Actualizado: 17/10/2017 10:31
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Reforma Agraria, Diferendo, EEUU

Junio 1959: crisol del diferendo

El error histórico acaso más trascendental del castrismo: haber repudiado la condición externa más importante del desarrollo en Cuba, que es la cercanía geográfica y cultural de la mayor potencia mundial

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El 24 de junio de 1959, el secretario de Estado Christian Herter recibió a Robert “Bob” Kleberg, presidente del King Ranch. La víspera, el Instituto Nacional de la Reforma Agraria (INRA) había resuelto expropiar los latifundios ganaderos en Camagüey. Kleberg alegó que así se tornaban “imposibles las relaciones entre nuestro país y Cuba, además de crear una nación bajo control comunista cerca de nuestras costas”.

El disimulo de intereses con ideologías no es teorema que deba demostrarse, sino axioma bien sentado como lección de la historia. El caso Kleberg ilustra cómo siempre podrá agitarse algo ideológico —en su época, el trapo rojo— para reforzar la defensa de intereses creados.

King Ranch se había fundado en Santa Gertrudis Creek (Tejas) hacia 1852 y en 1933 Kleberg pasó a administrarlo. Hacia 1952 compró tierras en Cuba para expandir su negocio ganadero. El 6 de julio de 1972, la Comisión de Arreglos de Reclamaciones Extranjeras (FCSC) certificó que la debida compensación a King Ranch Inc. por la expropiación de unas 1.146 caballerías (40 mil acres) en la Isla ascendía a $3.216.084. Kleberg fallecería en 1974 sin cobrar un quilo.

Kleberg exigió a Herter presionar a Castro quitándole a Cuba su cuota azucarera para que la industria nacional entrara en crisis y aumentara el desempleo. Al apretar el hambre, la reforma agraria se percibiría como causa de efecto catastrófico. Herter preguntó si de este modo caería Castro y Kleberg respondió tajantemente que sí.

Al día siguiente fue recibido por el presidente Dwight Eisenhower, quien el 27 de junio escribió a Herter y adjuntó las cinco proposiciones de Kleberg: suspender la cuota azucarera, congelar los activos cubanos, exigir pasaporte visado y no conceder visas turísticas, realizar maniobras navales en el Caribe y hacer propaganda con que EEUU fue a la guerra en 1898 para liberar a Cuba de la tiranía española y ahora no permitiría que el comunismo acabara con la libertad (Foreign Relations of the United States, 1958-1960, Cuba, VI, páginas 539-541 passim).

Brevísima cronología

La Casa Blanca presionó con todo eso y más, pero Castro capeó el temporal y justificaría el diferendo con la idea sonsa de que EEUU está animado por la “constante pretensión de apropiarse de Cuba”. Solo que hasta el historiador oficial Oscar Pino Santos demostró que todo ademán de anexión obedeció a intereses pasajeros antes que a semejante predisposición (El asalto a Cuba por la oligarquía financiera yanqui, Casa de las Américas, 1973, pp. 23 s).

Hoy es tan ridículo preguntarle al vicepresidente Biden si EEUU invadirá la Isla como agitar un cartel de la invasión impreso por el Departamento de Orientación Revolucionaria (DOR), pero la bandería anti-Castro cae en la sonsera correlativa de que EEUU se propuso cambiar el régimen político de Cuba en 1960 como reacción al giro hacia el comunismo.

  • En su informe de octubre de 1961 sobre el fiasco en Girón de la operación paramilitar encubierta contra Castro, el Inspector General de la CIA Lyman Kirkpatrick confirmó que Washington había adoptado “formalmente” el programa de acción encubierta contra el régimen de Castro el 17 de marzo de 1960, pero la cosa venía andando desde 1959.
  • En memo de 11 de diciembre de 1959 a sus superiores, el jefe de la División Hemisferio Occidental (WH) de la CIA, Joseph C. King, subrayó que la dictadura castrista de “extrema izquierda” podía derrocarse sólo por “acción violenta”, propuso hacerlo “en un año” y aun recomendó darle taller a “the elimination of Fidel Castro”.
  • En memo de 5 de noviembre de 1959 a Eisenhower, Herter recalcó que todas las acciones debían orientarse a fomentar y alentar —dentro de Cuba y en toda América Latina— la oposición al régimen de Castro, pero “sin dar la impresión” de ejercer presión directa ni de intervenir más allá de la defensa de los legítimos intereses de EEUU.
  • El 31 de octubre de 1959, Eisenhower aprobó un programa del Departamento de Estado y la CIA para dar apoyo a la oposición interna y atribuir la caída de Castro a su propio desgobierno (Paramilitary Study Group Report, 13 de junio de 1961, pp. 3 s).
  • En la sesión del 14 de enero de 1960 del Consejo de Seguridad Nacional, el subsecretario de Estado para Asuntos Interamericanos, Dick Rubottom, explicó que desde junio de 1959 se había decidido que “no era posible lograr nuestros objetivos con Castro en el poder”. Entre julio y agosto se elaboró aquel programa aprobado el 31 de octubre.

