Actualizado: 20/10/2017 18:43
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México, PRI, La denuncia de hoy

«In crescendo» la luna de miel entre el PRI y la dictadura castrista

El Partido Revolucionario Institucional (PRI) mexicano nunca le ha fallado a Fidel Castro, en una relación recíproca iniciada entre 1954 y 1956

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Desde que el Partido Revolucionario Institucional (PRI) de México tomara el poder hace par de años, todo ha sido felicidad para el régimen establecido en Cuba. Al fin pasaron esos dos sexenios en que estuvo en el poder el Partido Acción Nacional (PAN), el cual le prodigara varios sinsabores al castrismo.

Como es de todos sabido, Fidel Castro siempre ha sido un gran amigo y aun admirador del PRI, desde que entre 1954 y 1956, cuando se hallaba en México para preparar la futura tragedia para el pueblo cubano, conoció al priista Fernando Gutiérrez Barrios —“el capitán caballero”, según lo definiera Castro—, quien era entonces jefe de la Dirección Federal de Seguridad de México y posteriormente secretario de Gobernación durante el gobierno del priista Carlos Salinas de Gortari (1888-1994).

Por razones de variados matices, que incluyen el apoyo que Gutiérrez Barrios le brindara a Castro durante aquella estancia en México en la década de 1950, cuando el futuro dictador preparaba la guerrilla para desembarcar en Cuba…, la amistad de Castro, según sus propias palabras, con Gutiérrez Barrios duraría “hasta su muerte”; la muerte del político mexicano ocurrió en 2000.

Igual, desde 1959, cuando se hiciera del poder, ha perdurado esta amistad del gobernante cubano con el PRI en pleno. Desde entonces, mediante la prensa existente en la Isla, toda en la nómina de la dictadura, los cubanos teníamos una visión falsa, no muy distante de lo idílico, de la República Mexicana, que resultaba algo así como un sitio no muy lejano de lo ideal. Sería muy raro que algo ejemplarmente negativo, bien fuera en lo político, social o económico, tomara los primeros espacios de la prensa castrista.

Sirva de ejemplo que todavía hoy, en Cuba no se ha publicado la Matanza de Tlatelolco. Asimismo, los mexicanos sobrevivientes de esta y de otras acciones en pro de la democracia, no encontrarían refugio en Cuba; este les fue negado y debieron asilarse en países del ya desaparecido campo socialista de Europa del este.

Como vemos, Fidel Castro ha mostrado una lealtad al ciento por ciento al Partido Revolucionario Institucional de México, como debe ser entre grandes amigos. Sirva otro ejemplo. En las décadas de 1960 y 1970, se rumoraba —los residentes en la Isla no lo sabíamos— que en Cuba se entrenaban guerrillas de diversos países; sin embargo, el lema divulgado por el castrismo hasta el cansancio era: “Las revoluciones no se exportan”.

Unos 15 años más tarde el propio Fidel Castro declaró en público lo contrario: sí, se habían entrenado guerrilleros de diferentes países en la Isla, “excepto de México”, dijo bien claro. Otro hermoso gesto de solidaridad con el PRI.

Dicho lo anterior, no es de extrañar que los cubanos desconociéramos la corrupción, el vandalismo, la inmoralidad en general del PRI, incluidos los asesinatos y torturas a sus adversarios a lo largo de las décadas. La podredumbre que implantara en el país durante 71 años, un partido que no solo desmoralizó a las clases gobernantes, sino que su vileza se hizo fuerte aun en los planos más humildes de la población, con lemas tales como “El PRI roba, pero deja robar”.

Cuando en el año 2000, el poder presidencial pasa a manos del Partido Acción Nacional, en la figura de Vicente Fox, curiosamente, las informaciones sobre México toman otro tinte. Entonces, en las secciones internacionales de la prensa cubana se advierten informaciones novedosas; tanto en la vida civil como en la política y económica del país azteca; México era una nación que se hallaba mucho más mal de lo que uno suponía según los reportajes a los que se habían tenido acceso antes.

