El globo y la llama
¿De cuál Cuba son amantes Joaquín Sabina y la 'izquierda caviar'? ¿Del pobre país avasallado o del poder totalitario que lo avasalla?
Probablemente el tal Serrano ignora —¿o prefiere ignorar?— que los ciudadanos de esta isla no pueden pensar lo más mínimo acerca de la prensa europea, por la simple razón de que no la conocen, no tienen acceso más que a muy reducidos fragmentos que reproducen los periódicos, la radio y la televisión locales, luego de haber sido escogidos, expurgados y manipulados con minuciosidad por los censores.
¿Desconoce Serrano que los televidentes de aquí no pueden redondear siquiera una opinión sobre la propia Telesur, a la cual no tienen acceso directo y completo, no obstante haber sido diseñada (como producto para la exportación) por los ideólogos del Comité Central del Partido Comunista de Cuba?
¿No se ha enterado todavía que nuestra isla ocupa uno de los primeros lugares, a nivel planetario, en cuanto a cantidad de periodistas encarcelados por el peculiar delito de escribir lo que sienten, lo que ven, o lo que razonan con (y a costa de) su propia cabeza?
¿Ignora o pretende ignorar este flamante luchador por la libertad en los medios informativos, que ahora mismo uno de nosotros se está muriendo, ingresado a la fuerza en un hospital de Santa Clara, como resultado de una huelga de hambre con la que exige al régimen (inútilmente) que permita a los cubanos el acceso al libre intercambio de información por Internet, nada más?
El paraíso cubano
Y no es que nos mueva el menor interés por discutirle a Serrano la parte de verdad que pueda contener su libro sobre el estado de la libertad de expresión en los medios de España. Lo que sucede es que mucho más preocupa la escandalosa falta de libertad que sufren los nuestros, desde hace casi medio siglo.
Eso por no hablar de la imposibilidad de que una editorial de aquí publique a un nacional, ni en sueños, un libro sobre el tema, ni de lo que podría sucederle al autor si, luego de ocurrido el milagro imposible de la publicación, viajara a otro país para presentar su obra echando flores por la boca.
En fin, sabido es que el primer mandamiento de esa pintoresca religión que es la izquierda caviar (la de allá y la de acá, pues ya contamos con la nuestra) dispone señalar cuanta paja nubla el ojo ajeno, haciendo caso omiso a la viga que ciega el propio.
Desde hace rato estamos acostumbrados a la lata de las comparaciones sin derecho a réplica. Todo lo malo del capitalismo es malo, no nos cabe duda, puesto ya nos lo enseñaron. Ahora sólo falta que empiecen a mostrarnos, pero en la concreta, en qué consiste lo bueno de todo lo bueno que se nos anuncia y por qué no es malo todo lo malo que nos rodea a diario hasta asfixiarnos.
Pero no hay que perder las esperanzas, porque el mismo Pascual Serrano ha declarado aquí: "Somos muchos los que luchamos por preservar la verdad de la Isla".
Es un indicio saludable. Significa quizá que tanto él como esos muchos de su congregación van a dedicar las próximas letanías a la divulgación de nuestra falta total de libertades, bien sea para hablar, escribir, pensar, disponer, opinar, elegir, actuar, viajar, disentir, trabajar, tener iniciativas, soñar o, cuando menos, para dormir tranquilos luego de haber soñado.
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