Actualizado: 14/10/2019 9:31
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Cason, Disidencia, Oposición

Efemérides de la Contrarrevolución Cubana

Los cambios en Cuba van sucediendo al son de la dictadura por entre las situaciones coyunturales de la crisis permanente de su economía

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El 10 de octubre de 2002, las figuras opositoras Oswaldo Payá, Osvaldo Alfonso y Vladimiro Roca desayunaron en la residencia del jefe de la Sección de Intereses de USA en Cuba [SINA], James Cason, junto con sus secretarios Francisco Sainz y Ricardo Zúñiga. Además del Proyecto Varela se abordaron las elecciones en Brasil y la situación en Venezuela.

Para mediados de abril de 2009, otro jefe de la SINA, Jonathan Farrar, informaba por cable confidencial [09HAVANA221] a Washington que el salpicón surrealista contrarrevolucionario servido en aquel desayuno continuaba en el menú de los encuentros Cuba-USA. Los líderes de la oposición interna conversaban incluso sobre problemas políticos en otros países, pero no atinaban a explicar ni cómo ni cuándo conseguirían apoyo popular en Cuba. No podían hacerlo porque Fidel Castro había puesto el listón de la oposición pacífica a la altura de misión imposible: tratar de ganarse a eso que llaman pueblo sin que la Seguridad del Estado se entere.

Cason demostró que no estaba ensimismado en sus cantos guaraníes y se aplatanó enseguida al surrealismo cubiche. Contrarrevolucionariamente dijo que facilitaba su residencia a los disidentes, ya que estos tenían dificultades para reunirse; así propiciaba más bien que hasta la Inseguridad del Estado se enterara revolucionariamente de cuándo se reunían allí e incluso de qué hablaban. Cason se reunió también con algunos disidentes en sus propios domicilios hasta para fundar partidos (foto).

A pesar de que pudo declararlo persona non grata en mayo de 2003, como represalia por la expulsión de 14 segurosos cubanos en USA, Castro optó por darle pita a Cason hasta que su misión diplomática concluyera, quizás para impedir —al menos temporalmente— tener que vérselas con otro jefe más peligroso de la SINA.

Disidentes de la racionalidad

Tal como el presidente Jimmy Carter se había tenido que reunir en mayo de 2002 con sendas tandas de disidentes a favor y en contra del Proyecto Varela, Cason tuvo que desayunar otro día con Martha Beatriz Roque, René Gómez Manzano y Félix Bonne Carcasés, quienes habían ido a prisión por plantear que la patria era de todos, pero no se tragaban aquel proyecto.

Desde abril de 2001, el jurista Gómez Manzano había advertido al ingeniero Payá: “Tú y los restantes promotores del Proyecto desconocen las normas jurídicas que rigen en esta materia”. Payá simplemente repuso: Persistiré, aunque el mundo [jurídico] me nieguetoda la razón, vale la pena luchar por este amor. Y efectivamente valió la pena.

El mundo de espectáculo concedió a Payá el Premio Sajárov (2002) y hasta con un doctorado en Derecho honoris causa (2006) por la Universidad de Columbia, en virtud de haber recogido sin fundamento legal alguno 11.020 firmas —entre unos 8 millones de electores registrados, de los cuales más de 450 mil votaban ya contra el gobierno [1]— para el absurdo político de proponer leyes a un parlamento sin un solo diputado favorable a ellas.

Gómez Manzano hizo su advertencia a Payá luego de haberlo escuchado explicar —el lunes 23 de abril de 2001, en la retransmisión del programa Haciendo Caminos (Radio Martí)— cómo recoger firmas junto con el nombre completo, dirección y número del carné de identidad de los firmantes. La Comisión de Asuntos Constitucionales y Jurídicos del parlamento unipartidista daría su respuesta oficial al Proyecto Varela con el núcleo duro que advirtió Gómez Manzano:

“Ni la Constitución de la República ni el Reglamento de la Asamblea Nacional del Poder Popular [ANPP] establecen la recolección de firmas, cualquiera que fuese su número, para promover la iniciativa legislativa”.

