanas y el partido tienen la urgente obligación de proyectar y abonar un camino de equidad y armonía, de respeto y reconsideraciones hacia los plenos derechos de todos los cubanos y especialmente a los de la diáspora.

Obviar, subestimar o dejar de reconocer tan sensible y a su vez significativo asunto dentro de la problemática del país, sería una gran falta de visión y craso error o disparate político.

Quedaría pendiente el asunto para no se sabe cuándo y desaprovecharían el analizarlo en su reunión partidista; ello sería continuar dilatando una cuestión política muy sensible y lacerante que ha tenido que enfrentar a la familia cubana y que vulnera derechos humanos.

Es imposible desconocer que la cuestión de la emigración y la diáspora cubana es un fenómeno de gran envergadura, un asunto por demás influyente, que puede ser políticamente corrosivo o no, en correspondencia con la posición que se asuma ante el mismo.

El tema de los emigrados, cualquiera sea la naturaleza de su origen, tiene muchas aristas a destacar; ante todo como hemos dicho la de su significación humana y familiar, porque es necesario hacer todo lo posible por mantener la cohesión de las familias y el respeto y afecto entre las mismas.

No olvidemos que la familia es la célula básica fundamental en cualquier sociedad.

Rectificar políticas o errores cometidos, no debilita ni vulnera a nadie, por el contrario, se fortalecen los individuos o las instituciones que de esa manera proceden.

Se conoce que la sociedad y el mundo en que vivimos son cambiantes, lo que pudo asimilarse en un momento determinado, se hace imposible en otro y mucho peor aún, se convierte en algo reprochable y condenable.

Para cualquier país o gobierno, resulta imprescindible contribuir a la unidad y cohesión de su pueblo, por ello es necesario corregir políticas de fracturas sociales y acatar plenamente los derechos humanos que han sido promulgados por la comunidad internacional.

Ello a mi juicio, es una cuestión elemental de ética y moral ciudadana, también política.

Solucionar como se debe el tema migratorio, además de justo y conveniente es vincularse a las políticas contemporáneas más avanzadas y pragmáticas, porque este fenómeno ya posee una dimensión universal y continúa creciendo sin detenerse.

Para Cuba es imposible no tomar en consideración la magnitud y complejidad de su corriente migratoria y la importancia creciente adquirida por la diáspora.

Los emigrados de la Isla ya se acercan o sobrepasan los dos millones; estadísticamente, esa cantidad de cubanos viviendo en el exterior se aproxima al 20 % de la población que en la actualidad vive en la Isla.

Esa cifra es bien preocupante y significativa, no es para subestimar, menos para demonizar a sus emigrantes por razones de interpretación política o de “patriotismos” y confrontaciones acaloradas y extremas.

Esas lamentables y exageradas experiencias políticas cubanas de épocas pasadas, deben quedar atrás en la historia y que se encargue precisamente ella de analizarlas y enjuiciarlas.

La historia y los historiadores, según los métodos y metodologías de que se valen y tomando en cuenta las circunstancias que en su momento histórico se dieron, con seguridad nos dejaran sus análisis y criterios; pero en la modernidad y para las nuevas generaciones de cubanos, ello solo debe quedar en la memoria como un mal recuerdo o una negativa experiencia que no deberá volver a repetirse.

El anacrónico, obsoleto y enconado diferendo cubano-americano, que transita desde el surgimiento de la revolución cubana a la fecha, no debe ser justificación a la hora de celebrarse esta conferencia para prolongar una política que (por las razones que fueran) fracturó a las familias cubanas, antagonizó y masificó las diferencias existentes entre los cubanos.

Toca ahora a las autoridades y a los participantes de la mencionada conferencia partidista, borrar una política arbitraria y brindarle a la sociedad y a su diáspora en especial, los caminos aceptables y justos sobre el tema migratorio.

Por demás, la restitución de los plenos derechos en los asuntos migratorios, debe contribuir a propiciar el acercamiento o la reintegración definitiva de los emigrados hacia su país de origen, y con ello el retorno hacia la unidad y cohesión de la mayoría de las familias cubanas.

