Actualizado: 14/11/2019 12:33
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Asamblea, Presidencia, Gobierno

Ejercicios para la galería (externa) e indiferencia total (interna)

A la situación general del país debe añadirse la total pérdida de la autonomía municipal consagrada en la Constitución de 1940

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Durante el inicio de la primera semana de octubre se comenzaron en todo el territorio nacional las asambleas de rendición de cuentas, donde en teoría los delegados a la asamblea municipal del poder popular (concejales en otros países y durante la República en Cuba) informan de las respuestas dadas a los electores sobre los planteamientos de éstos, realizados en la asamblea anterior o en los despachos que obligatoriamente deben realizarse en lugar y días previstos. Aunque también se le puede realizar una pregunta, plantear una queja o hacer una propuesta en cualquier momento y lugar.

El delegado de cada circunscripción electoral debe tramitar las gestiones pertinentes ante los organismos del territorio para cada planteamiento de sus electores y dar a éste y a la asamblea las respuestas: solucionado el problema, o tramitado y pendiente de solución o la más frecuente: no tiene solución debido a “la situación económica del País causada por el cruel e injusto bloqueo estadounidense”. Respuesta clásica a la que se añade ahora “y por la actual coyuntura provocada por el recrudecimiento de la actual administración estadounidense”.

En realidad, este delegado es, dicho en términos beisboleros, un “out vestido de pelotero”, en términos matemáticos un cero a la izquierda. Existe solo para crear la ilusión de participación ciudadana en la gestión gubernamental. Cuando es elegido, durante su primera sesión plenaria municipal la “comisión de candidaturas” designada por las “organizaciones de masas” con jefaturas designadas a su vez por el partido único designan (y sigue la palabrita) a la presidencia de la asamblea, por tanto ese delegado ni siquiera elige al gobierno municipal, solo debe levantar el brazo aprobando la “propuesta” de la comisión, y rápido para no dar la impresión de duda o vacilación… el Gran Hermano observa y garantiza la fidelidad de cada candidato a delegado, si con alguno hay dudas es neutralizado por cualquier método.

Como las jefaturas del territorio conocen esto, los planteamientos del infeliz delegado resbalan por la epidermis y las respuestas son puramente formales. Solamente si el susodicho delegado goza de alguna influencia por ocupar un puesto en la “nomenklatura”, se tiene más cuidado por parte de la burocracia en dar respuestas algo más creíbles.

La realidad es que la mísera situación económica nacional se debe más a la destrucción de prácticamente todo el patrimonio productivo nacional y la dilapidación de los recursos de la “ayuda soviética”; de los créditos tomados y no pagados convertidos hoy en asfixiante deuda externa; el robo llamado “cambio de moneda” de los años sesenta; la diferencia entre los salarios simbólicos y lo que debieran devengar los trabajadores estatales; la confiscación de los salarios pagados por entidades extranjeras, que comenzó con los marinos mercantes, continuó con los contratados en países de Europa del Este y se mantiene hoy con las “misiones” en el exterior (médicas fundamentalmente) y en el interior (turismo y otros).

A la situación general del país debe añadirse la total pérdida de la autonomía municipal consagrada en la Constitución de 1940 y que posibilitó el desarrollo de bellas ciudades y poblados, con acueductos, alcantarillados, parque y edificios que aun embellecen —en medio del deterioro generalizado— el paisaje urbano de Cuba. El municipio cubano actual recibe —si acaso— las migajas de las recaudaciones realizadas centralmente escasas por las razones antes expuestas y minoradas por el exceso de gastos de la burocracia y fuerzas armadas totalmente desproporcionadas, comparables en su volumen a países muchísimo más poblados, como Brasil, España u otros.

Todo ello se refleja en las vías deterioradas, los montones de basura que proliferan por todas partes, las escuelas y centros de salud ruinosos y en la escasez, casi carencia total de muchos renglones necesarios a la educación y la salud. Todo ellos de mayor percepción en cada barrio además de los males nacionales como escasez de alimentos y otros productos de primera necesidad y su desaparición de los estantes periódicamente.

El panorama existente —independiente de la “coyuntura”— unido a la propaganda implacable por los medios del partido&gobierno que sufren los sexagenarios desde su nacimiento crea una apatía sui géneris, conformismo de pensar que Cuba no “está así” sino que por el contrario Cuba “es así” sin remedio y por fatalismo divino. Y surge desinterés por la participación en la vida política pues ya lo señaló nuestro Apóstol: “Ser ciudadano de la República es cosa difícil y es necesario ensayarse en ella desde la niñez”. En resumen, para un cubano es muchísimo más factible migrar buscando mejores posibilidades laborales y personales que luchar por cambiar las circunstancias de su país.

Como resultado tenemos que exceptuando aquellos —escasísimos— que mantienen algún entusiasmo “revolucionario”, otros comprometidos por ser estado-dependientes con algo que perder (empleados, estudiantes, etc.) y aún en ambos casos, la asistencia a las asambleas de rendición de cuentas resulta menos que escasa. En recorridos realizados en estos días “asamblearios” se constata que la asistencia es mínima, a lo sumo 15-20 personas donde debían asistir un número de ≈cien, y los que presiden las asambleas dando por bueno el quórum, y a lo sumo diciendo: los que no vinieron hoy pueden asistir mañana a la de tal lugar… donde la asistencia vuelve a resultar exigua. Claro que la información que brindan los medios del partido&gobierno es de entusiasmo y asistencia masiva.

En este estado de cosas no resulta extraña la indiferencia total acompañada por absoluto desconocimiento, tanto del acto en sí como de su significado real o aparente de la “elección” de las máximas autoridades del país. presidente y vice de la exrepública[1]; presidente, vice y secretario de la Asamblea Nacional del Poder Popular y del Consejo de Estado, reducido de 31 a 21 miembros, se efectúa en medio de la más absoluta indiferencia. Ante la interpelación de quien esto escribe un ciudadano, profesional él y con buen nivel cultural, dio una respuesta olímpica: ¿elegir presidente? ¿Y no pusieron a ese nuevo hace poco?


[1] Generalmente se asocia el término república con: el imperio de la ley, no de los hombres; la igualdad ante la ley; la austeridad de fondo y de forma; la tolerancia hacia ideas opuestas; la separación de poderes; la soberanía de la ciudadanía y otros factores ausentes desde el 7 de febrero de 1959 con la promulgación de la Ley Fundamental que otorgó todos los poderes al Consejo de Ministros, presidido por un primer ministro (Fidel Castro) que nombraba a los demás integrantes. Poder absoluto completado con la estatalización de todo el patrimonio productivo en los años siguientes.


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