Actualizado: 16/08/2019 16:52
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Sociedad

Monumento al paciente desconocido

Un testimonio en primera persona sobre el deterioro de los servicios de salud.

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Para las personas que leen los periódicos oficiales, la salud pública en Cuba es una maravilla, un ejemplo a seguir. El cineasta Michael Moore lo afirma en su documental, y mucha gente, muy bien intencionada, lo cree.

Pero la realidad es otra, totalmente distinta. La salud pública no es gratuita, como repiten una y otra vez. Los salarios de miseria que el gobierno ha pagado durante ya medio siglo, vienen con los descuentos para el retiro, la seguridad social y los médicos. En las décadas de los años sesenta y setenta, así venía desglosado en los sobres con los que se pagaba. Eso dejó de hacerse, y la gente no lo recuerda, ni sabe cuánto paga por esos servicios "gratuitos".

Durante muchos años, hay que reconocerlo, los hospitales y policlínicos del país funcionaron bien, había medicinas y el trato era amable y profesional. Muy temprano se iniciaron las famosas "misiones internacionalistas", en la década del setenta, que se intensificaron con la presencia cubana en Angola, Etiopía y otros países de África a partir de 1975.

En 1990, con el desplome del "campo socialista", y en 1991, con la desintegración de la Unión Soviética, todo comenzó a cambiar. Han pasado diecisiete años, que es mucho tiempo, y el deterioro aumenta cada día, de forma alarmante. Para colmo, hace unos años, al Comandante se le ocurrió reparar a la vez todos los hospitales de la capital, porque tenía que cumplir con los pantagruélicos compromisos contraídos con su amigo, el presidente Hugo Chávez. "Salud por petróleo", parece que era la consigna. Y comenzó el disparate.

De 'paseo' por los centros

Los hospitales ya estaban en pésimo estado, sucios y destartalados. Pero esta situación, que los ciudadanos soportaban, no podía continuar, porque los extranjeros que vendrían a curarse no la tolerarían. Debido a la ineficiencia constructiva, las reparaciones han demorado muchísimo. Si se añade el robo desenfrenado e incontrolable de absolutamente todos los recursos y materiales (cemento, azulejos, inodoros, lavamanos, sillas de ruedas, equipos para tomar la presión, bombillos, etcétera), el resultado es un crítico retraso para entregar el "nuevo" hospital.

En el Hospital Cardiovascular, en La Habana, las operaciones de corazón han estado suspendidas durante meses. Cuando pregunté a un amigo doctor qué le pasaba con los enfermos que debían operarse, me respondió: "han muerto muchos".

En el Hospital Ortopédico Fructuoso Rodríguez también se pospusieron las intervenciones quirúrgicas en varias ocasiones, porque el salón de operaciones no había sido terminado, o estaba contaminado, o no había agua. Resultado: Ancianos con la cadera fracturada que han esperado durante semanas en largas "colas". Si alguien sufrió la desgracia de tener a un ser querido en ese estado, sabrá la pesadilla que significa para el enfermo, que sufre los dolores de la fractura, y para sus familiares. Sin contar que la operación de cadera debe hacerse antes de las 48 horas tras la fractura, si se desea que los resultados sean óptimos.

Aunque no reconocida oficialmente, el año pasado hubo una epidemia de dengue (hemorrágico), como resultado del descuido y la negligencia, porque no se realizaron a tiempo las tareas de prevención y fumigación. De ahí que, ante el crítico escenario, las autoridades comenzaron a fumigar mañana, tarde y noche: el humo cubría la ciudad, parecía la mismísima Edad Media, los hospitales estaban repletos y los enfermos deambulaban en camillas por los pasillos.

La Quinta Covadonga fue uno de los tantos centros donde se amontonó a los contagiados. El pueblo le cambió el nombre por "Covadengue". Se calcula que hubo más de cien muertos. Algún día se sabrá la cifra real.


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