Actualizado: 27/01/2020 13:43
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Educación

Lagunas educacionales al descubierto

La politización en la enseñanza alcanzó y todavía se mantiene a tal nivel, que la universidad continúa declarándose “un derecho solo de los revolucionarios”

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Durante decenios, la propaganda oficial utilizó como bandera los llamados éxitos educacionales. En su euforia triunfalista, los máximos dirigentes llegaron a decir que Cuba era la primera potencia cultural del planeta. Ciertamente, con posterioridad al triunfo revolucionario de 1959 se dieron pasos positivos en la enseñanza, con el despliegue de una campaña alfabetizadora en todo el país, erradicando niveles de analfabetismo que según el Censo de 1953, la fuente más seria de esos años, alcanzaban al 23,6 % de la población de 10 y más años de edad. Un problema asentado fundamentalmente en las áreas rurales, pues en las zonas urbanas, según esa fuente, era de 11,6 %.

Estos datos reflejaban que la situación aunque inaceptable, no era tan grave como en la mayoría de los países de la región; incluso varios todavía tenían en 1995 índices de analfabetismo para poblaciones de 15 o más años sustantivamente superiores a los de Cuba con anterioridad a 1959, de acuerdo a informaciones publicadas por UNESCO y CEPAL. No obstante, representaba un problema real para el avance del país la existencia de alrededor de un millón personas analfabetas, a la vez que era particularmente injusto para el sector poblacional residente en zonas rurales la carencia de oportunidades para educarse.

Además de la campaña de alfabetización, se hizo un esfuerzo para establecer en esas áreas una cantidad apreciable de escuelas, donde antes no existían. Por otra parte, se crearon programas de otorgamiento de becas, que permitieron que muchos jóvenes de bajos ingresos, no solo de procedencia campesina, accedieran a distintos niveles de enseñanza, incluida la universitaria.

Desafortunadamente, el Gobierno utilizó estas positivas medidas para hacer propaganda dentro y fuera de Cuba, y para controlar toda la educación, luego de confiscar las escuelas privadas, lo cual le permitió emprender un adoctrinamiento político masivo, con la implantación de una enseñanza escolástica, impregnada de dogmas ideológicos que durante decenios dañaron seriamente la formación de las nuevas generaciones, muy en especial en los estudios humanísticos.

Así fueron diseñados y puestos en vigor planes educativos para ser realizados totalmente en el campo con costos enormes y sin condiciones idóneas, con largos períodos de separación de los jóvenes en edades muy delicadas de sus familias. El objetivo era “crear un hombre nuevo” mediante la combinación del estudio con el duro trabajo agrícola. A la vez, los que permanecían en zonas urbanas, incluidos los universitarios, estaban obligados a pasar meses en el campo haciendo labores agrícolas. Todo ello en detrimento de la formación educacional.

La politización alcanzó y todavía se mantiene a tal nivel que la universidad continúa declarándose “un derecho solo de los revolucionarios”, lo cual significa que cualquier pensamiento independiente y honesto es incompatible con el acceso a los estudios superiores, lo que obliga a la falsa moral y la hipocresía desde temprana edad. Con el objetivo de demostrar la “eficiencia” de la educación cubana se realizaban falsas promociones de prácticamente el 100 % de los educandos, lo cual por supuesto atentaba contra la calidad y profundidad de los conocimientos.

Ese esquema se pudo mantener hasta la pérdida de la subvención soviética. A partir de entonces fueron quedando al descubierto con mayor claridad las deficiencias en la educación. Con la llegada del Período Especial ocurrió un enorme éxodo de profesores hacia otros sectores o el exterior del país para mejorar sus posibilidades económicas. Al mismo tiempo, sin sustentación económica, el sistema educacional se ha ido desmoronado paulatinamente. El régimen intentó resolver la carencia de profesores con los llamados maestros emergentes, jóvenes estudiantes de secundaria y pre-universitario, captados sin vocación ni experiencia, preparados en pocos meses para impartir clases a adolescentes de su misma edad. Otros serían maestros integrales, escogidos y formados en similares condiciones, destinados a impartir prácticamente todas las materias de la enseñanza secundaria. De forma triunfalista se presentaron estos programas como ejemplos al mundo.

Las consecuencias de todas las barbaridades educacionales afloran de diversas formas. El Gobierno, obligado a frenar la entrada masiva a las universidades, ha tenido que convocar exámenes de ingreso. Los resultados reflejan la mala preparación del estudiantado desde la primaria. En 2011, a pesar de haberse dado oportunidad a repetir los exámenes, en Matemáticas solamente aprobó el 53,9 % de los aspirantes, anunciado como un “logro” pues en 2010 solo aprobó el 40,9 %. En Español fue el 80,7 % frente a 73,7 % del año precedente; y en Historia de Cuba hubo una regresión, al haber un 69,6 % de aprobados frente a 78,5 % del periodo anterior.

