Actualizado: 22/06/2018 17:44
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Moncada, Raúl, Historia

Raúl Castro, Eusebio Leal y el Moncada

Sobre los hechos históricos y la guataquería historiográfica

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La reedición del libro Raúl Castro y Nuestra América. 86 discursos, intervenciones y declaraciones (Ocean Sur, 2017 / Editorial Capital San Luis, 2018), del coronel y doctor Abel González Santamaría, se presentó en la XXVII Feria Internacional del Libro de La Habana por el Historiador de la Ciudad y autor del prólogo, Dr. Eusebio Leal, quien disertó sobre la personalidad del general y presidente Raúl Castro. Por sus pifias historiográficas, este pasaje sería digno de atención:

“El único que alcanzó su objetivo en el Moncada fue Raúl. Esa es la verdad. Fue el único que pudo cumplir la misión: desarmar, aprisionar, apoderarse del lugar donde debía estar. Y no le acompañó la fatalidad del destino de los que atacaron la posta número 1, ni pudo darse cuenta de la orden oportuna y perentoria de retirada, y tuvo que salir de allí como pudo, ante las vacilaciones de un compañero, introducirse en el dédalo de Santiago —la ciudad que conocía porque iban a Santiago, y allí habían ido de niños, al recinto del Colegio de Dolores y a las casas de amigos— y finalmente, retenido en un cuartel, reconocido por un guardia, que le pregunta: ‘Tú eres el hijo de Ángel Castro’. Y ante esa revelación, salva la vida, y después vemos la hermosa fotografía en el presidio en Puerto Boniato, donde aparece un joven desafiante, rodeado de sus compañeros…”.

Para narrar peripecias del ataque al Moncada hay que atenerse a las guías historiográficas brindadas por historiadores serios como el Dr. Antonio Rafael de la Cova [1].

Misión

Raúl no alcanzó su objetivo ni pudo cumplir su misión en el Moncada, que no se reducía a “desarmar, aprisionar, apoderarse del lugar”. Junto con Mario Dalmau, Ángel Sánchez, José Martínez y Abelardo García, Raúl formó parte del grupo al mando de Léster Rodríguez, que tenía la misión y el objetivo de ocupar el Palacio de Justicia para disparar contra los soldados que salieran de las barracas al patio trasero del cuartel. Así, estos últimos caerían en fuego cruzado, ya que el grupo al mando de Abel Santamaría tenía igual misión tras apoderarse del Hospital Civil. Nada pudieron alcanzar ni cumplir los asaltantes del Palacio de Justicia, pues se toparon con que el muro de contención de la azotea era tan alto que no podían disparar sin exponerse demasiado al fuego de riposta [2].

Al ser capturado Raúl, su prueba de parafina dio negativa, esto es: que no disparó un tiro [3]. Otro u otros habrían bajado al tercer piso y disparado por las ventanas, ya que una ametralladora calibre 50 se emplazó de corre-corre en el techo Club de Oficiales del Moncada y abrió fuego contra el Palacio de Justicia. El policía Genaro Quintana, quien junto a otros seis prisioneros estaba tendido sobre el piso de la azotea, soltó entonces que toda resistencia era inútil y Rodríguez ordenó retirada.

Por ningún lado viene al cuento que Raúl “ni pudo darse cuenta de la orden oportuna y perentoria de retirada”. Si el Dr. Leal se refiere a la orden que Fidel Castro dio a gritos frente a la Posta 3 a la media hora del combate —que debía “darse dentro del cuartel y se produce fuera del cuartel” [4]— nadie en el Palacio de Justicia ni en el Hospital Civil podía darse cuenta, ya que el plan de ataque no contempló valerse de correos para transmitir órdenes a esos puntos.

Aparte de que “la fatalidad del destino” nada tiene que ver con Posta 1, pues nadie atacó por allí, no hubo vacilación, sino contratiempo, al salir el grupo de asaltantes del Palacio de Justicia [5]. Rodríguez subió a un ómnibus y marchó a casa de sus padres, Raúl enrumbó a pie hacia el norte siguiendo la línea de ferrocarril y los demás espantaron la mula en el mismo carro en que habían venido de la granjita Siboney: el Chevrolet 1948 de Dalmau.

Excurso sobre la guataquería historiográfica

Al tergiversar la misión y falsear el objetivo, el Dr. Leal empina a Raúl Castro como “el único” no sólo por encima del jefe del grupo, borrado de la historia, sino también de Abel Santamaría, quien sí consiguió que sus trece francotiradores —apostados en el fondo del Hospital Civil— sostuvieran el fuego contra el cuartel hasta que se dieron cuenta que sólo ellos combatían.

Al costo de sólo cuatro heridos, este grupo causó al menos 4 muertos y 6 heridos en el bando enemigo. A la postre todos serían capturados y asesinados, excepto las dos mujeres (Yeyé y Melba) y Ramón Pez, quien salvó gracias a un paciente que se dignó a encubrirlo como nieto de visita en el hospital. Por el contrario, los seis asaltantes del Palacio de Justicia fueron los primeros en dispersarse por su cuenta y todos salvaron el pellejo. Sólo Raúl encajó condena.

