Actualizado: 03/06/2020 20:08
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VI Congreso del PCC, Cambios

Réplica al artículo “El beneficio de la duda”

Si el Partido Comunista de Cuba llevara a cabo los innumerables cambios necesarios, ya no tendría razón de existir

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El 4 de mayo pasado apareció en estas mismas páginas El beneficio de la duda, un artículo, a mi modo de ver, sumamente cuestionable. El autor del citado texto afirma que, en el recientemente clausurado VI Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC) “Desde el informe de apertura de Raúl Castro, en todos los debates y hasta en la clausura, prevaleció la crítica siempre que se analizó el desempeño del partido en los últimos 52 años”. Yo entiendo que la crítica valedera es la que llega —si bien con respeto— del contrincante, no del partido mismo. De modo que en Cuba no existe la crítica. Asimismo, afirma el articulista que “la necesidad de culpar a alguien (de la situación que vive Cuba actualmente) en este momento no es un tema crucial”. Para mí sí es crucial, yo culpo a Fidel Castro y su hermano de destruir a Cuba, en todos los órdenes, durante 52 años. Los culpo que hoy más de dos millones de cubanos estén dispersos por el mundo, sufriendo el exilio. Los culpo de tantas muertes de inocentes, de compatriotas talentosos, de hombres humildes y sinceros que fueron traicionados por el tirano.

No creo, como señala el articulista, que la “generación histórica” tenga una “buena disposición a caminar hacia delante con un diseño económico y social muy diferente”. Para mí la “generación histórica” no es más que una burguesía comunista que desprecia a la población; que solo busca mantenerse en el poder; que ha explotado los mismos argumentos a lo largo de más de medio siglo; y que, como lo ha hecho en toda su “historia”, no dudará en encarcelar y matar de nuevo.

Con una euforia matemática, en el artículo que nos ocupa se afirma que “de los 291 Lineamientos originales, 16 quedaron integrados en otros, 94 se mantuvieron íntegramente, se modificaron 181 y se incorporaron otros 36, para reunir un total de 311, lo que supone que el 68 % de estos lineamientos fue reformulado, partiendo de las críticas y sugerencias de decenas de miles de reuniones en las que casi 9 millones de personas expresaron libremente, y sin rodeos, cómo deseaban que fuera el futuro de su país a corto plazo (los próximos cinco años): una economía socialista en la que las relaciones de mercado, la propiedad privada, los pequeños negocios, las cooperativas privadas, y las inversiones extranjeras conformarán un nuevo modelo económico y social.”

No sé a otros, pero a mí las estadísticas partidistas no me importan. No creo en ellas. Ni creo que la dictadura que asuela a la Isla vaya a establecer cambios que minen la base del dogma que la mantiene en el poder. Y mucho menos acepto “que casi 9 millones de personas expresaron libremente, y sin rodeos, cómo deseaban que fuera el futuro de su país a corto plazo”. Opino que esto último, además, no lo cree ni siquiera la gerontocracia que desgobierna a Cuba.

“Paralelamente, el partido —al tiempo que se desvincula para siempre de cualquier obstrucción e intromisión en la administración del Gobierno— deberá tratar los innumerables cambios necesarios para redefinir su vida pública e interna (métodos, estilo de trabajo, estatutos), incluyendo su respeto hacia la diversidad espiritual del pueblo cubano, y continuar eliminando todo tipo de prejuicio respecto a las creencias religiosas, algo que —como subrayó el presidente Raúl Castro— reforzará la unidad de la nación”, se afirma igualmente en el texto que replicamos. Si el PCC llevara a cabo las transformaciones que aquí se citan, ya no tendría —el PCC— razón de ser. Y creo válida una aclaración, o al menos mi aclaración: Raúl Castro no es un “presidente”, es un dictador heredero.

Sostiene el autor de “El beneficio de la duda” que “el hecho cierto es que Cuba está cambiando; que en cinco años —si todos estos cambios son ejecutados— tendremos un país totalmente diferente de lo que es hoy, con una multitud de realidades que enfrentar”. Ya dije antes que no creo que se instauren “todos estos cambios”. Pero si así fuera, pedirle “cinco años” más al sufrido pueblo isleño me parece algo realmente cruel.

“Ningún análisis serio puede negarles (a la tiranía castrista) el beneficio de la duda”, concluye el artículo referido. Mi análisis no es serio: yo se lo niego. Y le niego ese beneficio, también, al artículo mismo.


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