Actualizado: 29/05/2020 12:36
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Represión

Multiplicando el periodismo alternativo

El periodista cuenta cómo al salir de la cárcel tomó el testigo para revertir el diezmo sufrido por la disidencia en marzo de 2003.

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TEMA: Represión en presente

Un radio marca Tecsun que me obsequió "bondadosamente" el coronel de la policía política Luis Mariano Lora, jefe del Departamento 21 (Enfrentamiento a la Actividad Subversiva Enemiga), me mantuvo informado desde la segunda mitad del mes febrero del hoy lejano año 2003 en la sala de penados por delitos contra la Seguridad del Estado, en el Hospital Militar Dr. Carlos J. Finlay.

Estaba postrado en un sillón de ruedas viendo cómo el programa televisivo Mesa Redonda trataba de desprestigiar entre los días 15 y 18 de marzo a nuestros hermanos de largas y sufridas jornadas por la libertad verdadera de la Isla, una libertad con democracia representativa y pluripartidista.

Al comenzar el oficialista Noticiero Nacional de Televisión (NTV), el locutor Rafael Serrano informó que varias decenas de luchadores por la democracia estaban siendo detenidos en esos momentos y que serían sancionados con las penas más severas del Código Penal vigente. A mí se me fue el alma del cuerpo.

Tras 14 meses de huelga de hambre, el coronel instructor de Villa Marista, el represor de ideas Francisco Estrada, me informó que me sería concedida una licencia extrapenal y trató de convencerme del supuesto humanitarismo de la mal llamada Revolución Cubana. La discusión con refutación no tardó mucho por mi parte.

Al arribar a mi hogar en la central ciudad de Santa Clara, recibí el cariño de mis hermanos de pacíficas batallas; pero la oposición se veía mermada, retraída, diezmada, congelada, paralizada, avasallada, escondida, y muchos otros sinónimos que ahora no acuden a mi mente.

Promesa cumplida

A los tres días sonó el teléfono de mi casa. Era Omar Moisés Ruiz Hernández, periodista independiente del Grupo de Trabajo Decoro. La comunicación provenía desde Guantánamo, a casi 700 kilómetros de donde yo me encontraba. Me felicitó por mi libertad a medias y, a posteriori, indagó sobre mi precaria salud. Pesaba sólo 48 kilogramos, a mi cuerpo le faltaba la nimiedad de 31 kg. Me sugirió que realizara periodismo, independiente claro.

Al otro día, volvió a chirriar el aparato. Me hablaba mi hermano de sueños, Héctor Maseda Gutiérrez. Tras ocuparse de mi salud, coincidentemente me pidió que escribiera noticias y artículos. Por el teléfono me indicaba semanalmente cómo se confeccionaba un lead de sumario o un buen párrafo explicativo o de contexto.

Jorge Luis García Paneque, también encerrado en una ergástula villaclareña, me estimuló a proseguir emborronando cuartillas. A pesar de sus enfermedades, ya fueran estas claustrofóbicas o por el recurrente síndrome de mala absorción intestinal, los barrotes no le impidieron hacer una labor pedagógica conmigo.

En unas dos semanas se incorporó al sui generi claustro de profesores otro de los grandes del periodismo no oficialista, José Gabriel Ramón Castillo, popularmente conocido por Pepín. A él tampoco le detuvo la cirrosis hepática, que hoy desgraciadamente ha derivado en cáncer. Me enseñó a discernir el foco de una noticia.

Me pulió con suma paciencia el director fundador de la agencia independiente Cubanacán Press, José Ramón Moreno Cruz, que hoy hace radio en el exilio de la nostálgica y cercana Florida estadounidense. Y así este perpetuo aprendiz de journalist comenzó a escribir.

La promesa a mis colegas, hoy prisioneros, se cumplió. Por Cubanacán Press han pasado y se han formado 32 periodistas. De esa agencia también surgieron Jagua Press, Yayabo Press y Villa Blanca Press: otros aprendices viajaron desde el Oriente del país. A las pocas semanas ya estaba funcionando Holguín Press.

Hoy estamos enfrascados en la formación de otra agencia en Santa Clara. Ya tiene nombre, se denominará Agencia de Prensa Marta Abreu. La mayoría de sus integrantes serán mujeres, porque viviremos o moriremos multiplicando el periodismo alternativo cubano.