Actualizado: 20/02/2020 20:16
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EEUU, Trump, Embargo

No es Trump el culpable

Sobre la hostilidad entre los gobiernos de Estados Unidos y Cuba

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Ahora, cuando empiezan a sentirse los efectos de las medidas del actual gobierno de EEUU -—consecuentes con la política de embargo aprobada por el Congreso hace años, pero nunca mejor aplicadas—, el castrismo, siempre histérico, patalea y grita responsabilizando a Trump del desastre económico en Cuba y sus desbalances financieros.

Pero no sólo protesta el castrismo, algunos opositores y periodistas independientes, que no dejan ninguna duda de su anticastrismo, se quejan también de las consecuencias negativas de esas medidas para la población y los negocios privados.

No voy a extenderme en lo que todo el mundo sabe incluidos los cabecillas castristas sobres las causas principales del descalabro económico y social, pero voy a precisarlo: la Moderna Esclavitud, tratada por Martí hace casi un siglo en su escrito “La Futura Esclavitud”, implantada desde el estado, en nombre de un socialismo que nunca existió, es incapaz de estimular la producción y la productividad por desconocer el papel del mercado y el interés material directo comprometido de los productores dueños.

En cuanto el embargo, acusado de culpable, yo también quisiera que desapareciera y que ambos países disfrutaran de una estrecha y colaborativa relación que permitiera el intercambio fluido de todo tipo, personas, capitales, fuerza de trabajo, vida cultural, etc., y el más amplio desarrollo económico y bienestar en la tierra donde nací.

Pero mis deseos no pueden abstraerse de la evolución histórica de esas relaciones. Cuando alguien está aquejado por alguna molestia física o psíquica, el primer paso para su alivio o solución es identificar el fenómeno y sus causas.

Por ello es preciso definir con toda claridad cómo y porqué se ha llegado al estado actual en las relaciones entre los gobiernos de Cuba y EEUU y, a partir de ahí, identificar el camino para la solución del problema.

Quien inició la hostilidad, el enfrentamiento de todo tipo, la guerra verbal, la económica y la militar no fue EEUU, sino el castrismo. Incluso desde La Sierra, con el juramento escrito de Fidel a Celia de que su verdadera guerra sería contra EEUU y con el secuestro por Raúl Castro de los norteamericanos que trabajaban en Moa, en protesta por el uso de bombas de fabricación norteamericanas usadas por Batista en sus bombardeos a la Sierra.

Los asesinatos por juicios sumarios de militares y simpatizantes de la dictadura anterior, las violaciones al debido proceso, la postergación de elecciones y el establecimiento de una dictadura militar, violando todos los derechos humanos y principios democráticos supuestamente defendidos por el castrismo en rebelión se realizaron en el mismo 1959, en medio de relaciones estables con EEUU, quien manifestó su preocupación por esas violaciones.

No fue EEUU el que intervino y se apropió de empresas cubanas en EEUU. Como es sabido en los primeros años del castrismo fueron intervenidas todas las empresas norteamericanas, además de todos los negocios importantes de cubanos en todas las esferas de la economía.

En febrero de 1960 el Canciller soviético Anastas Mikoyan visita la Habana, firmando varios pactos con el castrismo incluida la entrega de armas. La explosión del barco francés La Coubre, ocurrida un mes después fue achacada a EEUU, sirvió de pretexto para el ya concretado acercamiento. Así, desde mucho antes de la invasión de Girón el castrismo había pactado acuerdos militares con Moscú, había recibido armamento y asesores militares rusos, e iniciando la penetración militar soviética en América.

También mucho antes del apoyo militar limitado de EEUU a la Brigada 2506 y a los luchadores anticastristas en las montañas, Fidel Castro organizó, entrenó, financió, armó y envió grupos armados a Panamá y República Dominicana en el mismo 1959.