A partir del 2012, cuando el PRI alcanza de nuevo el poder presidencial en la figura del telegénico Enrique Peña Nieto, convoco a quienes así lo quieran que lean las páginas internacionales de los periódicos castristas: México está tranquilo, o casi, poco de lo peor ocurre por estas tierras.

Así, había comenzado la luna de miel entre un gobierno, un presidente elegido en las urnas, con la dictadura más vieja de América Latina.

Y qué raro, qué raro que un presidente escogido por el voto popular haya ido a visitar al viejo dictador —que en más de medio siglo no ha celebrado elecciones presidenciales, valga la redundancia— en su búnker allá en La Habana, cuando, en el pasado enero, se celebró en aquella ciudad la cumbre de la CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños). Y, para el registro de la Historia, se fotografiara con él, amoroso. Y declarara: “Tuve oportunidad de saludar a Fidel Castro. Fue un encuentro fraterno, reflejo de los históricos lazos de amistad entre cubanos y mexicanos”.

No hay que ser un genio para asegurar que durante su visita a Castro, Peña Nieto no se interesara por las penurias que viven los cubanos, por las golpizas que reciben los pocos hombres y mujeres que se atreven a protestar pacíficamente, por el encarcelamiento arbitrario y brutal de muchos de estos o por el pánico impuesto en la Isla.

El PRI no le falla a Fidel Castro. Recordemos cuando, en abril de 2011, la fracción de este partido en el Senado mexicano se opuso a un punto de acuerdo en que se lamentaba la muerte, debida a una huelga del hambre, del disidente cubano Orlando Zapata y exhortaba al gobierno cubano, ya con Raúl Castro, el dictador heredero, en el poder, a entablar un diálogo con la disidencia y liberar a los presos políticos.

El castrismo no le falla al PRI. No olvidemos que el expresidente mexicano Carlos Salinas de Gortari, según se dice uno de los más corruptos y desalmados gobernantes priistas, en 1995 hundió a su país en una soberbia crisis económica de la que aún no se recupera, y entonces recibió amoroso refugio en Cuba de parte de su amigo, Fidel Castro, quien aun lo autorizó a comprar una residencia en la Isla. Allí, en Cuba, Salinas de Gortari, impune, inmune, ha llevado a cabo la vida de rey de la que siempre había gozado.

Ya lo digo. Luna de miel in crescendo. Recientemente el gobierno mexicano condonó el 70 % de la deuda de Cuba (una acción bonita, pero solo de impacto político: ¿alguien cree que la dictadura tendrá algún día con qué pagar la inmensa deuda económica que tiene con tantos países del planeta?).

Por otra parte, en los primeros días de este mes, el canciller mexicano, José Antonio Meade visitó La Habana, donde se reunió con el mandatario Raúl Castro y altas personalidades de la dictadura, para “fortalecer los lazos entre ambos países” e “incrementar los vínculos económicos”. El canciller impartió una conferencia en el Instituto Superior de Relaciones Internacionales, durante la cual afirmó “que México y Cuba mantienen una comunicación fluida no sólo a nivel de gobiernos sino, de manera muy especial, entre sociedades”.

“Entre sociedades”, dijo.

Y siguen los amoríos, los besos, los ramos de flores mutuos. El pasado 8 de septiembre, el embajador castrista en México, Dagoberto Rodríguez Barrera ofreció una entrevista desbordada de optimismo al diario mexicano El Universal.