Si la anunciada conferencia nacional del PCC se pronunciara de manera positiva, abierta y justa sobre tan sensible y esperada situación por cientos de miles de compatriotas, restituyéndole sus plenos derechos, eliminando las exageradas exigencias y normativas existentes; esa conferencia contribuiría de manera significativa a propiciar mayores y mejores entendimientos entre todos los cubanos.

La misma además se convertiría en un parte agua, en punto obligado de referencia entre el pasado, el presente y el futuro de la nación cubana.

Cualquier partido político más allá de ideologías y posiciones políticas que en él se profesen, es por encima de todo una asociación voluntaria (selectiva o no), de hombres libres y supuestamente conscientes en política.

La militancia y sus dirigentes, precisamente por la educación, conocimientos o experiencias que han adquirido dentro del mismo; deben haber aprendido a discriminar en política lo que es correcto de lo que no lo es, lo justo de lo injusto; también a diferenciar cuales son las decisiones que aglutinan, fortalecen y apoyan de las que no lo son, porque fraccionan y debilitan a la sociedad.

Se sabe que en política muchas de las posiciones que se originan en un momento determinado, responden o se encuentran condicionadas por determinadas coyunturas que surgen y se manifiestan.

Desde mi visión o perspectivas, los pasos que en materia económica vienen dando el Gobierno y el partico cubano; exigen de ellos una pronta adecuación de criterios y posiciones políticas a su nueva realidad, debiendo desechar, definitivamente, viejos atavismos y dogmas pre concebidos, dejando atrás intransigencias en convicciones aún no demostradas y evitando las altisonantes retóricas sentenciosas, algunas de ellas sin lugar a dudas, de carácter verdaderamente dogmaticas o petrificadas en el tiempo.

Las nuevas circunstancias políticas surgidas en el mundo, se han encargado de desechar muchas ideas e hicieron caer dogmas existentes, aunque no todos.

Se ha hecho evidente, que muchas de las políticas y posiciones que en épocas pasadas se defendieron como principios a ultranza, ahora han sido desplazadas o desechadas, y al parecer, definitivamente.

Por ello pienso que en el actual escenario donde se desenvuelve el país, situación aún controvertida y antagónica en diferentes aspectos de las relaciones entre nosotros los cubanos, todo paso novedoso y rectificador es un aliciente esperanzador de posibles armonías y soluciones más definitivas.

Cuando se acumulan en nuestra patria, importantes, complejos y crecientes problemas sociales, económicos y políticos; esperamos que los conferencistas de enero no solo debatan los problemas de métodos y estilo de trabajo del partido, las dualidades o interferencias de este en los asuntos del Gobierno y la economía, o las definiciones de autoridad y mando entre las partes, porque ello sería solo proceder como el avestruz.

Es de esperar que la conferencia deba conocer también la labor jurídica que se realiza, es a su vez de suponer que revisarán, adecuarán o surgirán nuevas leyes y que posiblemente tengan que modificar hasta la propia Constitución socialista.

Nada de ello es de extrañar porque se trata de un razonamiento de coherencia y lógica ante los cambios que en la economía se encuentran impulsando y se conoce, que las sociedades se desarrollan de manera sistémicas.

Finalmente, aprovecho para sugerirle a los militantes que participen en la conferencia de enero, que no se dejen manipular por la burocracia del partido ni por nadie; que tampoco se duerman en sus laureles, porque sería muy conveniente que a la luz de los ajustes, remodelaciones o reformas que se producen y de las actuales circunstancias migratoria mundiales, que tuvieran la sensibilidad política y la valiente disposición de abordar, (sin juicios o prejuicios preconcebidos, ni tabú alguno), así como con la nueva mentalidad a la que han sido convocados por su jefe de partido; el trascendente asunto de la emigración y la diáspora, como cuestión de una urgente necesidad de inserción dentro de la economía y la sociedad cubana.


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