En 2010 se realizaron exámenes de ortografía a los estudiantes universitarios, con una considerable cantidad de suspensos. Ello obligó a desarrollar cursos remediales de obligatorio cumplimiento para poder graduarse. El Ministro de Educación Superior ha reiterado que de acuerdo con la experiencia cubana solamente del 30 % al 40 % de los estudiantes matriculados en las universidades terminan sus estudios, lo cual representa enormes pérdidas financieras. Ha manifestado que a la formación de los alumnos se destina de 5.000 a 10.000 pesos per cápita.

La considerable merma en la calidad de la enseñanza impartida ha obligado a muchos padres preocupados con la formación educacional de sus hijos, a buscar centros de estudio alternativos. Esto ha promovido el auge de la enseñanza privada que, sin autorización oficial, crece con rapidez, aunque con el inconveniente de constituir otro factor de estratificación de la sociedad, en este caso entre los niños y jóvenes cuyos padres pueden pagar los costos de la enseñanza particular, en muchos casos ofrecida con pago en pesos convertibles, y la mayoría que carece de esta posibilidad.

Paralelamente han existido problemas muy serios con la planificación de los profesionales universitarios. Oficialmente se reconoció que en el período 2005-2010 existió un déficit de 110.000 profesionales de las ciencias técnicas, agropecuarias, naturales, pedagógicas, y matemáticas. Mientras hay miles de egresados de otras carreras que exceden la demanda, en particular de humanidades. Además, por muchos años se dejó de priorizar la formación de técnicos medios y obreros calificados, por lo que el déficit es grande de albañiles, carpinteros, plomeros, electricistas, sastres, y otros, mientras los formados carecen de la calificación adecuada. Se pretende resolverlo con premura, pero evidentemente ello llevará tiempo.

La situación es aún más complicada, porque muchos profesionales no tienen incentivo para ejercer sus especialidades debido a los bajos salarios y las pésimas condiciones laborales. También carecen de información científico-técnica y de acceso a Internet. Por tanto, existe un intenso proceso de descapitalización intelectual, al tiempo que muchos se han marchado del país o están decididos a hacerlo cuando tengan la oportunidad.

En los últimos tiempos se adoptan medidas rectificadoras como el fin de la escuela secundaria en el campo, los maestros emergentes e integrales y las brigadas de estudiantes para laborar durante ciertos períodos en la agricultura, como las Brigadas Estudiantiles de Trabajo (BET), las Fuerzas de Acción Pioneril (FAPI), las Brigadas Universitarias de Trabajo Social (BUTS). Esto responde fundamentalmente a las dificultades económicas, aunque también podría haber incidido en estas decisiones cierto sentido pragmático y dosis de racionalidad.

No obstante, se mantienen la intensa politización en la educación y mientras los estudiantes del mundo entero pueden acceder a Internet y beneficiarse de los conocimientos que aporta la red de redes, en Cuba se mantiene prohibida a la juventud con consecuencias altamente dañinas para su preparación intelectual y técnica, lo cual rebaja el nivel de competitividad del país a escala mundial.

El futuro de la educación en un marco de aguda crisis económica no es halagüeño, a pesar de las rectificaciones tomadas por el Gobierno de Raúl Castro. Será extremadamente difícil mantener los gastos del Presupuesto dedicados a esta actividad. De hecho, en 2010 prácticamente no se incrementaron respecto al año anterior, tomando las cifras a precio corriente, o sea sin tomar en cuenta la inflación prevaleciente. Las inversiones fueron de 61,8 millones de pesos, 32,4 % del nivel de 2009.

La matrícula inicial total en 2010-2011 por tercer año consecutivo se redujo. Esta vez en 21,3 % respecto a la del curso 2007-2008. En la educación superior, la caída fue del 28,1 % con respecto a 2009-2010 y del 36,4 % en comparación con 2007-2008. A pesar de estas preocupantes disminuciones de la actividad educacional, el problema más grave actualmente es dar trabajo a los graduados, en un país cuyo objetivo inmediato es despedir la cuarta parte de su fuerza de trabajo ocupada, sin que se permita a los profesionales ejercer por cuenta propia.

La educación, la salud pública y la seguridad social, por la deplorable situación en que se encuentran y con los enormes recortes en los gastos, impuestos por la acuciante crisis económica, ya no son ejemplos utilizables con fines propagandísticos.


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