Actualizado: 21/11/2019 17:15
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Ganadería, Economía

¿Dónde está la leche?

Existe un declive en la producción lechera, a pesar de haberse incrementado los precios de compra a los campesinos

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El presidente Raúl Castro en su célebre discurso del 26 de julio de 2007 señaló la necesidad de que cada cubano tuviera un vaso de leche cuando deseara, refiriéndose a la ausencia de ese alimento básico en la dieta, que durante varios decenios solamente se ha vendido por el sistema de racionamiento a los niños hasta cumplir los 7 años. Esa aspiración está cada día más lejos de concretarse, si se consideran los datos sobre la producción lechera en 2011 y el primer trimestre de 2012, publicados por la Oficina Nacional Estadística (ONE) y de las recientes declaraciones del presidente de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP) en Santa Clara, recogidas por el periódico Granma el 9 de mayo.

Orlando Lugo Fonte se refirió a los atrasos acumulados en varios territorios del país en la producción y venta de leche fresca al Estado, que a fines de abril totalizaron cerca de 4 millones de litros. Entre las provincias que presentan peor situación se encuentran Villa Clara, Cienfuegos, Pinar del Río, Ciego de Ávila, Guantánamo y Camagüey —la mayor productora de Cuba. Indicó que existen otras dificultades relacionadas con el acarreo y calidad de la leche, lo cual ha incidido en el incumplimiento del plan previsto.

Existe un declive en la producción lechera, a pesar de haberse incrementado los precios de compra a los campesinos a 2,53 pesos el litro a partir del 1 de julio de 2007, si el producto tiene la máxima calidad. En 2011, se produjeron 507 millones de litros de leche, lo cual representó una disminución del 9,1 % respecto a 2010, y en el primer trimestre de 2012 se aprecia que la tendencia al descenso se mantiene con una minoración del 8,4 % con respecto a igual período del año anterior. También disminuyeron las vacas en ordeño en 3,7 % y los litros diarios por animal en 6,2 %. Hay que apuntar que lo alcanzado en 2011 representó el 49 % de los 1.034,4 millones de litros logrados en 1990, al comienzo del Período Especial, según reflejan las estadísticas oficiales.

Las causas del decrecimiento en la producción lechera son variadas. En primer lugar, la leche de vaca, junto a la carne de res, el café y otros, solo puede venderse al Estado al precio fijado por este, por lo cual los campesinos no comercializan ninguna cantidad de leche en los mercados de oferta y demanda en el mercado libre, donde lograría precios varias veces superiores; a diferencia de otros productos como las viandas (excepto la papa), las hortalizas y los granos, los cuales después de cumplirse los “compromisos” con el Estado, pueden ofertarse en el mercado libre. Además, los insumos para esta producción no son fáciles de conseguir, a pesar de que en los últimos tiempos el Gobierno vende algunos a precios relativamente altos, aunque fueron rebajados hace algunos meses.

Resulta ampliamente conocido que la crianza y explotación del ganado requieren dedicación y esfuerzos por parte de los campesinos. Los ordeños deben realizarse en la madrugada y el cuidado de los animales, la garantía de comida, agua y sombra, demandan un trabajo permanente, muy sacrificado. Por tanto, esta labor merece una retribución adecuada. Hoy la diferencia entre el precio de acopio de 2,53 pesos cubanos (CUP) el litro de máxima calidad, difiere extraordinariamente del precio de venta por el Estado en sus tiendas en divisas. El litro de leche procesada Río Zaza de producción nacional cuesta 2,70 CUC, equivalente a 65 CUP, casi 26 veces el precio de compra más alto pagado al campesino, lo que indica un inaceptable nivel de inequidad y la necesidad de elevar el precio de compra y permitir que los productores comercialicen por lo menos parte de sus producciones en el mercado libre. La cotización de este alimento en las transacciones del mercado negro (La Habana) está en torno a 20 CUP los 1.500 mililitros (1 litro = 1.000 mililitros). Sin embargo, lo deseable sería eliminar totalmente la obligación de entregas al Estado, sustituyendo el monopolio actual por mecanismos más flexibles de comercialización, con la imposición de impuestos razonables a los productores. En la actualidad se conoce que muchos campesinos incumplen los contratos de entrega a Acopio para ganar algún dinero mediante la venta “por fuera” de la leche o productos derivados como el queso blanco “casero” (a un precio de alrededor de 25-30 CUP la libra en la capital).

Además, los recursos para mejorar las vaquerías escasean y, como resultado, en muchos casos los lugares de ordeño y los caminos para transportar el alimento están en pésimas condiciones, mientras los vehículos estatales para acopiar son escasos y con problemas (en ocasiones carretones tirados por animales). A ello se une que en el interior del país el expendio de leche se realiza en las tiendas de víveres —bodegas—, o sitios habilitados, por lo regular sin las condiciones higiénicas mínimas. Todo esto incide en que una parte de la leche se eche a perder, en especial por las altas temperaturas del verano, o pierda su calidad en perjucio de los consumidores y de la industria procesadora.

También la caída productiva provoca que la importación de productos lácteos continúe aumentando en momentos, cuando sus cotizaciones internacionales mantienen cotas muy altas. Esto representa una pesada carga sobre la exigua capacidad de compra en el exterior de la economía cubana. En el período 2007/2010 hubo gastos acumulados para la importación de productos lácteos por valor de 778 millones de dólares, correspondiendo a la compra de leche en polvo 700,3 millones, mantequilla 30,3 millones, y queso y otros productos 47,4 millones, según ONE. En el período señalado, los productos lácteos representaron el 5,2 % del total de las exportaciones cubanas. La leche en polvo se comercializa en las tiendas de divisas a 5,25 CUC el kilogramo, mientras los demás artículos son destinados para el consumo de los visitantes extranjeros, con algunas cantidades ofertadas también en esos establecimientos.

En este escenario, cada día las posibilidades de que los cubanos podamos tomar leche parecen alejarse más.


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