Antes de referirme a la entrevista con el embajador, primero aclaro por qué he escrito “embajador castrista”. Sencillo: esa, y todas las embajadas que dicen ser cubanas en el mundo todo, no lo son. Son castristas, representan a la dictadura, solo a la dictadura; atienden consularmente solo a quienes son partidarios del régimen o a quienes no se han manifestado enfáticamente en contra de este; pueden negar el permiso para volver a su país a aquellos que resultan, según sus criterios totalitarios, “gusanos”, “vendepatrias”, “enemigos de la revolución”, “disidentes”, etcétera. Estos, para ellos, los diplomáticos representantes del castrismo, no son cubanos; no nacieron allí, no tienen los derechos que cualquier ciudadano del mundo, sea de la ideología y el credo que fueren, posee ante sus embajadas. De modo que el embajador castrista en México no me presenta a mí ni a tantos otros como yo, también cubanos, considerados elementos “contestatarios”, “enemigos de la Revolución”, etcétera. De manera que si un “desertor”, como lo llaman ellos, tuviese un problema de índole legal, digamos, que se olvide de que el consulado castrista lo apoye; puesto que, valga la reiteración, no es cubano. De modo que si un “desertor”, “un enemigo de la revolución”, muere en cualquier sitio del mundo en circunstancias imprevistas, y mucho menos cuando recientemente ha huido de la Isla, que se olvide del ataúd, los servicios fúnebres y el posible traslado a su tierra; no era cubano. Como no son cubanos aquellos que, opositores al régimen, no están en ninguna de las listas de invitados para las recepciones y celebraciones patrias que las embajadas de Fidel Castro organizan en los diferentes países.

En la entrevista referida, titulada “Relación de México y Cuba están blindadas” (fíjense por donde va el idilio) el embajador Rodríguez Barrera, entre otros aspectos, se refiere a la crisis que se produjo entre ambos gobiernos en la pasada década, la cual comenzara cuando el entonces presidente mexicano Vicente Fox, del PAN, en una visita a Cuba en 2002, se atrevió a reunirse con varios representantes de la disidencia, y que tuvo su clímax cuando dos años más tarde el exsecretario de Gobernación, Santiago Creel, acusó al gobierno castrista de intromisión en los asuntos de México, en relación con el sonado caso del empresario argentino Carlos Ahumada.

“Lo ocurrido fue un accidente que no se repetirá. Fue resultado de la miopía de algunos actores y confiamos en que no se repetirá. Pero hoy tenemos el nivel de cercanía y la madurez política de conversar y solventar temas de diferencias sin que la relación tan estrecha se afecte”, señala Rodríguez Barrera sobre aquella crisis. Y debemos creerlo, si claro, la relación entre ambas naciones “está blindada”.

En cuanto a las colaboraciones entre ambos países, el embajador Rodríguez Barrera afirma: “Estamos también preparados con médicos para ampliar la colaboración”.

Esto yo no lo entiendo. En México, la asistencia médica, aún lejos de ser perfecta, mantiene sin dudas un nivel aceptable.

En el Instituto Mexicano del Seguro Social (Imss), se hayan registrados o deben estarlo, los trabajadores de las empresas privadas, a los cuales se les descuenta aproximadamente un 10 % o 12 % de su salario mensual para la asistencia médica; esta cantidad incluye la atención a sus familiares de primera línea. Los pacientes tienen derecho al servicio médico y a los medicamentos (es decir, no tienen que comprar las medicinas, como sí ocurre en Cuba, por ejemplo). Al Imss pueden inscribirse, asimismo, trabajadores independientes, que pagan una anualidad. Por una cuota anual de unos 3.000 pesos (unos 230 dólares al cambio de hoy) tienen los mismos derechos que los antes citados.

Puedo dar fe de que las instalaciones del Imss, tanto sus hospitales como sus clínicas, son muy superiores a sus iguales cubanos, tanto en tecnología como en variados recursos y en organización, y quisiera agregar que también en cuanto al trato al paciente, pero quizás ya en Cuba eso haya mejorado.

El Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSTE), tiene un funcionamiento similar que el Imss en cuanto a la asistencia médica. Solo que a este se hayan adscritos los trabajadores del Estado, los menos.

Los Centros de Salud, pertenecientes a Salubridad, para las personas que viven en cada uno de sus alrededores, cobran seis pesos por una consulta general (unos 0,46 centavos de dólar) y el paciente tiene derecho a recibir los medicamentos gratis en caso de que, por sus condiciones socio-económicas, se halle bajo el concepto de Gratuidad o esté inscrito en el Seguro Popular, de reciente creación y gratuito.

