Actualizado: 22/11/2017 12:21
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Cuba-USA: El reajuste

El anticastrismo corriente genera figuras a granel que tienen diversas profesiones, pero el mismo oficio: analista político

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La historia no es más que geografía en movimiento
Guillermo Cabrera Infante, Cuerpos divinos, 2010

En su Historia documentada de San Cristóbal de La Habana… (1927), la cubanóloga Irene Wright precisó que aquella ciudad —y con ella Cuba entera— debía “todo su progreso a las guerras y los temores de guerras”. Las guerras Cuba-USA se acabaron, incluso en la variante indirecta de guerra de guerrillas en Latinoamérica, que la propia Cuba ayudó a finiquitar en Colombia. Tampoco hay temor de otras guerras. La Isla de Cuba pintoresca no aparece en los documentos que el Pentágono preparó para el equipo de transición del D. J. Trump.

La peculiar posición geográfica de Cuba perdió relevancia al filo de la globalización. La Isla dejó de ser el “crucero del mundo” que refirió Martí en el siglo XIX y también la rampa lanzacohetes y el portaviones soviético insumergibles que fuera en el siglo XX.

Al clausurar la campaña de alfabetización hace más de medio siglo, Fidel Castro alardeó con haber realizado “la primera revolución socialista del continente americano (…) a 90 millas del monstruo imperialista”. Sólo las 90 millas y el continente quedan en pie. La fruta madura que cae ahora en USA no es la Isla entera, como decían, sino su emigración privilegiada.

A los dos años de restablecerse las relaciones diplomáticas, la normalización del estatus migratorio acaba de arrancar, también de manera sorpresiva, pero con tren lógico. Esa marcha no se detendrá hasta derogar el Ajuste Cubano. Mantenerlo incita ya solo a permanecer a escondidas en USA hasta coronar la estancia ilegal con la legalidad de la residencia permanente al año y un día del arribo.

Análisis político

El anticastrismo corriente genera figuras a granel que tienen diversas profesiones, pero el mismo oficio: analista político. Son tantos que la televisión hispana de Miami y la blogosfera kubishe pudieran enganchar este anuncio publicitario: Compra un analista político y llévate otro gratis (BOGOF, por sus siglas en inglés). De por dónde iba el verano pasado el análisis político sobre la cuestión migratoria da fe la pieza “Obama, Castro y la tormenta perfecta”, de Juan Antonio Blanco, Director Ejecutivo de la Fundación para los Derechos Humanos en Cuba:

“En la Isla, la frustración, el descontento y el deterioro de las condiciones de vida se incrementan. Por ello aumenta una migración potencial a la que después de las gestiones del Gobierno cubano con los gobiernos de Ecuador, Nicaragua y México han dejado solo la salida marítima. EEUU recibiría un Mariel multiplicado por diez en un año electoral. En su miopía, La Habana parece creer que ese puede ser el instrumento de chantaje con el que finalmente logren el levantamiento del embargo contra la economía estatal. Las consecuencias de ese enfoque pueden resultarle catastróficas. En su ineptitud, puede ser que Raúl Castro no capte la dimensión real de la actual coyuntura. Ha creado una tormenta perfecta en Cuba, y para EEUU también” [énfasis añadido].

La movida migratoria no provino de chantaje, sino de acuerdo Cuba-USA para cortar el paso migratorio más chévere de los cubanos: entrar, plantar residencia y volver. Las consecuencias catastróficas resultan entonces para el propio analista que, en su miopía e ineptitud, creó una tormenta perfecta en sus cabezas, tal y como hizo a fines de 2014 en torno a la imposibilidad de excarcelación de los tres espías penitentes de la Red Avispa. Sin intel ni info sobre qué piensan los mayorales del castrismo, este y otros analistas políticos BOGOF expresan sus propios pareceres como si guardaran alguna correspondencia con enfoques de Raúl Castro.

Caída en el tiempo

Por sobrevenir durante la administración Obama, la movida migratoria concita que la bandería republicana eche con el rayo, a pesar de que ellos mismos venían cocinando cierto reajuste del desajuste cubano para atajar aquel paso tan chévere, amén del recorte de los beneficios que los inmigrantes de la Isla disfrutan en exclusiva. Tal y como entonces les importaban un comino los cubanos que iban a ser afectados por sus medidas, ahora sí les importa que la medida de Obama amargue la vida de muchos cubanos.

Los cocineros republicanos adobaban exigir la ciudadanía americana (a los cinco años de estancia en USA) para volver de visita a Cuba, en vez de la residencia (tan sólo al año y un día). Obama simplemente sazonó más el mismo plato: en vez de retardar la salida de vuelta, estrechó la entrada. USA acogerá ya solo a quienes, en principio, no podrían volver de visita a la Isla del Diablo por ser perseguidos políticos.

Esta u otra movida similar era tan solo cuestión de tiempo desde que la dictadura levantó, hacia 2013, el banderín que permite a los cubanos viajar con holgura como regla y limitación como excepción, sin perder sus propiedades ni tener que presentarse al campamento República de Cuba antes de pasar dos años afuera. Sobre todo, porque la holgura da para que ciertos cubanos salgan a desplayarse contra el gobierno —aun con graves acusaciones como el asesinato de Estado, por Rosa María Payá, o el apoyo al terrorismo con campos de entrenamiento para Hamás y Hezbolá, por Oscar Elías Biscet— y regresen como si nada a la Isla sin dar de inmediato con sus huesos en la cárcel y mucho menos en el paredón.

Y así como los cubanos en general empiezan ya a dejar de ser inmigrantes privilegiados para USA, su política exterior irá dejando a un lado a los llamados líderes opositores, que marcan aquel mismo paso chévere con otra música: entrar a USA, plantar chácharas y volver a Cuba.

Aquí dan vueltas en el círculo vicioso de ser víctimas de la represión y denunciarla a los cuatro vientos para volver a ser víctimas de ella y tener que denunciarla otra vez, siempre sin masa crítica que se les sume dentro ni nadie que se conmueva tanto afuera como para coger al castrismo por los cuernos. No tendrán más remedio que resignarse a que las violaciones de derechos humanos jamás darán pie a ninguna intervención efectiva de USA ni de nadie más en Cuba, así como reajustar su juego político a las propias reglas del régimen para ver si pueden desbancarlo con ese mismo pueblo amante de la libertad y la democracia que invocan.

Coda

Cabrera Infante empacó en Castrofobia (2004) su esperanza de que “Cuba, la llamada isla de corcho, flotará, y una vez más la geografía determinará la historia”. De este modo atisbó que la nación cubana tiene que rectificar el error histórico acaso más trascendental del castrismo: repudiar la condición externa más importante del desarrollo nacional, que es la cercanía de USA.


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