Error histórico

Ni siquiera los acuerdos Castro-Mikoyan de comercio y crédito, suscritos el 13 de febrero de 1960, tienen más fuerza argumentativa que la Ley de Reforma Agraria, promulgada el 17 de mayo de 1959, para puntualizar la inflexión de las relaciones Cuba-EEUU hacia lo peor. La historia oficial lleva mucha razón en que la reforma agraria puso al Gobierno Revolucionario en mala con Washington, pero no ahonda en que la ganadería y la agricultura terminarían por hacerse leña. El actual mastermind de la economía, Marino Murillo, confiesa: “Lo que más presiona al país [es] importar anualmente unos 2 mil millones de dólares en alimentos”.

Así, el caso Kleberg ilustra el error histórico acaso más trascendental del castrismo: haber repudiado la condición externa más importante del desarrollo en Cuba, que es la cercanía geográfica y cultural de la mayor potencia mundial. Este yerro se soslaya también por el revisionismo empeñado en corregir “la pretensión secular” de EEUU por apoderarse de Cuba con otra obsesión moral de signo contrario: EEUU no se propuso cambiar el régimen político de Cuba en 1959, porque era más o menos la democracia de la constitución de 1940.

  • Castro gobernó como le dio la gana desde su ascenso a Primer Ministro el 16 de febrero de 1959. En su Biografía a dos voces (Debate, 2006) relata cómo planteó “una reforma agraria mucho más radical” que el proyecto de ley coordinado por el Che Guevara y, al volar a la Sierra Maestra para la promulgación simbólica, se le ocurrió “la idea de las cooperativas y puse esa idea en la ley”.
  • El 26 de enero de 1959, los líderes del partido comunista en Cuba publicaron una carta-programa con quince medidas propuestas al presidente Manuel Urrutia, que empezaban precisamente por la ley de reforma agraria.
  • El 23 de febrero de 1959 principiaron en secreto las reuniones para sacar la ley. Alfredo Guevara narró a Tad Szulc que, a tal efecto, se encuevó en Cojímar y Tarará con el otro Guevara, Antonio Núñez Jiménez, Vilma Espín, Segundo Ceballos y Pino Santos. Castro dejaba trabajar unas cuantas horas y después regresaba a cambiarlo todo.
  • Pino Santos relató que, si hubiera sido por Castro, toda la tierra se habría nacionalizado como hizo Lenin en la Rusia de 1917, pero el Che atajó con que no era necesario.
  • Sendas copias de la primera versión de la ley se entregaron a los cuadros comunistas Blas Roca y Carlos Rafael Rodríguez. Roca comentó que “la clave de todo” era el primer artículo: proscribir el latifundio y limitar a 30 caballerías la propiedad de la tierra, extensible hasta 100 en fincas de intensa explotación.

Coda

Kleberg, guiado por el interés, andaba menos despistado que la historiografía crítica, dizque guiada por el conocimiento. Al conocerse que el proyecto de ley del Ministro de Agricultura, Humberto Sorí Marín, había sido desechado por otro del Che Guevara, el director de la Oficina de Asuntos Económicos Regionales del Departamento de Estado, Harry Turkel, notificó confidencialmente a Herter: “Nuestra esperanza original ha sido en vano; al gobierno de Castro no vale la pena salvarlo”. Sólo que Castro acabaría arreglándoselas para preservar su gobierno por entre las peripecias derivadas del error histórico seminal: no atenerse al debido compromiso de intereses con EEUU.


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Rancho King en Camagüey, Cuba, en la actualidad una atracción turística, principalmente para visitantes extranjeros. Era propiedad de la familia estadounidense dueña del King Ranch en Texas, que administró por décadas Robert “Bob” Kleberg Jr.Galería

Rancho King en Camagüey, Cuba, en la actualidad una atracción turística, principalmente para visitantes extranjeros. Era propiedad de la familia estadounidense dueña del King Ranch en Texas, que administró por décadas Robert “Bob” Kleberg Jr.

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