Por otra parte, existe una cadena de consultas médicas vinculadas a una empresa farmacéutica, donde cobran 25 pesos por la visita (el equivalente a 1,90 dólares). En el DF, en una sola cuadra es posible hallarse con tres de esos consultorios.

Como es natural, existe la medicina privada, con hospitales muy suntuosos en algunos casos y otros, pequeños, al alcance de la clase media baja.

Que me sea perdonada esta digresión, pero creo que era necesaria para tratar de desentrañar lo que el embajador Rodríguez ha expresado con “Estamos también preparados con médicos para ampliar la cooperación”.

¿Médicos? ¿Médicos cubanos hacia México? ¿Vendrían a enseñar o aprender el sistema?

O quizás, en caso de que llegaran, serían destinados a las zonas rurales, donde según varias informaciones, existe cierta desorganización en la atención médica, falta de equiparación y de tecnología avanzada, digamos, entre una región y otra.

Pero aquí yo veo un problema muy grave para el régimen cubano. ¿Ustedes se imaginan que, si médicos cubanos enviados a Brasil, Venezuela, Ecuador, Bolivia y otros sitios de América Latina, escapan de estos lugares decididos a cruzar medio continente para llegar al umbral de la Tierra Prometida, México…, cuántos de ellos, venidos directamente al país azteca, darían el saltico hacia el imperio?

Yo le aconsejaría a la dictadura que no cometiera ese error.

Por otra parte, afirma el embajador Rodríguez en la entrevista aludida, al referirse a la difícil situación económica internacional, que “México impulsa reformas y Cuba actualiza su modelo económico que incluye transformaciones en casi todos los sectores de la vida económica y social”.

Es decir, Cuba tiene un modelo económico; lo tiene, y ahora lo está “actualizando”, algo así como “ponerlo al día”, otorgarle actualidad, pero claro, siempre que esa “actualidad” no se inserte en el mundo actual.

¿Y no parece un despropósito, al menos, esta afirmación: “México impulsa reformas”, mientras que Cuba actualiza?

Y ahí tienen que, como colofón, Rodríguez Barrera espera que “en la próxima campaña de liberación [por los cinco espías cubanos presos en EEUU, que ya en realidad ya son tres] el poder legislativo mexicano vuelva a manifestar su apoyo y que haga saber estos principios a su contraparte estadounidense”.

Quién sabe, es posible, el PRI tiene mayoría en el Congreso.

También espera el embajador el mismo apoyo de parte “de la sociedad civil”. Aquí, como “sociedad civil”, debe leerse que la mayoría está conformada por grupos de choque pro castristas, que suelen romper actos en favor de la democracia en Cuba, destrozar actividades culturales que no se avengan con la “revolución cubana”, y aun amenazar a quienes nos manifestamos de una u otra manera contra la dictadura. Estos grupos, esta “sociedad civil”, caracterizada por la violencia, son orientados por la embajada castrista, donde departen consuetudinariamente, y entre ambos celebran el 26 de julio, el 1 de enero o el cumpleaños de Fidel Castro, así como realizan convenciones en distintos estados y municipios del país. Y eso cuesta; dinero, digo.

Hacia el final de la entrevista, expresa el embajador Rodríguez, refiriéndose a la Ley de Ajuste Cubano, que permite a los isleños que toquen tierra estadounidense, recibir de inmediato el derecho de permanencia en aquel país, que “Si el cubano recibiera el mismo trato que un mexicano, hondureño y salvadoreño, esto sería diferente”.

Y esto es cierto, si bien la Ley de Ajuste Cubano tiene sólidos orígenes y en los países que el cita no es necesario, por razones políticas, en muchos casos, escapar.

Mas, yo me pregunto: si Cuba estableciera, por ejemplo, la Ley de Ajuste Mexicano, cuántos ciudadanos de este país se lanzarían a cruzar el Golfo, en lo que pudieran, con tal de llegar al paraíso.

Ya ven. Así van las cosas.


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