Actualizado: 16/09/2019 12:05
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Noticias de Santiago vía USA

Las protestas estudiantiles no han sido sofocadas, sino aplazadas, como sucedió en la Praga de 1968.

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Se habla hoy en La Habana de la famosa revuelta estudiantil que tuviera lugar en Santiago de Cuba días atrás, cuando cientos de estudiantes de la Universidad de Oriente se pusieron en pie de jaque e hicieron temblar a las autoridades.

Sin embargo, dicho levantamiento estudiantil, que para el habanero es nuevo, es casi seguro ya viejo para el ciudadano del resto del planeta, de modo que no tendré el mal gusto de contárselo, mucho más cuando al respecto él lo sabe o ha tenido la oportunidad de saberlo todo, y yo, en cambio, sólo tengo ideas vagas. Digo, si es que ocurrió, si los sucesos de Santiago de Cuba fueran ciertos.

Pues en La Habana las opiniones están divididas.

Para algunos, que la prensa de la Isla no haya dicho al respecto ni una palabra prueba que esos sucesos nunca sucedieron, que estamos ante una nueva fantasía de la "prensa enemiga". Para otros, en cambio (los más), que aquí la prensa no los haya comentado es la confirmación de que sí sucedieron, de que son hechos reales, sucesos verdaderos.

Una tercera corriente los acepta como reales, pero estima exagerada la magnitud que les dan las noticias que desde Afuera han estado filtrándose, y exagerados, por tanto, los pronósticos que la gente en la calle ha venido haciendo; aunque admite que si bien el levantamiento fue dado por sofocado, sería una locura del gobierno darlo por terminado y, mucha más locura, si en vez de aprovechar la advertencia, el anuncio, el mensaje que esa enérgica protesta significa y, en consecuencia, emprender de inmediato un ciclo de reformas aceleradas que satisfagan las ansias nacionales, se dedicara a cacerías y represalias.

Alianza duradera impensable

Se habla del misterio de las cenizas, donde el aire al batir suele reavivar de pronto carbones que nadie hubiera creído encendidos y algunos recuerdan el aplazamiento (sólo el aplazamiento) que en la Praga del 68 significó la entrada repentina de los tanques soviéticos. Son los que ven en el levantamiento universitario de Santiago de Cuba un primito, y quién sabe si hasta un hermano de padre y madre del Maleconazo del 5 de agosto de 1994.

Se mencionan los vasos comunicantes que suele haber entre las generaciones y sus respectivas instituciones, además del incentivo de los precedentes, el inevitable contagio a que estos dan lugar. Detrás del asalto del cuartel Moncada, comentan, vino el del Palacio Presidencial.

Estudiando más de cerca este levantamiento, hasta concluir que es un asunto sin terminar, sostienen que una alianza duradera entre estudiantado y gobierno es impensable. Si la misma existió en Cuba (hasta ahora, que al fin nos dejó ver el estudiantado su rostro verdadero, el rostro que no mostraba la televisión), ello se debió a una circunstancia muy peculiar.

Fueron en general los jóvenes quienes en 1959 tomaron el poder. Unos eran estudiantes todavía y otros iban a serlo mientras gobernaban, pues hasta entonces habían sido campesinos, carpinteros, albañiles, limpiabotas. La amenaza constante de invasión extranjera y el sueño de crear un Edén haría que se les unieran nuevas promociones.

Pero después pasó el tiempo. Nada, la eterna lucha entre lo viejo y lo nuevo.

Dos culturas que al fin tenían que enfrentarse. Los gobernantes de los tiempos del bolero y los jóvenes que nacieron bailando el reggaetón. Además, quienes aquí y en todas partes ya desde la adolescencia someten a sus padres a severas críticas, cómo no habrían de criticar a un gobierno en cuya elección, después de todo, no han participado. Por razones de edad, es cierto, pero elección en la que ellos no participaron.

Hasta aquí, resumido, lo que sobre ese levantamiento (si lo hubo) he oído decir. Levantamiento que tal vez no ha sido sofocado, sino aplazado, pospuesto, como sucedió en 1968 en el entonces país de los checos.


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