Actualizado: 14/10/2019 9:31
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Totalitarismo, Autoritarismo, Castrismo

Efemérides de la Contrarrevolución Cubana

El Estado totalitario castrista no tiene institucionalidad sistémica

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El 19 de septiembre de 2017, la comisión bilateral Cuba-USA sostuvo su primera sesión al ritmo de la administración Trumpoloco. A diferencia del clima cordial en la cinco sesiones durante la administración Obama, la parte cubana se desfogó en quejas por las críticas a su gobierno que Trumpoloco había soltado en la Asamblea General de la ONU ese mismo día, así como por el viraje de la política hacia Cuba en el memorando presidencial de junio 16, firmado con bombo y platillo en el Teatro Artime de Miami, más la acusación de que las autoridades cubanas eran responsables de los ataques sónicos contra diplomáticos norteamericanos en La Habana.

Ahora sí que vamos a destruir el socialismo

Estos ataques fueron —en y por sí mismos— acciones terroristas. Para tomar represalia militar contra el régimen de La Habana no importaba que fuera un operativo de Cuba o de agentes de otros países. Tal como señaló el senador Marco Rubio, en la Isla no puede suceder algo así sin pleno conocimiento de la Seguridad del Estado. Y desde la administración Bushito, USA había cortado la cuestión por el medio: “Perseguiremos a las naciones que proporcionen ayuda o refugio al terrorismo (…) O están con nosotros o están con los terroristas” [1].

Washington lleva hoy adelante la persecución con medidas económicas que vienen asfixiando al tardocastrismo. La restricción de remesas renueva la estrategia del Plan Bush para Cuba (2004), que daba muy buenos resultados hasta quedar interrumpido por la política entreguista de Obama. Esta renovación entra en sinergia con el colapso de la dictadura madurista en la guerra civil de Venezuela. No se trata ya de una crisis energética coyuntural, como anunció Díaz-Canel por orden de Raúl Castro, sino de la crisis terminal del tardocastrismo.

  • La dictadura perdió al único que podía mantener el control absoluto del país. El Estado totalitario castrista no tiene institucionalidad sistémica. Siempre fue una autocracia y la muerte de un autócrata es la película que marca el comienzo del fin. Las pugnas internas se agudizan sin que la junta militar, la burocracia del partido y la policía secreta puedan controlarlas, porque también son parte de ellas. Unos a otros van a serrucharse el piso y lo harán incluso echándose en cara mutuamente que no son fieles a Fidel.
  • Díaz-Canel acaba de poner la tapa al pomo de la frustración de todo el pueblo con aquel proceso que se denominó raulismo. Ese pomo cerrado tiene que estallar, porque la tapa de Díaz-Canel es la impotencia del tardocastrismo para dar a los cubanos siquiera una vida soportable. Tras la ficción del poder estatal constitucionalizado, Raúl Casto maneja los hilos de la dirección militar y del partido para que probablemente salga a escena su hijo Alejandro —sólo falta su ascenso a general— como redentor del socialismo al ser declarado el estado de emergencia.
  • Sólo que esta declaración será el canto de cisne del tardocastrismo. El pueblo irritado jamás será aplastado. Oriente ya es un hervidero. La revuelta en Santiago de Cuba, que se induce desde Palmarito de Cauto, va a regarse por toda la Isla. La Habana a oscuras, sin pan ni agua y sin transporte, será testigo del derrumbe consumado del orden político tardocastrista. Las protestas callejeras superarán con creces el reciente LGTBitazo. Crear dos, tres, muchos maleconazos es la consigna de la resistencia cívica.
  • El apretón de Trumpoloco en inmigración y el empuje de la Guardia Costera, elogiada por Trumpoloco como el servicio federal más perfeccionado, cerraron ya la válvula del éxodo masivo de cubanos descontentos como alivio del estrés dictatorial. El calor del pueblo dentro del pomo cerrado por Díaz-Canel provocará la explosión social.
  • Las redes sociales y la comunicación telefónica por voz o texto completarán la puesta en escena del entierro del tardocastrismo. Los líderes de la oposición pacífica, la disidencia anticastrista y la resistencia cívica podrán coordinar al instante sus acciones en diversos puntos de la Isla y galvanizar a las masas con mensajes que aticen la voluntad política en contra del gobierno. Así mismo podrá establecerse instantáneamente la coordinación y la movilización desde el exilio.

El año que viene

Los analistas más serios han precisado que, además de violar todos los derechos humanos, el régimen tardocastrista adolece de los comisarios culturales y políticos más brutos, reprime todos los sectores sociales, criminaliza toda autonomía ciudadana, ejerce diplomacia a espaldas del soberano —el pueblo— y dicta con descaro una ley electoral estalinista y una constitución para violarla. Estas y tantas otras maldades me hacen pensar que Fidel Castro no ha muerto al final y que vive allí, donde hay un hombre presto a luchar por continuar con sus privilegios revolucionarios a costa de la miseria contrarrevolucionaria del pueblo.

Sólo que antes de llegar al extremo de ese hombre en el último reducto del tardocastrismo, toda su pandilla huirá cuando se revire contra ella todo el pueblo en virtud de la circunstancia que el propio Castro advirtió con respecto a un dictador precedente: “A Machado lo derroca, fundamentalmente, el hambre” [2].

Cuando un pueblo enérgico y viril sufre de hambre y miseria, la dictadura tiembla tanto que no demora mucho en caer. Este 8 de septiembre, la contrarrevolución de los girasoles marcó ya el comienzo del año final del castrismo y se irá convirtiendo en plena revolución anticastrista para poner fin a la revolución que se metamorfoseó como contrarrevolución de Fidel Castro.

Desde luego que arreciará la represión. Los desaparecidos no seguirán reapareciendo a las 24, 48 o 72 horas, pero quienes sobrevivan a las torturas —cada vez más crueles— tampoco van a estar desparecidos el año exigido por la ley para declararlos ausentes ni mucho menos los tres años para declararlos presuntamente muertos [Artículos 33 y 34 del Código Civil]. Antes serán liberados por gente de pueblo, que pasarán de salir a pedir libertad para los presos políticos a marchar a los centros de detención y tortura para sacarlos de allí.

Coda

La revolución de los girasoles, ahora en ciernes, terminará pasando a la historia tal y como la revolución de los claveles (Portugal, 1974), las rosas (Georgia, 2003), los tulipanes (Kirguistán, 2005) y los jazmines (Túnez, 2011). Y la tradición de una flor para Camilo continuará, pero con el sentido explícito de rememorar cómo Castro se deshizo del líder popular que hubiera dado un giro democrático a ese fenómeno histórico denominado revolución cubana.

Notas

[1] Jorge Bush: Discurso en el Capitolio, 20 de septiembre de 2001.

[2] Biografía a dos voces, Debate (2006), 64.


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