En 1962 nadie puede olvidar la instalación de cohetes nucleares rusos en territorio cubano dirigidos a EEUU, en lo que ha sido la peor y más directa amenaza sufrida por EEUU en toda su historia.

Luego vendría la historia de intervenciones militares castristas en prácticamente en casi todos los países americanos incluido los propios EEUU con el apoyo a acciones de grupos como las Panteras Negras y los Wetherman y las invasiones masivas de militares a Africa y Asia en Argelia, Etiopia, Angola, El Congo, Mozambique, Siria, Vietnam y en menor escala en Iraq y otros países, todas enfocadas a enfrentar al “imperialismo yanqui”.

El paragua soviético en la Guerra Fría y el compromiso Kennedy-Jhrushov cuando la Crisis de Octubre o de los Misiles, y la amplia ayuda militar política y económica de la ex URSS al castrismo posibilitó en gran medida todo ese despliegue expansionista “antiimperialista”.

Hubo un momento de acercamiento cuando el gobierno de Carter, frustrado por el envío masivo de tropas a Angola a fines de 1975.

Pero más recientemente, quien destruyó el acercamiento iniciado por Obama y reinició las hostilidades fue el castrismo. Hay que recordar que estando ya Obama en Cuba empezaron los ataques en la prensa oficial y que acabado de salir el todavía vivo caudillo le dedicó unas reflexiones intituladas El hermano Obama, donde atacaba el acercamiento y lo acusaba de solapado para un asalto en la sombra y por la espalda.

Los cubano-americanos, mayoritariamente rechazaron la política de Obama, no tanto por su contenido, como por sus resultados. Se habría demostrado que todo acercamiento al castrismo, todo intento de reformarlo no tenía en cuenta su esencia dictatorial, antidemocrática y anti estadounidense.

Obama esperaba que su política hacia Castro lograra influir en el régimen y hacerlo caminar hacia la democracia. Hubiera sido un gran triunfo de su política exterior. Sin embargo, el rechazo castrista fue el que derrotó la política de acercamiento de Obama y esto jugo un papel importante en el voto de la Florida a favor de Trump en las elecciones cercanas.

Pero incluso si hubiera ganado la Clinton, ya su equipo de campaña había reconocido que la política de Obama no había funcionado y debería regresarse al endurecimiento.

El gobierno de Trump, como casi todos los gobiernos de EEUU, es esencialmente pragmático. Hemos visto como retira sus tropas de las zonas de conflicto y negocia con rivales históricos como Rusia, Irán o Corea del Norte, con resultados discutibles, pero donde predomina la negociación y la fuerza es usada en forma secundaria y selectiva.

No fue Trump el responsable del distanciamiento, sino el gobierno cubano. El actual Presidente de EEUU fue consecuente con los acontecimientos. De haber triunfado el acercamiento, tanto con Clinton, como con Trump, esa política podría haber tenido una lógica continuidad.

La dictadura castrista está hoy en fase terminal. Muerto el caudillo, el hermano heredero viejo y en el mismo camino, sin un liderazgo respetado capaz de mantener aglutinadas las tendencias, en crisis económica, con claras divisiones internas, con una correlación internacional de fuerzas cada vez menos favorable y una oposición cada vez mayor, tiene pocas opciones de subsistencia si no empieza a realizar cambios concretos, al menos, en su filosofía económica, y se abre sin tapujos al capital, privado y asociado, nacional y extranjero.

La solución de fondo al desastre, a la confrontación y la eliminación del embargo está en el inicio de un proceso de democratización política, que implique liberación de presos políticos, establecimiento de los derechos de expresión, asociación, elección y actividad económica e instauración de un gobierno de transición que debe incluir opositores, capaz de garantizar con ayuda de supervisión internacional la convocatoria a una nueva constituyente democrática que establezca un estado de derecho, con triparticipación de poderes y municipación de los mismos, referendo para las leyes mas importantes y elecciones libres y democráticas.


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