La guataquería historiográfica no es cosa de bandería política. En su versión descuidada del ataque al Moncada (Historia mínima de la revolución cubana, Colegio de México/Turner, 2015), el Dr. Rafael Rojas borró también a Léster Rodríguez de la historia con el relato de que Fidel dio a Abel Santamaría la orden de tomar el Hospital Civil y ordenó también “a su hermano, Raúl Castro, que se apoderara del Palacio de Justicia”. Así quedaron equiparados Abel y Raúl, aunque aquel era jefe del grupo de acción y Raúl —como precisa el propio Fidel— “iba como combatiente de fila” [6]. Para justificar su guatacazo a Raúl, el Dr. Rojas se apeó con este embaraje pueril: “Raúl Castro participó en la toma del Palacio de Justicia, por lo que la orden de Castro también iba dirigida a él”.

Revelación

Siguiendo la línea del ferrocarril, Raúl anduvo hasta El Cristo, pasó la noche en un cañaveral y por la mañana compró pan y agua en Dos Caminos antes de ser apresado por una patrulla y conducido al puesto de la Guardia Rural en San Luis. Aquí fue interrogado por el teniente Vicente Camps Ruiz. Alegó ser el campesino Ramón González, hermano del líder del partido batistiano en Marcané, y venir de los carnavales de Santiago de Cuba, pero se tornó sospechoso por regresar a pie y no tener identificación. Camps Ruiz ordenó a Raúl desvestirse para ver si tenía alguna herida o marcas de culata de fusil en los hombros. Así notó que no era del campo, sino de la ciudad, porque usaba calzoncillos atléticos. Tras verificar por teléfono que el detenido mentía, Camps Ruiz encaró a Raúl, quien reveló su identidad.

El propio Camps Ruiz testimonia en contra del Dr. Leal no haber replicado: “Tú eres el hijo de Ángel Castro”, sino que “el apellido me sonó y le pregunté si era familia de Fidel Castro, y me dijo: ‘Sí, yo soy su hermano’. Entonces, ¿tú eres uno de los que atacó el cuartel Moncada? Me confesó su participación y que a él lo habían mandado al Palacio de Justicia con unos más, y que cuando ellos sintieron la ametralladora tirando para allá, dejó las armas, se quitó la ropa amarilla [uniforme militar] de arriba de la ropa de él y se fue” [7].

La versión de oficiales del ejército de Batista estriba en que Raúl no salvó la vida por ser el hijo de Ángel Castro, sino más bien por no serlo. Aunque circula por mentideros que el padre biológico de Raúl era el militar batistiano Felipe “El Chino” Mirabal, el teniente Antonio Ochoa atribuyó la paternidad al capitán Narciso Campos Pontigo, quien estuvo destacado en Marcané —cerca de Birán— junto con Mirabal alrededor de 1930. Así mismo el teniente Carlos Lazo, quien guardó prisión con ambos a principios de 1959 en Santiago de Cuba, asevera que MIrabal dejó claro que el padre de Raúl no era él, sino Campos Pontigo. Mirabal fue condenado a muerte, el 17 de septiembre de 1959, pero vino a morir de cáncer el 4 de enero de 1984 en la prisión Combinado del Este. Campos Pontigo fue sacado enseguida de la cárcel en Santiago por tres efectivos del ejército de Castro. Los demás reos pensaron que iban a fusilarlo, pero se enterarían por los periódicos que se había asilado en la embajada brasileña en La Habana.

Campos Pontigo falleció hacia abril de 1970 en el exilio. Al sobrevenir el ataque al Moncada era jefe del Escuadrón 16 de la Guardia Rural en Palma Soriano. En vez de trasladar a Raúl el mismo día de su captura —lunes 27 de julio de 1953— al cuartel Moncada, donde ninguna invocación de ningún Ángel hubiera evitado su ejecución, Camps Ruiz esperó al día siguiente para enviarlo al cuartel de Palma Soriano, donde permaneció tres días antes de ser transferido al vivac de Santiago de Cuba. Aquí, y no en el presidio de Puerto Boniato, se tomó “la hermosa fotografía [del] joven desafiante”.

Coda

Al levantar un tinglado de elogio se corre el peligro de cambiar los datos y se viene abajo toda la armazón histórica.

Nota

[1] Véase su libro The Moncada Attack (Universidad de Carolina del Sur, 2007).

[2] Léster Rodríguez cometió el error seminal de no revisar la azotea durante su exploración previa del Palacio de Justicia unos días antes de la acción.

[3] En el juicio del Moncada, Raúl declaró: “Sí, disparé, derribé a tiros la puerta de la azotea de este mismo Palacio de Justicia”. Otra versión refiere que fue a golpes con el cabo de una pistola.

[4] Biografía a dos voces, Debate, 2006, 140.

[5] La versión del propio Fidel Castro reza: “El jefe baja con su patrullita, en la cual estaba Raúl. A la salida hay un sargento con varios hombres que los conmina a rendirse. El jefe del grupo entrega las armas y Raúl, que era soldado de fila, y los demás también las entregan; pero es en ese instante cuando Raúl salva a esta gente y se salva él. Actuó rápido, con mucha velocidad: ve que el sargento aquel anda con una pistola, temblando, entonces le arranca la pistola y hace prisioneros a los que los tenían prisioneros a ellos; y después se retiran”. Cf.: Biografía a dos voces, Debate, 2006, 143.

[6] Ibidem, 135.

[7] Cf.: Entrevista del Dr. De la Cova con Camps Ruiz (Bronx, N.Y., 10 de septiembre de 1974).


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