Actualizado: 20/02/2020 21:12
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Salud Pública, Cuba, Médicos

Réplica a la refutación de mi texto “La salubridad en Cuba antes de 1959”

Sin un sistema de salud deficiente y otros grandes males que agobiaban a Cuba, no hubiera sido posible el surgimiento de un mesías de pacotilla

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El señor Julio M. Shiling, en su refutación (CUBAENCUENTRO, 10/11/14) a mi carta-artículo “La salubridad en Cuba antes de 1959” (CUBAENCUENTRO, 5/11/14) que replicaba el suyo anterior “Salubridad como instrumento dictatorial”, no cuestiona básicamente los datos por mi aportados, en el artículo en cuestión, apoyados en el informe de 1983 de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, en el que consta la diferencia entre la situación de la salubridad en Cuba en 1958 y el desarrollo positivo que esta mostrara en la década de 1960, cuando el castrismo tomara el poder. Ahí están los datos, ahí siguen, y no se podrán negar.

Dicho sea de paso, creo que sin un sistema de salud deficiente, como igual el de educación, más la desigualdad en la repartición de las riquezas y otros grandes males que agobiaban a Cuba, no hubiera sido posible el surgimiento de un mesías de pacotilla que posteriormente se convirtiese en dictador, pero que antes, en 1959, tuvo el respaldo casi total de todo un pueblo porque este, precisamente, padecía de nivel de vida muy deficiente. Es decir, con un buen sistema de salud, de instrucción escolar, y lo demás, no hace falta un mesías. Nadie lo necesita.

El señor Shiling pifia cuando afirma en su texto “La posición que el autor [yo] sostiene, con vista a la medicina cubana en la era comunista y su lectura de la salubridad en Cuba republicana, es un eco de la retórica oficial de la dictadura y la de sus apologistas y propagandistas”.

No leyó bien, o no leyó todo el señor Shiling. No leyó bien si no advirtió que en mi comparación sobre el aumento en la calidad y cantidad de la atención médica en la Isla, solo me refiero, con toda intención, a la primera década de la dictadura castrista, de ningún modo a “la era comunista”, la cual, desafortunadamente, aún padecemos.

No leyó todo si obvió mis líneas al final del artículo: “Sabemos que, como todo, la asistencia médica en Cuba ha ido en caída en las últimas décadas, lo cual, a mi modo de ver, se debe, más que al embargo estadounidense y a la pérdida de las jugosas ayudas económicas que el gobierno recibía de sus pares del desaparecido ‘campo socialista’, al deterioro moral, al despilfarro, la mala administración, la falta de previsión, el voluntarismo y la descomposición social en general, consecuencia de un régimen político y social inviable, pero que aun así ha logrado mantenerse a cualquier precio, para los demás”. El subrayado es mío y atiendan que digo “en las últimas décadas”, que una década tiene 10 años y que “varias décadas” pueden sumar 30, 40 o 50 años, digamos.

Con lo antes dicho, creo que queda sin efecto la acusación que me hace el señor Shiling de “frívolo y errado” puesto que mi análisis “pasa por alto el valor del tiempo”.

Tiene razón el refutador cuando insiste en que yo solo expresé mi desacuerdo con el párrafo quinto de su artículo; así es, y lo enfatizo de nuevo: con todo lo demás de su texto estoy totalmente de acuerdo.

En algo que coincido de la refutación de Julio M. Shiling es: “El socialismo y otros modelos hablan de medicina ‘gratis’, pero esto es solo en el uso figurativo del sentido”. Es verdad, por infinidad de vías se le paga a la dictadura, tanto material, como espiritualmente, agregaríamos, la gratuidad de la asistencia médica.

Para dar una idea de ya me he ocupado de la mala situación de la medicina asistencial en la Cuba actual, remito a mi artículo “In crescendo la luna de miel entre el PRI y la dictadura castrista”, (CUBAENCUENTRO, 15/9/14) resultado de una inusitada propuesta del castrismo para colaborar con México en el área de la salud. Señalaba yo entonces en el artículo referido las ventajas que, sobre el existente en la Isla, posee el sistema de salud instaurado en México —país muy lejano de Suiza, por ejemplo— para los trabajadores asegurados, los cuales no tienen que pagar sus medicinas, ya contempladas en el precio del seguro, muy asequible por cierto, y cuentan con instalaciones —clínicas, hospitales— muy superiores a los de Cuba tanto en confort como en equipamiento. Aludía en el mismo texto al Seguro Médico Popular, gratuito para toda la población, así como a infinidad de consultorios con atención médica a muy bajo precio, sin olvidar los Centros de Salud, donde la atención al paciente tiene un precio simbólico y estos reciben los medicamentos de manera gratuita.

Pues bien…, así las cosas, le agradecería al señor Shiling que, si acaso me anotó en ella, me borre de la lista de quienes siguen “la corriente a la dictadura más longeva en el Hemisferio Occidental”.

Gracias.


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