Como Payá no tenía el propósito de persistir en el Proyecto Varela aunque me auguren una gran desilusión, sino de persistir en el ilusionismo mediático de que recoger firmas al trozo contra el castrismo era constitucional, embarajó con que la ANPP no dio respuesta [2].

Divisiones inconciliables

Así cundió la manía de enfrentar la dictadura recogiendo firmas mejor que votando, en medio de la división intestina entre opositores que reflejó aquel acto patriótico de ir por separado a tomar café con leche en casa de Cason. Entretanto el tardocastrismo prosiguió unitariamente separado del orden democrático. Hoy mismo forma su nuevo gobierno según el plan trazado en las disposiciones transitorias de la Reconstitución. Y de este modo los cambios en Cuba van sucediendo al son de la dictadura por entre las situaciones coyunturales de la crisis permanente de su economía, mientras no asoma ningún indicio racional de los cambios trascendentales que vienen pronosticando los oráculos del anticastrismo tardío.

Muchos tertulianos se encabronan cada vez que se exponen estas verdades incómodas, pero por obra y desgracia de los propios disidentes, así como de la cizaña que mete el G-2, el guirigay entre ellos es del culín culán y no tiene para cuándo acabar. Son apenas gajes del oficio que Antonio Rodiles, por ejemplo, llamara comemierda a Yoani Sánchez por teléfono, le gritara maricón a Dagoberto Valdés en la embajada sueca y se revire contra Cuba Decide y UNPACU con igual ímpetu que contra el tardocastrismo.

La sábana con que se tapa la irracionalidad instrumental de la oposición pacífica corriente incluye que ciertos lidercillos presenten sus proyectos como buenos y tachen otros de malos. Igual sucede con el ejercicio del criterio. Para seguir con el ejemplo, Rodiles alegó en Facebook algo muy cierto sobre la revolución de los girasoles: “Es imposible que la UNPACU saque a 5.000 personas a la calle, sencillamente porque no los tiene”. Sin embargo, se cuida de abordar por qué la gente que moviliza Estado de Sats no llena la sala de su casa, así como de explicar por qué dejó a las Damas de Blanco colgadas en esa estupidez de que si todos marchamos, el miedo y la dictadura se acaban.

Coda

Así en la paz como en la guerra, a Cuba le tocó perder. La culpa es de Fidel Castro por traernos su revolución arruinante y dejarnos, al morirse de viejo, cierta contrarrevolución (no toda, pero sí aquella con más frecuencia de aparición en ciertos medios afuera) que para militar en ella hay que ser anormal o hipócrita.

Notas

[1] El 6 % del electorado votó contra el gobierno en las elecciones municipales tanto antes (2000) como después (2002) de la primera tanda de firmas del Proyecto Varela. Desde que se anunció este proyecto (1998), las 35.413 firmas recogidas y presentadas —11.020 (2002), 14.384 (2004) y 10.009 (2016)— no llegan al 0,45 % del electorado, pero todo espectáculo siempre resulta más atractivo que cualquier dato.

[2] El Reglamento de la ANPP prescribe, como respuesta a los proyectos de leyes, el dictamen que la comisión correspondiente “envía al Presidente” [Artículo 70]. Este último metió en un sobre el dictamen de la Comisión de Asuntos Constitucionales y Jurídicos acerca del Proyecto Varela. Un mensajero se encargó de llevárselo a Payá, pero este se negó a aceptarlo con la excusa pueril de que el código postal no era correcto, aunque el destinatario constaba clarito en el sobre. La ANPP envió entonces el dictamen a Payá por correo certificado. La noveleta picaresca cuenta que no hubo respuesta porque el dictamen no iba dirigido a Payá, sino al presidente de la ANNP.


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