Actualizado: 09/12/2019 13:16
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Política

Ni la nación ni la emigración

El reciente encuentro entre el gobierno y un grupo de cubanos residentes fuera de la Isla calcó el discurso del régimen.

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Entre el pasado 19 y 21 de marzo, tuvo lugar en La Habana el denominado "Encuentro de Cubanos Residentes en el Exterior contra el Bloqueo y el Terrorismo". Su declaración final, publicada en el diario oficialista Granma, concita no ya al repudio del más indecoroso ejercicio de hipocresía, sino a una profunda meditación acerca de los extremos engañosos a los acude la prensa al servicio incondicional de una dictadura.

Desde el primer párrafo, la declaración de marras exhibe un absoluto irrespeto por todos los ciudadanos que aspiramos a la democracia y la libertad, dentro o fuera de la Isla, al enunciar: "Nosotros, cubanos residentes en el exterior, comprometidos con nuestra Patria y la valiosa obra de la Revolución, unidos por una vocación patriótica y martiana, nos hemos reunido en La Habana durante los días 19, 20 y 21 de marzo con el propósito de intercambiar criterios y experiencias sobre las mejores formas de expresar, en el actual momento histórico, nuestro compromiso con la patria y la continuidad de su proyecto revolucionario iniciado en 1959".

Cabe preguntarse por qué estos "cubanos" se fueron del país y no honran su compromiso con la revolución regresando a la patria que con tanto celo "defienden" de las "acechanzas injerencistas" de Estados Unidos y la Unión Europea, donde encontraron residencia y trabajo para ganarse decentemente la vida, oportunidades que no tienen los ciudadanos de adentro.

El gobierno necesita en la Isla fieles de este tipo, como lo demuestra el creciente número de emigrantes que huyen diariamente y la apatía y desesperanza de casi toda la sociedad. Esta situación hace más vergonzosa la inaudita "traición" de estos vacacionistas políticos, que se dedican a tratar de retardar los cambios que requieren el país y sus habitantes.

"Estamos convencidos de que el proceso de normalización de las relaciones entre la nación y la emigración constituye un proceso continuo e irreversible", refiere el documento. Cuando en realidad las relaciones anormales han sido entre la emigración y el gobierno, que no es la nación.

La declaración asegura: "A nuestro querido Comandante Fidel, cuyo inigualable ejemplo ha sido, es y será el faro de nuestra lucha, el compromiso de defender la obra de la revolución dondequiera que nos encontremos".

Culmina el documento con una lista de exigencias que debió redactar el mismísimo Felipe Pérez Roque y revisar el "compañero" que permanece en falso retiro: el levantamiento del embargo, el Plan Bush y la derogación de la Ley de Ajuste Cubano; "la eliminación de toda restricción que impida a los cubanos residentes en EE UU, la posibilidad de visitar libremente nuestro país y mantener vínculos con sus familiares en Cuba"; el cese de todas las "acciones terroristas" desde Estados Unidos; la "liberación inmediata de nuestros Cinco hermanos, injustamente secuestrados", y la eliminación definitiva de las sanciones de la Unión Europea y de la "injerencista" Posición Común.

Más allá de algunas reclamaciones que podría considerarse justas, es exactamente el mismo discurso del régimen. Ninguna incluye el derecho de las personas a salir y entrar libremente a su país, tampoco el derecho de quienes están fuera a regresar o invertir en negocios en Cuba. Olvidaron también exigir la libertad de centenares de presos de conciencia que malviven en pésimas condiciones en las cárceles de la Isla, por el simple "delito" de pensar diferente y expresar sus ideas.

Estos "revolucionarios de la emigración", defensores de la dictadura más larga de la historia, no mencionan en su declaración que durante muchos años el gobierno prohibió a los ciudadanos mantener vínculos con sus familiares exiliados, y que la violación de esta orden implicaba la pérdida del trabajo y hasta un obstáculo para ascender a un puesto mejor. Sin contar que se tomaba en cuenta para aprobar el ingreso de algún ingenuo aspirante al Partido o la Unión de Jóvenes Comunistas. Esas medidas coercitivas, entre otras muchas, intentaban evitar la contaminación con los "gusanos" y "traidores" que abandonaban el proyecto castrista.

La mencionada declaración final constituye una provocación para la gente de pensamiento libre, y una ofensa a la inteligencia del pueblo. Continúa con las divisiones y la beligerancia como estrategia para sostener el régimen. En Cuba, nadie duda de la verdadera filiación de los autores de este bochornoso documento que pretende representar las posiciones de quienes residen en el exterior. Estos fueron elegidos por la facción más radical del gobierno para simular acuerdos entre la nación y la emigración.

No debe olvidarse que los anteriores encuentros entre el gobierno y los emigrados, representados entonces por sectores algo más amplios de la diáspora, se estaban convirtiendo en un boomerang para el régimen, ante el cúmulo de problemas y reclamos planteados y la naturaleza de las propuestas.

Aspiraciones y esperanzas

Afortunadamente, para contrastar, la Declaración de Concordia que recientemente firmaran 43 exiliados en siete países, difundida en un comunicado de prensa el pasado 20 de marzo y enviada por vía electrónica a cientos de residentes en la Isla, refleja con todo respeto "los criterios, sentimientos, esperanzas y convicciones sobre la realidad cubana actual y sobre su futuro", no sólo de los firmantes, sino de millones de personas de todas las orillas.

Este esperanzador documento reniega del odio y el resentimiento que han llevado a la violencia y el fratricidio. Pide una amnistía para todos los cubanos, con independencia de sus posiciones ideológicas, aboga por la convivencia en base al respeto a las diferencias, rechaza cualquier tipo de discriminación, defiende los derechos económicos y civiles, desea un orden que potencie la capacidad creadora del ser humano para igualar a todos en las oportunidades, y se opone al despojo de los bienes de los ciudadanos de la Isla, incluyendo los servicios de salud y educación.

Asimismo, se manifiesta "contra todas las restricciones que obstaculizan el libre movimiento de los cubanos residentes dentro y fuera del territorio nacional, sean por la política del Estado cubano o impuestas por otros gobiernos, en particular el de los Estados Unidos, medidas que dificultan a los cubanos residentes en el exterior viajar a su país de origen, le impiden el acceso o relocalización en su patria, o hacen artificialmente costoso el enviar remesas u otros medios de ayuda y las que dificultan el acceso a la información y la comunicación telefónica o por correo electrónico con sus familiares y amigos en Cuba".

Finalmente, los firmantes se pronuncian por la aplicación de "métodos pacíficos para el logro de los ideales plasmados en esta declaración, a través del diálogo y el libre intercambio de las ideas, convencidos de que sólo la evolución de la conciencia ciudadana nos puede conducir a un orden de armonía, reconciliación nacional y de respeto a todos los derechos fundamentales".

Sería valioso que las páginas de Granma, u otro espacio de prensa o difusión, reflejaran también estas propuestas, a fin de permitir que los ciudadanos, y no los voceros del régimen, consideraran por sí mismos cuál representa mejor las aspiraciones y esperanzas de la nación.


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