Actualizado: 19/08/2019 6:21
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Montenegro, Exilio, Literatura

Historia y estilo: libres y presidiarios

Al fallecer en Miami, Montenegro dejaría planteado el problema de cómo continuar la guerra contra el castrismo

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El gallego aplatanado y exiliado cubano Carlos Montenegro (1900-81) cayó preso en La Habana antes de cumplir 20 y cumplió 12 por matar a otro. En el Castillo del Príncipe se apegó a escribir y ganaría un concurso literario (1928) de la revista Carteles con “El renuevo”. Este y otros relatos suyos se publicaron al año siguiente en libro con dos partes: “Cuentos de hombres libres” y “Cuentos de presidiarios” [1].

A poco de salir de prisión (1931), Montenegro se enroló (1933) en el Partido Comunista. Para noviembre de 1937 viajaba a España como corresponsal de guerra de la revista Mediodía [2]. Durante sus conversaciones (1977-81) con Enrique Pujals en Miami, Montenegro explicaría que comenzó a desencantarse con la bandera roja en la guerra civil española, cuando se enteró de que unos nángaras querían matar a otro por ser “demasiado inteligente e independiente” [3].

Regresó en marzo de 1938 y trabajó en el periódico Hoy. Los conflictos con su director, Augusto Miranda, desembocaron en solicitar la baja del partido (1939), que se retuvo hasta que Blas Roca mandó a expulsarlo (1941). Junto a otro expulsado, Rolando Masferrer, Montenegro haría periodismo en el semanario —luego diario— Tiempo de Cuba (La Habana, 1945-59) e incluso en la última época del tabloide Libertad (Miami, 1975-6). Aquí fue donde trabó relación amistosa con un colaborador esporádico: Antonio Rafael de la Cova.

Una carta definitoria

Tras caer preso De la Cova [4], la relación siguió por correspondencia y una de las cartas, que Montenegro fechó el 2 marzo de 1978 en Miami, explica cómo su férrea posición anticastrista propició que recurvara a uno de sus mejores cuentos para reajustarlo al contexto sociopolítico.

Querido Antonio:

Aquí tu carta desde Wisconsin. Sospechaste tu traslado y se produjo. Desde luego que la causa, según llegó a mí, fue un pretexto sin credibilidad alguna: que el traslado se debía a que recibías “visitas misteriosas”; de ser así, nadie más interesado que la poli para saber de qué misterios se trataban; pero bien, contra lo que se hace muy difícil razonar es con la fuerza y esa está en manos que no son las nuestras, y no cabe más que una sonrisa con aire de mentarles la madre.

Veo que tú preso me das más noticias que yo libre a ti. Comprendo que hayas leído varias veces mi cuento de Bernabé Palmero y la libertad; en el fondo es “comprometido”; sostiene que, en un régimen de explotación de los vivarachos, un hombre con determinada fortaleza de ánimo y por su solo el esfuerzo personal puede conquistar una posición económica en el régimen adverso. En realidad, el cuento no se hace “revolucionario” hasta las últimas líneas, cuando Bernabé precisa que se han llevado a sus hijos, que los han integrado, PERO que les han puesto en las manos los machetes. Como quiera que se mire, el caso de Bernabé es poco menos que excepcional. No creo que haya muchos labradores que sembrando yuca se conviertan en propietarios. Pero el cuento tenía una razón de ser política. Si tal cosa era posible eliminando los abusos, no habría sido posible el castrismo.

La razón de que lo escribiera fue que anteriormente, en otro cuento, mantengo lo contrario: que en un régimen de mayorales el campesino no puede librarse de la esclavitud; este primer cuento, “La ráfaga”, que como cuento es mejor que el de Bernabé, tuvo fortuna y se publicó en SQUARE, la revista americana, y pegó muy bien. Luego, después del castrismo, “La ráfaga” servía para justificar la acción de Castro, y así fue como concebí el segundo cuento, donde un hombre de voluntad en nuestro pasado régimen de dictadores militares podía liberarse económicamente; y aparece con una ideología pasiva, no militante, en cuanto acaba, como viste, “revolucionariamente”: el hombre honesto ha sido privado de todo, del producto de tantos esfuerzos, pero con su agonía se abre un horizonte: a sus hijos el castrismo los ha armado de machetes y acabarán por revirarse contra el tirano.

Hablando sin “compromiso”, mi militancia política es que en la Cuba de antes fue posible un Bernabé; en la actual, no. El régimen echado sobre ti, manejando tu destino a su antojo, se encarga de que todos se enteren que la libertad no sólo es abstracción, sino una realidad sin la cual no hay vida. El comunismo, para mantenerse, muestra el látigo y el dogal; es inhumano, absurdo, como es esta existencia creada por un buen dios perfecto, cuando demuestra que es menos hábil que el mismo Carter [5].

Coda

Al fallecer el domingo 5 de abril de 1981 en el Hospital Mercy (Miami), Montenegro dejaría planteado el problema de cómo continuar la guerra contra el castrismo. Aquellos machetes de los hijos de Bernabé han pasado ya por las manos de tres generaciones de cubanos sin dar motivo para ir al cementerio Woodlawn Memorial Park, ponerse de rodillas, inclinar la frente y decir ante la tumba de Montenegro: Tu cuento no se escribió en vano.

Notas

[1] El renuevo y otros cuentos, Ediciones de la Revista Avances, 1929, 227 pp. Hay versión Kindle [Barcelona: Lingkua Narrativa, 2010].

[2] Esta corresponsalía trajo su causa del éxito de un relato suyo sobre la guerra en España (Aviones sobre el pueblo, Úcar, García y Cía, 1937). Al regreso daría a imprenta Tres meses con las fuerzas de choque (División Campesino) [Editorial Alfa, 1938]. A esta época pertenece también su obra cumbre: la novela Hombres sin mujer, publicada en serie (1937) y como libro (México: Editorial Masas, 1938).

[3] Pujals, E.: Vida y memorias de Carlos Montenegro Miami: Ediciones Universal, 1988, 76 s.

[4] El 31 de agosto de 1976, la jueza federal Ellen “Maximum” Morphonios condenó a Tony de la Cova a la pena máxima de 65 años por siete cargos relacionados con la colocación de un artefacto explosivo, a la 1:30 de la madrugada del 6 de mayo de 1976, en el establecimiento Libros para Adultos [3458 SW Calle Ocho] de la corporación SBD. Al registrar el apartamento de Tony, los agentes del FBI encontraron 107 expedientes de personas y entidades calificadas como pro-Castro, entre ellas SBD. Así mismo ocuparon 30 páginas mecanografiadas de una investigación en curso: “The Moncada Attack”, que tres décadas después encumbraría a De la Cova como el historiador más riguroso del nacimiento de ese fenómeno histórico denominado la revolución cubana.

[5] Montenegro tachó de blandengues tanto a la administración Carter como a parte del exilio y tocó a degüello contra el Primer Congreso de Intelectuales Cubanos Disidentes (París, 1979).


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